Justo en el momento anterior a entrar en la cabaña, eché un vistazo por encima
de mi hombro y ví a Ílgon mirarme con cara de preocupación. Giré la cabeza, miré
adelante, y decidí entrar.
Según se entraba en la cabaña a mano izquierda, había un interruptor -simón,
modelo EV-456-, que ponía en un cartel blanco con letras rojas: "NO
TOCAR".
Pulsé, y sonó un timbre.
-'¡Ding dong!'.
Apareció una doncella, ¡no!, una ninfa, ¡no! una elfa, ¡no! una...bueno se me
entiende. Pues apareció. Se movía casi sin mover los pies, con unos pasos
pequeñitos que hacía que pareciese que levitaba 5 centímetros por encima del
suelo.
-'¡Hola!', dije yo con muchas ganas de hacer amigos.
-'¿Quién te ha dejado pasar?', dijo la doncella con tono de sargento de
infantería y una voz ronca de fumar tres paquetes de "peninsulares"
al día.
A mí se me vinieron las ganas de chivarme, y decir que Ílgon me había empujado a
entrar y tal...al más puro estilo Ángel Perales, pero decidí inflar pecho.
-'He entrado aquí por mi voluntad, en busca del conocimiento pleno'. Dije,
mientras me empezaba a arrepentir de hacer el macarra.
-'Pues has venido a buen sitio, pero supongo que sabes lo que te puede pasar
aquí, ¿no?', dijo la mujer, dejándome levemente alarmado.
-'Pueeeees, esto, yo...bueno, Ílgon me dijo que no debería haber entrado
aquí...y eso', dije yo, con esa cara que pongo de turista despistado cuando me
cuelo en algún sitio...
-'Me llamo Mitgi-Funnili', dijo la ninfa.
-'Vamos si quieres saber todo lo que hay que saber sobre ciclismo, no hay tiempo
que perder'- acabó diciendo, mientras se giraba sobre sus pies de cristal y
empezaba a avanzar.
Mientras comenzábamos a andar por un pasillo iluminado con hachones, Mitgi me
contó que entrar en el oráculo tenía sus riesgos y renuncias. La primera es que
nunca más volvería a montar en bici como lo había hecho hasta ahora. Eso me hizo
pensar que al salir del oráculo podría tener las piernas de Lejarreta...o algo
mejor, si cabe. Lo que me dejó preocupado fue la segunda de las renuncias,
Dijo Mitgi:
-'Si entras a mirar por el ojo del oráculo, lo sabrás todo. Se calmará tu sed
continua de saber'.
No entiendo porqué en un momento tan trascendental para mi vida, se me vino a la
cabeza que por fin sabría radiar una rueda decentemente.
Mitgi continuó:
-'La más grave y a la vez más honrosa de las renuncias, es que debes quedarte
toda la eternidad al servicio del oráculo, como monje presbítero'.
Me paré en seco. Mitgi siguió un poco con su caminar de hada por el pasillo y me
mostró una habitación donde podría ver el ojo del oráculo.
-'Sólo tienes que mirar por él, y tu vida ciclista cambiará para siempre', me
dijo con su voz de Gloria Fuertes.
Empecé a caminar hacia la habitación, de la que salía un resplandor que me
ponía los pelos de las cejas de punta. Podía ver cómo el suelo era de una
extraña tierra compactada que era lo que me daba ese caminar al más puro estilo
de Chiquito de la Calzada. Bueno, también puede ser que me estuviera haciendo un
poco de caquita en el abanderado con la descabellada idea de hacerme monje de
por vida.
Me di la vuelta para mirar a Mitgi.
-'¿Y no hay un 2x1, una hora feliz, o algo así, en esto del oráculo?', le dije.
'No sé, ¿una oferta de lanzamiento?'.
Mitgi giró la cabeza negándome toda opción que no pasara por quedar allí para
siempre.
