Muchas veces hemos oído a entrenadores y deportistas de alto nivel decir que no pueden correr o meterse en el agua porque son ciclistas (o viceversa) y disminuye su rendimiento muscular. Llega a convertirse en algo prohibido que se deja para ese mes de descanso en invierno en que todo está permitido (comidas copiosas, fiestas, alcohol...).
Recuerdo con agobio mis primeros veranos como joven deportista en los que no me podía ni acercar al agua y me escapaba del sol como si del Conde Drácula se tratase.
Llegó un momento en que se me planteó un dilema. Debía superar las pruebas de acceso a INEF, y claro, debía dejar la bici que tantos sacrificios me había costado, para aprender a nadar y a correr. Sin embargo éstos serían los primeros contactos con el Deporte Combinado. Superada esta etapa, descubrí que me encontraba más ágil y fuerte que nunca, aunque claro, tras un año sin tocar la bicicleta, mi rendimiento había disminuido.
Fue entonces cuando me adentré en el mundo del Triatlón y el Deporte Combinado. Rápidamente me sorprendió el rendimiento que los triatletas alcanzaban en todas y cada una de las disciplinas. No tenían una morfología dominante, ni un origen deportivo claro; pero era evidente que destacarían incluso entre los especialistas de cada disciplina por separado.
Algo similar ocurrió con los miles de aficionados que trasnocharon en la 1ª Jornada de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y descubrieron a esos hombres espigados que sin una técnica depurada y músculos que parecían impedir el desplazamiento, conseguían unos parciales increíbles.
Muchos son los nombres de triatletas que han decidido pasarse al ciclismo profesional porque es donde están los contratos jugosos, como los campeones mundiales Spencer Smith (Linda McArtney) y Jonathan Hall (Festina), o el héroe del ciclismo Lance Amstrong. Igualmente conocemos deportistas que tras haber triunfado en su deporte de origen son capaces de repetir sus hazañas en Triatlón. Allí tenemos a Sheila Taormina esa estadounidense que tras lograr el otro olímpico en Atlanta en natación, la vimos en Sydney salir destacada y saludando del agua. Reconozco que creí se retiraría en cuanto la alcanzasen, pero se pasó todo el segmento ciclista echando abajo a favor de su equipo, todos los intentos de escapada; y no contenta con eso “decidió” acabar con un diploma olímpico en 6ª posición.
Ante estos hechos me rindo a la evidencia y he de admitir que combinar distintas disciplinas deportivas de características aeróbicas, al menos, no tiene por qué ser perjudicial.
Desde el punto de vista estrictamente fisiológico, es incluso muy bueno combinar este tipo de deportes. Está claro que nuestro corazón o nuestros pulmones no saben si vas montado sobre una bici, o estás corriendo la maratón del Sahara, remando, esquiando, patinando, nadando, escalando o montando sobre una silla de ruedas; ellos sólo entienden de demandas fisiológicas como la falta de oxígeno en los músculos o la necesidad de recursos energéticos para producir ATP.
El deporte combinado supone la utilización de todos estos sistemas fisiológicos bajo diversas condiciones e intensidades, lo que supone un magnífico entrenamiento general.
Sin irnos a los niveles de los deportistas olímpicos, y aplicando el deporte combinado a la práctica física para la puesta en forma general, tiene otras ventajas en el entrenamiento diario:
- Supone un entrenamiento variado, puesto que cada día puedes practicar una disciplina completamente diferente.
- Son modalidades deportivas que a un nivel inicial no precisan de un gran desembolso económico.
- Muchas de ellas pueden practicarse tanto en grupo como en solitario
- No necesitan de un nivel de condición física exigente para comenzar
- Puedes adecuar tu entrenamiento según el estado de ánimo, la climatología, el tiempo disponible....
- Son prácticas físicas saludables si se practican de forma adecuada y buenas reguladoras del peso corporal.
Una de las principales ventajas del Deporte Combinado, es que esta versatilidad facilita que el deportista pueda escoger entre una práctica u otra en función del momento. Por ejemplo, el ciclismo en invierno puede ser una tortura, por el frío, lluvia, niebla, la noche más temprana.... Podemos aprovechar para practicar natación o carrera en que el frío no se acusa tanto por la menor velocidad de desplazamiento y la mayor implicación de grupos musculares. Por el contrario, en verano apetece mucho más una salida en bicicleta que pasar calor con el sol. También es cierto que si disponemos de poco tiempo, el atletismo requiere de poca preparación y con menos de una hora de carrera es suficiente.
Como vemos, todos estos deportes tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Sabiendo que podemos practicarlos todos, juntos o por separado, podemos adecuar nuestras salidas deportivas según la situación y el ánimo particular de cada día.
Cuando descubres nuevas posibilidades, llegas a sorprenderte de tus propias posibilidades. Fuera de los deportes institucionalizados, las salidas en BTT o nadar en un lago con luna llena, subir un pico corriendo, esquiar por un bosque o cualquier otra opción que se os pueda ocurrir, será una de vuestras experiencias más gratificantes.
Autor: Daniel Cremades Arroyos, Licenciado en INEF
Fecha de publicación: Octubre de 2002