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      Amigosdelciclismo.com > Artículos > Historia > Bernardo Ruiz > 2/2

Bernardo Ruiz, primer podio español en el Tour

Con todo quisiéramos recalcar la prestación realizada por el oriolano en la edición de la ronda catalana del año 1945, que celebraba sus bodas de plata. Para Ruiz supuso un gran paso hacia la fama. La prueba duró un par de semanas; toda una excepción. Pudo participar gracias a una suscripción popular iniciada en su pueblo y alrededores por parte de unos entusiastas paisanos que tenían confianza en sus facultades físicas. Con 350 pesetas se presentó en Barcelona y el gran éxito llegó. Lo más chocante es de que no tenía equipo en donde encuadrarse. Sebastián Masdeu, el primer vencedor de la Vuelta a Cataluña, en el año 1911, sintió lástima por él y le regaló un par de tubulares “Galindo” para que se sintiera algo más amparado frente a las deterioradas carreteras catalanas que suponían ser un segundo calvario. Halló en el corredor Cipriano Elys, un compañero al término de cada etapa, una ayuda moral.

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Bernardo Ruiz en la décima etapa del Tour de 1951
Bernardo Ruiz debió defenderse por si sólo. No podemos dejar en el tintero el nombre de Miguel Torelló, muy conocido en el campo de las bicicletas, que desde buen principio fue su protector y mentor. Le apoyó abiertamente en todos los sentidos, incluyendo la parte económica y también la alimenticia. A partir de su victoria en la “Volta”, Ruiz fue labrando paulatinamente un lisonjero porvenir.

Un breve inciso para decir que cuando se hablaba de bicicletas en cualquier tertulia de cualquier bar se definía el ciclismo como “el deporte de la alpargata”. ¡Qué tiempos aquellos!. Época de vacas flacas y con poco dinero en los bolsillos. No era fácil el ganarse el pan de la vida pedaleando por aquellas carreteras polvorientas llenas de baches por todas partes. Cuando aparecía el asfalto se recuperaba el ánimo y el aliento.

Bernardo Ruiz nos abrió las esperanzas en la esfera internacional. Primero con motivo del Tour del año 1951, cuando ganó destacado las etapas que finalizaban en Brive y en Aix-les-Bains, cosa un tanto difícil. Como consecuencia de todo aquello aquel fornido ciclista de Orihuela se clasificaría el noveno en la tabla de la clasificación final. Fue un buen presagio a lo que acontecería al año siguiente.

Por vez primera, a Ruiz le cupo el alto honor de ser el primer español en subir al podio, al conquistar un brillante tercer puesto. El vencedor fue el inolvidable ciclista italiano y portentoso campeón, Fausto Coppi, indiscutible ganador con nada menos 28 minutos de ventaja sobre el belga Stan Ockers, que hizo el segundo. Tras Ruiz, situado a 34 minutos, quedaron Bartali, Robic y Magni, en este orden. Dicen las viejas crónicas que aquel Tour fue alucinante; de los que se recuerdan siempre.

Al preguntarle a Bernardo Ruiz cuál consideraba haber sido el mejor y más admirado campeón del pedal de entre los muchos que él se enfrentó, no dudó en afirmarme que por encima de todos colocaba a Fausto Coppi, todo un fenómeno.

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Bernardo Ruiz con Gerardo Fuster, autor del reportaje
Consideramos de interés retroceder al pasado de Bernardo Ruiz, a conocer un poco más acerca de sus inicios. Era el cuarto de cinco hermanos. Su padre le inculcó la honestidad en el trabajo, centrándose pronto en las tareas agrícolas. De joven, muy joven, desarrolló su labor lo mejor que le enseñaron. Por ejemplo, cuidaba de que los ávidos pájaros no comieran las semillas de las plantaciones de pimientos. Las protegía extendiendo cañizos encima de las mismas. Pronto se sintió plenamente identificado con las incomodidades exigidas por el campo. Entre las ensaladas, verduras y frutas andaba su faena. En la modesta empresa en donde empezó a trabajar encontró un tanto por casualidad y abandonada una vieja bicicleta que aprovechó para deambular de un lado a otro y a diario para trasladar las hortalizas de rigor. Pesaba al menos veinte kilos. Era de mérito el pedalear con ella, pero cumplía con su deber sirviendo a sus amos con más celeridad. Cubría algo así como una veintena de kilómetros por jornada. Y así paulatinamente se fue fraguando su fortaleza como ciclista.

