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Quique de Teverga
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Después de los duros tiempos de la posguerra, las cosas fueron mejorando pero la bici -afortunadamente- no cambió de dueño. Se mantuvo fiel y lo que es más difícil: intacta. Sólo el paso del tiempo le hizo mella, pero Quique se dedicó a cuidarla con el máximo cariño hasta tenerla como se encuentra ahora.
Claro que no se trata de una bici de salón, ni mucho menos. En breves fechas, este Asturiano tan especial se subió a ella (tal y como la ves…) y dio pedales hasta culminar la misma etapa que se realizó en la Vuelta a Gijón allá por el año 27, hace más de 75 años. Y como podéis imaginar, las etapas de las vueltas de antes, eran un poco más "especiales". Comenzaban al amanecer y terminaban con la puesta de sol, y eso es lo mismo que le llevó a Enrique. Una jornada entera, sin asistencia por las duras carreteras del principado. Duro sí, pero la terminó. Eso sí, no sin realizar un esfuerzo titánico que hasta salió en los periódicos.
Como podéis ver, la bici tiene un puñado de refinamientos técnicos que nos llamarán la atención fervorosamente: Primero, un cambio de marchas muy especial, sin palancas ni mandos. Se puede apreciar un piñón reversible (para cambiar de sentido la rueda según el camino sea cuesta arriba o abajo) y algunos refinamientos más para la época, como la horquilla extremadamente doblada, o esos fascinantes tubos rectos en sección y formas.
Desde luego no es una bici para correr. Pero en los tiempos en los que fue creada, era una auténtica devoradora de kilómetros.
Luego tiene una Orbea. Esta máquina es una auténtica joya. Una obra de arte. Él, Enrique, siempre dice que no es suya, que es de un señor de Madrid y que "se la está cuidando", pero los hechos son que la bici habita en su garaje y de vez en cuando se puede dar una vuelta en ella para disfrutar de su belleza incomparable. Esta máquina, -como podéis apreciar en las fotos- tiene un estado de conservación excelente, lo que redunda aún más en su inigualable belleza. El escudo de la marca, atornillado sobre el tubo de la pipa de dirección, los tubos soldados en frío con bellos adornos en las piezas que lo encajan (ver imágenes). Por otro lado, el cambio de marchas, es también un espectáculo en sí mismo, para los que no estén acostumbrados a este tipo de clásicas: Se trata de una cadena con un rudimentario tensor, y una varilla que se transmite desde el puesto de pilotaje.
Esa varilla desvía directamente la cadena hacia uno u otro lado dejándola caer hacia el piñón correspondiente. ¿Sincronización? Eso son temas de hoy; de aquella estaba en la mano del piloto. Mucho hemos mejorado, evidentemente, pero sin ningún género de dudas, esto sigue teniendo su encanto para muchos de nosotros.
Desde luego, Enrique es un tío ciclísticamente afortunado, por muchos motivos. Primero porque dispone de un garaje repleto de maravillas envidiables, segundo porque tiene mucho tiempo para montar en bici, y tercero porque las lesiones le respetan (como podéis adivinar, Quique ya no es un crío) con lo que podemos decir que ¡¡le tenemos envidia!!
Desde Amigosdelciclismo.com le deseamos la mayor felicidad al lado de su familia y sus queridas máquinas. Del mismo modo, queremos agradecerle muy especialmente el tiempo y el esfuerzo que nos ha dedicado para la elaboración de este artículo.
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Amigosdelciclismo.com/JF
Fecha de publicación: Mayo 2005
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