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Extreme Bardenas 2002

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Nada menos que 1.500 ciclistas participaron el domingo 30 de junio de 2002 en la V Edición de la Extreme Bardenas, una de las marchas populares para bicicleta de montaña más emblemáticas y exigentes del norte peninsular. Esta cita anual se celebra en el marco de un increible lugar conocido como las Bardenas Reales, un maravilloso y original territorio ubicado en el sur de Navarra, muy similar al típico paraje desértico en todos sus sentidos. Con una extensión de 420 kilómetros cuadrados, la comarca está plagada de senderos, pistas, barrancos,... que están esperando a que los aficionados al buen ciclismo de montaña los recorran y disfruten, en un lugar en que la presencia humana es muy escasa.
Esta es la crónica de la edición 2002 de la Marcha que el Club Ciclista Arguedano organiza todos los años bajo el descriptivo nombre de Extreme Bardenas, una prueba "extrema" por la dificultad que supone realizar más de 100 kilómetros por tierras bardeneras, donde el calor puede ser sofocante, y por la preparación física que debe tener cualquier participante; todo ello en el marco del enorme respeto por el entorno que la rodea.
Son las nueve de la mañana en la localidad navarra de Árguedas. Un millar y medio de ciclistas aguardan impacientes en la línea de salida a que la quinta edición de la Extreme Bardenas eche a rodar. La cita es una auténtica fiesta para los bikers del norte peninsular y, cada vez más, para participantes de
lugares remotos como Cataluña, Alicante o Albacete que se han dejado seducir por la fama de la prueba. Cadenas engrasadas, botellines y mochilas rebosantes de agua, dorsales en su sitio y la ilusión desbordada por pedalear un año más por una de las zonas de España más privilegiadas para la práctica el ciclismo de montaña.
Banderazo de salida y paseo por las callejuelas del núcleo urbano. Los vecinos gritan enfervorizados desde las balconadas. Más de 2.000 personas han madrugado en domingo para animar a los bikers. Y es que todo el pueblo está presente: el carnicero, el cura, el alcalde...
El tiempo acompaña: temperatura fresca y el temido sol de justicia, que tradicionalmente domina la carrera, aún no ha hecho su aparición. El paquete se mueve lento y compacto. Predomina la charleta y los emotivos encuentros entre ciclistas de todos los lugares de España.
Tanta tranquilidad provoca la primera montonera cuando aún no se ha completado el primer kilómetro. Un joven cae y arrastra a varios compañeros más. El más perjudicado es un ciclista que pierde su sillín. «En los primeros 25 kilómetros hay que andarse con cuidado, porque te puedes ir al suelo de la cantidad de gente que hay. Es lo peor de una prueba maravillosa», relata Pedro, quien hoy completa su quinta participación.
Tras un giro a la izquierda, el grupo se adentra en pleno terreno salvaje bardenero. «Es muy bonito: un espacio muy abierto, casi lunar, bastante plano. Me gusta», afirma el alicantino José Luis. Este año el terreno está mucho más seco que el pasado. El polvo en suspensión contamina el ambiente y los bikers comienzan a notar su acumulación en la bicicleta y en ojos y fosas nasales. «Es como pedalear por el desierto», apostilla un sorprendido ciclista catalán.
Comienza una pequeña subida a Valdecruz que da paso al primero de los avituallamientos, bien surtido y preparado. Las naranjas y los pastelitos son los reyes del lugar. «Hay que beber y comer mucho para aguantar los 110 kilómetros», explican los organizadores.
La bajada del Barranco de El Val provoca las primeras caídas importantes y también marca las primeras diferencias. El grupo delantero marcha en bloque detrás del coche oficial. Por detrás, los que han venido sólo a terminar comienzan a acumular un considerable retraso. Se va mucho más rápido que en anteriores ediciones y el viento, que hace ahora su aparición, endurece considerablemente la prueba. Es tiempo de buscar refugio en un grupeto o detrás de un fornido ciclista, porque rodar solo, en tierra de nadie, es una temeridad.
La prueba llega a su ecuador. Bajo la imponente estampa de Castildetierra, una formación geológica única en España, los bikers recobran fuerzas con un abundante almuerzo. Aun cuando no han llegado todos, se reanuda la prueba. «Es el momento de la verdad», aseguran los más experimentados. «De aquí en adelante eres tú y tus fuerzas contra el desierto», añaden.
Y es cierto, los kilómetros ya pesan en las piernas y los atletas menos preparados comienzan a sufrir. Pulsómetros que revientan, desarrollos mucho más suaves y corredores que han entrado en barrena jalonan el tortuoso camino hacia la meta. El temido 'hombre del mazo' ha hecho aparición y se ceba con los más novatos. «La carrera es de fondo, larga y hay que saber regular», certifican los veteranos.
La Cuesta de las Yeguas marca el principio del fin. En su cumbre se lanza la carrera, cuyo ritmo se vuelve infernal. Los primeros aprietan los dientes y meten plato grande como caballos desbocados. Por detrás, el polvo provoca nuevas caídas, pues, en ocasiones, no se ve más allá del manillar.
El momento decisivo llega en la subida a la Virgen del Yugo, una cuesta de piedra descarnada. Se trata de una penitencia muy ingrata, una ascensión que engaña: muchos la inician con plato mediano y terminan por tener que bajarse del sillín exhaustos a medio camino de la cima. «Lo mejor es meter el molinillo y no mirar para arriba», recomienda Aitor.
Los porcentajes son considerables, aunque lo que más pesa es la paliza de casi 100 kilómetros que llevan ya los bikers en sus piernas. Para mitigar el sufrimiento, decenas de lugareños animan en las cunetas. «Venga que ya está hecho, que luego es todo para abajo», jalean. Con las energías renovadas por los gritos de ánimo, los ciclistas encaran unos kilómetros de falso llano y por fin una bajada definitiva hasta la meta.
Nervios a flor de piel, al llegar al casco urbano. Aplausos en las calles y una sensación de superación al cruzar la meta: el insignificante ciclista no se ha dejado apabullar por la majestuosidad de la bardena. Arguedas recibe a 1.300 supervivientes. Otros 200 no tuvieron tanta suerte, pero el año que viene gozarán de otra oportunidad para doblegar al desierto en un nuevo desafio. ¿Alguien se atreve?
- Un joven completó la prueba vestido de Superman por una apuesta. Pasó calor y la capa se le enganchó varias veces en la rueda, pero pudo terminar.
- Romper un cable de freno es difícil, pero romper dos, casi imposible. A Mikel, un chico bilbaíno, le pasó en plena bajada y tuvo una espectacular caída, sin consecuencias a Dios gracias.
- Hubo averías mecánicas para todos los gustos: gente que entró en meta con la rueda trasera pinchada en la mano, manillares rotos por la mitad, pedales sueltos, bicicletas sin sillín...
- Grupos de bikers se presentaron en la prueba sin haberse inscrito previamente lo que suscitó el lógico enfado por parte de la organización. Esta situación dio lugar a la reventa de dorsales, que llegaron a alcanzar la nada desdeñable cifra de 50 euros.
Autor: Josu García López
Fotografías: Josu García López y Soles Fernández
Fecha de publicación: julio de 2002
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Probamos las ruedas MTB de moda, las mismas que en su primer año de existencia ya han ganado un Campeonato del Mundo conducidas por Julien Absalon.

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