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Bernardo Ruiz, primer podio español en el Tour
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Por Gerardo Fuster de Carulla.
Mucho se ha escrito en torno a las gestas llevadas a cabo por los ciclistas españoles en el campo internacional. En un día ya lejano se nos abrieron las puertas de la esperanza. Nos remontamos a aquellos años en los cuales unos pocos, a golpes de pedal, nos brindaron un cierto optimismo frente a las vacas flacas de otros tiempos.
En nuestra mente bullen varios nombres que son merecedores de un justo elogio a la hora de redactar estas líneas. El Tour de Francia, por su categoría, es la prueba por excelencia que siempre ha marcado la pauta de los acontecimientos ciclistas. Quisiéramos ante todo centrarnos en ella como eje principal de lo que aquí se escribe. Nos será más asequible el evaluar la figura de este forjador de kilómetros llamado Bernardo Ruiz, cuya semblanza deportiva trataremos de transparentar de manera sucinta en estas páginas.
No quisiéramos entrar en ciertos detalles sobre la carrera deportiva desplegada por Ruiz. Sabemos que en cualquier hemeroteca son localizables múltiples datos acerca de su dilatada carrera como ciclista. Nuestra intención es tratar de hilvanar algo que sirva para complementar su verdadera personalidad. Comentar algo que posiblemente nuestros lectores desconocen. Ruiz Navarrete nació en la histórica población de Orihuela, en el año 1925; en una calle denominada San Francisco, al pie de la Sierra de La Muela, un lugar popular en tierras alicantinas.
El Tour, queramos o no, es la competición que da fama al ciclista. Constituye el trampolín de mayor proyección internacional. No hay camino más loable y a la vez más fructífero. Aunque Bernardo Ruiz ya había conquistado buenos laureles en nuestro país, su verdadero prestigio lo alcanzó en la ronda gala. Fue el punto de partida cara a otras gestas que posteriormente protagonizaron otros varios ciclistas españoles. Fue el que abrió las puertas a nuestro ciclismo, un ciclismo un tanto maltrecho por la poca capacidad económica y la ausencia de patrocinadores. Él fue, en una palabra, el pionero.
Con todo hubo corredores que nos representaron con anterioridad y con dignidad en el Tour, quizá encerrados en un campo más aventurero. Recordamos a un tal Vicente Blanco, oriundo de Bilbao, al que llamaban “el cojo”, que se alineó en París en el año 1910, tras haberse trasladado a la capital francesa montando en bicicleta. Al cabo de tres etapas, enfermo y agotado, se vio obligado a abandonar. José María Javierre, nacido en la población de Jaca y afincado en Francia, había participado en el año anterior. No sabemos si terminó el Tour, pero sí se pudo constatar que fue el primer español que intentó probar fortuna en la ronda gala.
Posteriormente se hicieron notar Jaime Janer, Victorino Otero y Salvador Cardona. Este último, valenciano de la localidad de Alfahuir (Gandía), conseguiría el cuarto lugar absoluto, en 1929, permitiéndose el honor de ganar la etapa Bayona-Luchon, de nada menos 363 kilómetros con un perfil durísimo y bajo unas pésimas condiciones climatológicas.
Cabe también señalar a Vicente Trueba, vencedor del Gran Premio de la Montaña, instaurado oficialmente por vez primera en 1933. Tres años más tarde, Julián Berrendero, conquistó el citado título de la montaña. Merece una mención especial Mariano Cañardo, corredor completo, que concurrió en seis ocasiones en la prueba francesa. Lo más destacado de él fue alcanzar un sexto lugar de la general en 1936.
Tras el paréntesis obligado impuesto por la Segunda Guerra Mundial, el ciclismo español, internacionalmente hablando, no lograba situarse con buen pie. En el Tour del año 1949 concurrieron seis representantes: Berrendero, Capó, Langarica, Rodríguez, Serra y Ruiz. Todos ellos, aunque pusieron buena voluntad, abandonaron. En la temporada siguiente se decidió no participar. Sin embargo, en el año 1951, la Federación Española de Ciclismo presentó un equipo hispano compuesto por siete corredores deseosos todos ellos de resarcirse de las ingratitudes pasadas.
De buenas a primeras destacó Bernardo Ruiz, que había cosechado en tierras nacionales un buen historial, destacando especialmente su victoria absoluta en la Vuelta a España (1948) y sobre todo, con anterioridad, su triunfo inesperado en la Vuelta a Cataluña (1945), a la temprana edad de veinte años. Poseía otras varias victorias, particularmente en la Vuelta a Valencia (1945 y 1946), Campeonato de España de fondo en carretera (1946, 1948 y 1951), Vuelta a Los Puertos (1950 y 1951).
Fue particularmente elocuente su triunfo en la Barcelona-Pamplona (1951), corrida tras moto en dos sectores, con parada y avituallamiento en Zaragoza, bajo un escenario dantesco a causa del viento desencadenado en la zona inhóspita de los Monegros y la dureza natural impuesta por la distancia total de 437 kilómetros. Ignacio Orbaiceta, auténtico navarro y antiguo corredor ciclista, montado en su motocicleta, contribuyó en la sonada victoria del oriolano. Se dio la circunstancia de que en alguno que otro descenso del recorrido aquella artilugio motorizado no daba más de sí. Ruiz se veía obligado a contener su pedaleo en contra de su voluntad. Fuimos nosotros testigos afortunados de aquella heroicidad. Recordamos el ruido monótono y tormentoso de los motores. Era en su conjunto una pesadilla para nuestros oídos.
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Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.
Fecha de publicación: Noviembre de 2006.
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