Eché un poco la cabeza por la habitación a ver qué era lo que se podía ver, y lo
que ví me dejó helado. Una interminable hilera de monjes vestidos con un hábito
de corte franciscano, pero con los colores del Aqua Sappone y diseñado por
Valentino.
Los monjes estaban situados en dos filas para hacerme un pasillo que conducía a
una luz que llegaba desde el fondo de la estancia.
El monje de la primera fila de la derecha, me dijo:
-'Me llamo Jhel-Remic, soy el monje más antiguo de este altar. Estoy aquí para
indicarte lo que te va a pasar por hacer aceptado entrar al oráculo.
-'¡¡Un momento, un momento, un momento!!', Dije yo. 'Yo no he firmado nada. No
me vengas con coñas marineras'.
El monje levantó la vista, y -aunque medía casi dos metros-, dejó entrever una
barba blanca bien cuidada y unos ojos azules y unas arrugas en la cara que
adivinaban que había sido un mountainbikero. Y lo más curioso es que su cara se
me hacía conocida.
El monje que estaba al lado, se acercó, rompiendo el pasillo que me hacían
diciéndome que se llamaba Themis, el de su lado se acercó también y me dijo que
se llamaba Ziun-Rutlot. Los de la otra fila también se acercaron diciéndome que
se llamaban Hotmadi, Añika-Nojittori y otros nombres que no me acuerdo ya. Entre
todos me rodearon y comenzaron a hablar de una forma coral.
Me contaron que nunca nadie que hubiera llegado hasta allí se había vuelto
atrás, ya que el ansia de saber era más grande que las renuncias que hay que
realizar. También me dijeron que valía la pena mirar por el oráculo y verlo todo
para saberlo todo...pero sobre mi cabeza seguía dando vueltas la idea de no
volver jamás a casa.
¿Qué hacer? ¡¡Menudo dilema!! Por un lado tengo el conocimiento absoluto a
cambio de quedarme allí como monje y por otro el volver a casa sin saber si
quiera si Armstrong va a ganar el Tour o no.
No tenía mucho tiempo para pensar, y -aunque los amiguetes monjes parecían
bastante simpáticos y gentiles, no me fiaría yo un pelo de su actuación en caso
de que decidiera tomar las de Villadiego.
Decidí adoptar una solución intermedia. Sin que se enteraran echaría un ojo al
oráculo y en un despiste me saldría de la cabaña.
-'Vale. Acepto ser monje para devotar al oráculo', dije yo mientras me jactaba
interiormente de mi maldad digna de "tiñoso", el enano de los malos de
"Érase una vez el hombre", como bien sabe César Patiño.
Jhel me acompañó a una cámara donde me vistieron rápidamente con un hábito como
el suyo, mientras los compañeros preparaban la ceremonia de introducción del
novicio.
Me colocaron en el centro de la estancia y comenzaron a entonar un profundo
canto que resonaba por todas las paredes de la cueva donde estábamos.
-'Hoy haremos el sacrificio, y mañana verás el oráculo', dijo Hotmadi con voz
serena.
-'Eeeeeeeestooooo, verás', le interrumpí yo. 'Es que mañana me viene fatal.
Tengo vez en el estilista para quitar los pelos del pecho. ¿No podría ser hoy
mismo?'
-'No', dijo Hotmadi con voz profunda, grave y llena de solemnidad.
A mí ya no me quedaban ganas de saber cual era el sacrificio del que hablaban,
así que decidí pasar al ataque.
- '¡¡Mirad, mirad un burro volando!!', dije yo apuntando a la esquina opuesta de
la habitación del oráculo.
Mientras todos giraban la cabeza, me acerqué al oráculo y eché un ojo. Fueron 3
décimas de segundo y salí corriendo de allí. En ese intervalo me dio tiempo a
ver un montón de cosas que iba ordenando en mi memoria mientras corría por el
pasillo de salida como un condenado. Me perseguían los jodidos monjes y el
pasillo parecía no tener fin.
