Amigosdelciclismo.com. Todo el ciclismo a un click
Encuentra aquí lo que buscas:
Amigosdelciclismo.com tu página de inicioTu página de inicio Entra y participa en nuestro foro FORO Suscríbete a nuestra lista de correoLista de correo Suscríbete a nuestro boletín semanal gratuitoBoletín Su publicidad en Amigosdelciclismo.comPublicidad

Portada

Noticias

Artículos
El tiempo
Marchas
Material y bicicletas
Mecánica
Monográficos
Rutas y viajes

Carta abierta
Contactos
Mercadillo
Opina!

Perfils
DataBici
Tu ropa ciclista


[Garantía de confianza]




¡Recibe nuestro boletín!



    Amigosdelciclismo.com > Artículos > Relatos > La alfombra blanca

El dulce pedaleo en la alfombra blanca

Imagen Como cada día, salí esta mañana enroscado en mi bufanda y calzándome los guantes dispuesto a coger mi bicicleta para ir a la estación de tren de Azuqueca. Es un viaje de ocho minutos (2,5 kms.), de noche, pero despejadísimo de tráfico, por calles tranquilas y llanas, exceptuando una sola bajada. Suelo salir con tiempo suficiente, para tomármelo sin prisas, pedaleando suavemente cuando los músculos están aún desesperezándose.

Cuando abrí la puerta, justo en ese momento, un copo de nieve que se soltó del tejado cayó frente a mí, y tras él, la visión de la parte delantera de mi jardín, totalmente inundada por la nieve. No había visto tanta nieve junta desde aquella excursión de Pedalibre por el Puerto de la Quesera, cerca de Majaelrayo.

Me entró una mezcla de alegría por tanta belleza y desasosiego por el miedo a llegar tarde a coger el tren (salen cada quince minutos, y si pierdo el de las 6,55, llego tarde al trabajo). Lo primero que pensé fue en ponerme la capa de lluvia, pues estaba nevando todavía, suave, pero nevando. Pero me dije que no, que la capa me quita algo de visibilidad y yo quería verlo todo, todo tan diferente, como si fuera un camino nuevo, intuyendo por donde debo ir. Cogí mi bicicleta, que estaba debajo del techado, y la llevé a la calle. Allí se me llenó el pecho de una tremenda ilusión. La calle estaba totalmente cubierta de algo más de cinco centímetros de nieve, y la única huella que había era la de mi vecino que también va en bici y que sale quince minutos antes que yo, pero incluso ésa se estaba borrando, debido a la nieve que caía encima.

Estaba deseando lanzarme a pisar la nieve con las ruedas de mi bicicleta, así que la lancé hacia adelante y comencé a pedalear.

Oía el ahogado sonido del contacto de la rueda con la nieve, como pequeños crujidos y, al mismo tiempo, un trasfondo que se asemeja a un susurro. Comencé a hacer eses por el camino.

Miré para atrás: la huella de la bicicleta había dejado una bonita estela que zigzagueaba de un lado a otro de la calle. Me imaginaba las personas que pasaran al cabo de un rato por ahí y vieran esas huellas... se iban a preguntar muchas cosas ;-)

Por la vereda de Vallehermoso me puse a gritar de alegría, seguro de que no me oiría nadie.

Más adelante, una muchacha iba andando en la misma dirección que yo, oyó el sonido de mi bicicleta y se apartó. Me miró un poco sorprendida. Mientras me sonreía, me saludó con la mano, sintiendo que algo nos unía, que éramos dos afortunados compartiendo el mismo momento mágico. Yo le dediqué la más enorme de mis sonrisas.

La nieve seguía cayendo, y el cristal de las gafas se me iba llenando de nieve que me impedía ver, por lo que tenía que hacer con un dedo el gesto de un limpiaparabrisas.

En la cuesta abajo de la calle de la Noguera tocaba ir muy despacio, porque la nieve y los frenazos no son muy buenos amigos.

Al llegar a la estación decidí que no iba a aparcar la bicicleta en el mismo sitio de siempre, fuera, en una farola, sino dentro, en la barandilla de unas escaleras en el mismo andén. Según estaba nevando, tenía la sensación de que, si la dejaba fuera, por la tarde quizás no la encontraría, cubierta por la nieve como podría estar.

Pasé el vestíbulo, hacia el andén. La gente estaba allí esperando al tren, huyendo del frío y de la nieve. Todo el mundo se me quedaba mirando muy sorprendidos, algunos algo divertidos, casi todos sonreían. Yo me imaginaba que era por la locura de ir en bici con esta nieve. La gente se apartaba y me hacían un pasillo. Al llegar a la puerta, y antes de abrirla para salir fuera, me vi reflejado: Era todo un número, parecía el hombre de las nieves. La ropa, los guantes, el pelo, la bufanda, parte de las gafas, todo blanco. Hasta el manillar de la bici, en las partes que no había fijado mis manos, estaban cubiertas por una ligera capa de nieve. Miré hacia atrás, hacia la gente. Todos me miraban y tenían una enorme sonrisa.

Seguro que alguno se apunta a coger la bici en la próxima nevada, aunque sólo sea para recibir tantas sonrisas juntas.

Autor: Juan Merallo.
Fecha de publicación: 23 de febrero de 2005.

 
RECOMENDAMOS
Viajes Mammoth:

[ Garantía de confianza ]


NOTICIAS
Alfonso Pérez de Ciriza, Director de Marketing de Comercial InterCiclos, fallece atropellado

Etapa histórica la décimo séptima del Tour de Francia

Fulcrum renueva su gama de ruedas de carretera para 2009

La Marcha Villa de Mequinenza reunió cicloturistas de Aragón y Cataluña

Carlos Sastre sube posiciones en la décimo sexta etapa del Tour


[Ver más noticias]

MERCADILLO

Vendo cuadro epic marathon s-works

GIANT TCR ONCE TEAM Talla 54 Pre

Cannondale (talla 56) aluminio con

[Entrar]

CONTACTOS


Hola, me gustaría conocer chicos de...

Busco compañero/a para salir por...

Me gustaría conocer qué ciudades son...

¿Quiéres quedar para salir a montar? ¿hacer el Camino de Santiago? ¿preguntar alguna duda?

[Entrar]

MATERIAL Y BICICLETAS


Probamos las ruedas MTB de moda, las mismas que en su primer año de existencia ya han ganado un Campeonato del Mundo conducidas por Julien Absalon.

[Ver reportaje]

MECÁNICA


¿Tu bici no termina de ir fina?¿Te gustaría darle un repaso, pero no sabes como hacerlo? En la sección de Mecánica encontrarás artículos, consejos y trucos para mantener tu bici en perfectas condiciones.

[Entrar]
Su publicidad aquí | Contáctanos | Quiénes somos | Aviso legal
© Copyright 1996-2008, Amigosdelciclismo.com