Un tal Juan Iborra, que poseía un taller de bicicletas y que le había visto pedalear con entusiasmo subiendo la cuesta de San Miguel que conducía al Seminario, le ofreció para cuando él quisiera una de sus bicicletas. Le aducía que “era más moderna y que eso a la larga le beneficiaría en alguna que otra carrera de la región en la cual concurriera”. Participó en el Circuito de la Ermita de las Angustias de 40 kilómetros. Se presentó equipado: vistiendo pantalón corto, camiseta de futbolista y zapatos de día de fiesta (!). Venció ante la sorpresa de no pocos, ganando como premio 65 pesetas más un pollo. Esto acontecía en el año 1943, con tan sólo dieciocho años.

En una ocasión nos llegó a comentar que su afición por el ciclismo siempre la tuvo; pero que el corría por pura necesidad con el afán de ganar algunos dineros. La época era de penuria económica. Cada cuál “se buscaba la vida” tal como podía.

Digamos que la bicicleta de más categoría se la regaló su hermano mayor, Tomás, cuatro años mayor que él, como consecuencia de unos ahorros que había ido acumulando en concepto de paga como integrante de la División Azul en Rusia. Se sabe que sufrió mil penalidades en plena estepa rusa, llegando incluso a las puertas de Leningrado (antes San Petersburgo). Un buen ejemplo el dado por Tomás que sacrificó una cantidad de dinero para facilitarle las cosas a su hermano Bernardo. La “bici” le costó ochenta y cinco duros (425 pesetas). Tenía una gran confianza en sus posibilidades y no se equivocó. Es muy halagador hoy el recordar este hecho.

Sus primeros y sonados éxitos deportivos se remontan al año 1944. Bernardo Ruiz, con la citada y flamante bicicleta, se sintió con fuerzas para medirse con otros ciclistas militantes incluso fuera de su demarcación. Una leal aventura fue la vivida concretamente en Cartagena, en una carrera organizada por “Educación y Descanso”. En previsión a un posible fracaso se puso en contacto con un paisano suyo, un tal Alcaraz, al que le llamaban comúnmente “El hojalata” dada su habilidad para hacer moldes de todas clases con material de chapa. Le propuso para que fuera a correr con él, dándole a entender que podrían ayudarse mutuamente y como contrapartida plasmar un acuerdo verbal que sería el de repartir a partes iguales las ganancias. Ganó Ruiz, dividiendo sin pestañear la suma total de 300 pesetas bien ganadas. Regresaron a “su” Orihuela en bicicleta y triunfantes; mostrándose con cierto orgullo ante sus gentes.

Participó en la Vuelta a Valencia por etapas, encuadrado en el equipo del “Frente de Juventudes” y representando a Alicante. Se adjudicó no sólo la prueba en cuestión sino también el Gran Premio de la Montaña. Estábamos en el año 1944.

A modo de colofón final, digamos que Bernardo Ruiz decidió retirarse definitivamente en el año 1958 tras haber competido oficialmente durante catorce largas temporadas luchando contra viento y marea. Su vida como ciclista no le fue ni mucho menos fácil. Era un corredor de temperamento fuerte, con una gran fortaleza física y con capacidad para recuperarse de un día para otro con asombrosa rapidez.

Dado que tuvimos la oportunidad de vislumbrar muy de cerca sus heroicas gestas, tenemos ahora un poco la sensación de que nos hubiéramos podido alargar un tanto más adentrándonos en la semblanza de Bernardo Ruiz. Aún así nos sentimos muy compensados por haber escrito los que hemos escrito. Quedan, es verdad, varias anécdotas en el tintero. Sin embargo, con estas líneas nos quedamos reconfortados, porque hemos tratado de situar en justo lugar y al mismo tiempo transmitir la valía desplegada por este corredor que en otros tiempos, repetimos, revitalizó el ciclismo español. Nosotros, sumergidos dentro de la caravana multicolor, pudimos percibir el esplendor desplegado por esta figura deportiva que no olvidamos.

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Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.

Fecha de publicación: Noviembre de 2006.

   
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