¿Qué ví? Ví la Sierra de Guadarrama hecha parque Nacional, ví la primera
concentración internacional de Amigos del Ciclismo coincidiendo con el Festibike
'03 -si alguien quiere más detalles, que esté atento y no se lo pierda ni un
mensaje de la lista de correo-, ví el fracaso del tubeless y el éxito de Rotor, el
ciclismo profesional rodeado de EPO y dinero, ví la ABRIDA reconvertida a un
grupo ecologista, y... ¡¡Dioooos, cómo corren estos tíos!!
Seguí pasillo tras pasillo con la impresión de estar dando vueltas a la misma
parte de la cueva, pero sin llegar a ningún sitio en concreto.
Cuando ya estaba un poco desesperadito y sofocado -no estoy muy habituado a
correr- al fin ví la luz del día. Corrí todo lo que me daban las piernas y al
fondo ví a... ¡¡¡Mitgi!!! Con los brazos peludos como el legionario
"Grabié" me esperaba para darme 'lo mío'.
Sólo tenía tres opciones. Intentar una finta de cadera, hacer un bunny hop pero
sin bici y pasarla por encima o bien tirarme en plancha y ver qué pasaba.
Corría todo lo que podía, así que no tenía mucho tiempo para pensar. Al final
como siempre, la indecisión conduce al desastre y no me dio tiempo a pensar
nada, así que la arrollé, la pisoteé, la atropellé. Aprovechando que su
cuerpecito no era mucha cosa, se llevó un buen galleto permitiéndome salir de la
cabaña volviendo a ver a Ílgon.
Me abracé a él como si hubiera visto al mesías.
-'¡¡Lo he visto. He visto el oráculo un rato!!', le dije.
-'Me alegro mucho por ti', me dijo Ílgon. 'Pero te perseguirán, te perseguirán
continuamente los monjes'.
-'Ahí has hablado como un rey!!', le dije. Ya se había terminado mi capacidad de
asombro por ese día. La verdad es que ya tenía un poco de hambre y no sabía cómo
iba a salir de allí. Aquella gente parecía que no comía nunca, pero tenía la
impresión que lo de las cabañas me había llevado su tiempo -no podría precisar
cuánto- pero la cerveza en el bar de Navarro me había abierto el apetito.
Ílgon me dijo: -'Sólo tienes que abrir los ojos para volver a casa'.
Yo le dije que ya valía que coñas marineras y que me teletransportara de una vez
al mundo de los vivos, que se me estaba haciendo tarde, que había dejado un
hueso de jamón en la olla express, para hacer unas croquetas, y se me iba a
pasar. Se me acercó y me dijo:
-'Te aseguro que lo único que tienes que hacer para salir de aquí es abrir los
ojos'.
Se acercó todavía más.
-¡Abre los ojos!, ¡abre los ojos!, ¡abre los ojos!', me dijo.
Con los ojos muy muy abiertos, empecé a tener la impresión que no los tenía
abiertos realmente.
Con un misterio como el que me venía acompañando desde que me levanté de la
cama, abrí levemente un ojo. Así como lo abría y con la vista aún borrosa,
advertí el rostro de mi mujer que me decía:
-'¡Abre los ojos!, ¡abre los ojos!'.
Abrí los dos ojos. Como platos, pero de duralex...
Me encontraba en el suelo de la cocina de mi casa con mi mujer a un lado y con
un señor de azul -que sospecho que era un médico de urgencias- que me dijeron
que me dí un buen golpe con una puerta de la alacena de la cocina al ir a buscar
la taza del desayuno, y al caerme para atrás me dí un estacazo con el pico de la
puerta del microondas -¡¡siempre digo que se cierre esa puerta, que un día va a
haber un disgusto...!!- quedando un buen rato inconsciente.
-'¿Inconsciente?' dije yo todavía un poco confuso y con un gran dolor de azotea.
-'No tenéis ni idea de lo que es la consciencia...'