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Coppi y Bartali, no siempre fueron rivales
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Por Gerardo Fuster de Carulla.
Hace tiempo que albergábamos el deseo de realizar un artículo sobre la rivalidad que existió en torno a dos ciclistas italianos famosos que acapararon en su momento los mejores elogios por parte de los aficionados a este duro deporte del pedal. Aparte de esta rivalidad que llenó muchas hojas en los periódicos de cariz más bien sensacionalista, lo importante fueron sus hazañas, aquellas encendidas y hasta heroicas gestas que sugestionaron la atención de los principales rotativos deportivos.
Estos protagonistas, es fácil adivinarlo, no fueron otros que Fausto Coppi y Gino Bartali, dominadores casi absolutos por espacio de algo más de una década de la actividad ciclista; hasta bastante más allá del año cincuenta. Fueron dos elegidos de los que no se repiten todos los días y cuyos recuerdos, su protagonismo, no pueden caer en saco roto.
Recordamos al respecto cuando en cierta ocasión le preguntamos a Coppi, al que nos unía una buena amistad, qué había de verdad en lo que se refería a la rivalidad existente con su compatriota Bartali. Su respuesta fue tajante: había rivalidad deportiva, eso sí; pero ni mucho menos con el sensacionalismo presentado por los periodistas, deseosos siempre de llamar la atención con cualquier noticia que se escapara de la normalidad, con el simple propósito de vender más a sus lectores, ávidos de novedades. “De lo escrito con la mitad ya vale, ya es suficiente”, nos manifestó Fausto en su día.
A raíz de aquellos hechos que pertenecen ya al pasado, es nuestra intención exponer en estas líneas algunos acontecimientos que pudimos vivir muy de cerca y que nos transparentaron la verdadera realidad de lo que acontecía en la misma carretera.
Aunque sí hubo rivalidad deportiva, repetimos, no por ello las aguas desbordaron el cauce del río. Pero en donde se vislumbró mejor su buen entendimiento y mutua colaboración fue precisamente en el Tour de Francia, el máximo exponente del deporte ciclista, que se celebraba en aquel entonces bajo la fórmula de equipos nacionales, una vieja variante que en la actualidad en cierta manera notamos en falta.
Hoy día las casas comerciales, que son las que en verdad llevan el soporte económico, tienen un dilatado peso específico en el campo de la competición. Ellas son las que dominan la situación. Los tiempos han cambiado y los caminos se deslizan por otros senderos impuestos por el factor económico. El sentido patriótico, cuando hay dinero, pasa, diríamos, al tercer plano; no tienen apenas importancia las tradiciones o sentimientos internos que uno pueda tener. Se ha de aceptar en cada período lo bueno y lo malo que nos trae; sin que por ello desmerezcamos las excelencias del progreso.
En el Tour del año 1949, los dos campeones suscribieron un pacto de ayuda mutua en aras al buen rendimiento global que exigía el conjunto italiano. Este pacto de palabra, lo que son las cosas, se firmó en el Hotel Martínez, emplazado en la ciudad de Cannes, gracias a la diplomacia desplegada por su director técnico, Alfredo Binda. Al día siguiente se llegaba a Briançon, en el corazón de los Alpes, tras cruzar las cimas de los puertos de Allos, Vars e Izoard. Los dos colosos del pedal cruzaron destacados la línea de meta. Coppi, siendo sobre el papel el más fuerte, cedió el triunfo a Bartali como compensación por celebrar éste su cumpleaños. Acumularon una ventaja de más de cinco minutos sobre el combativo Jean Robic, un corredor galo que siempre se hizo notar por su espíritu bélico iba a dónde iba. Fausto Coppi ganaría el Tour con más de once minutos de ventaja sobre el hombre de La Toscana, su compatriota Bartali. Fueron invencibles los dos y al mismo tiempo caballeros. En consecuencia gracias a este honroso pacto de no agresión, consiguieron una sonada y aquilatada victoria.
Quisiéramos recalcar, sólo a modo de inciso, que con anterioridad los dos campeones ya habían dado muestras de su buena disposición. Por ejemplo, en la etapa pirenaica, Pau-Luchon, bajo la silueta inconfundible del Aubisque, se pudo contemplar como Coppi le facilitaba una botella de agua a Bartali, bajo la atenta mirada del diminuto Apo Lazarides, un corredor francés muy popular entre sus gentes. Recordamos que Gino se protegía de los implacables rayos solares con una gorra blanca, complementada con un pañuelo que asemejaba su figura a un beduino.
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Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.
Fecha de publicación: Enero de 2007.
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¿Qué se siente al tener "entre las piernas" por vez primera una máquina de descenso? A nosotros nos ha picado la curiosidad y hemos probado una auténtica bicicleta de DH de alta gama.

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