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Gino Bartali
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Por Gerardo Fuster de Carulla.
Para los que hemos tenido la oportunidad de seguir de cerca los golpes de pedal de los protagonistas de otros tiempos que forjaron gestas y hazañas de indudable grandeza, no podemos por menos que mencionar, entre el grupo de ciclistas que dejaron huella, al popular corredor italiano Gino Bartali, oriundo de la región de La Toscana, presidida por la histórica ciudad de Florencia, y fallecido a principios del año 2000 como consecuencia de un paro cardíaco, a la edad de 86 años.
Bartali fue un atleta de facultades portentosas que dio mucha gloria al ciclismo, junto a su gran rival y antagonista Fausto Coppi, otro campeón popular e inolvidable, fallecido en 1960 a causa de una malaria no detectada a tiempo por error médico.
Se puede decir y sin temor a equivocarnos, que con estos dos portentos del pedal, Italia alcanzó la máxima cota deportiva. En ese ciclismo de todos los tiempos no hubo un período mejor, y eso los italianos lo saben bien de sobras.
Los aficionados han tratado de encontrar a alguien que hiciera olvidar a aquellos dos campeones sin igual que cosecharon tantas victorias y tanta fama. Las esperanzas, con el pasar de los años, se han ido truncando, porque el sustituto no ha llegado todavía.
Ni los Gismondi, Nencini, Moser, Bugno, Pambianco, Baldini y el malogrado Pantani han podido hacer palidecer el fulgor desplegado por aquella pareja legendaria: Coppi-Bartali. Italia, por ahora, se ha sentido incapaz de alcanzar un listón tan alto.
Se ha dicho que Bartali, al ganar el segundo Tour de Francia en el año 1948, fue el mejor embajador de su país en territorio extranjero. Y eso es verdad. Contribuyó en gran manera en calmar a la opinión pública ante una posible guerra civil, cuyo desastre, en parte, logró evitar. Sus exaltados compatriotas se sintieron sugestionados por lo que ocurría, día tras día, en tierras de Francia, bajo el pedaleo arrollador y contundente de Gino Bartali, que sería al final el vencedor en París.
Recordemos que el corredor florentino ya se había adjudicado el Tour de 1938. El espacio de una década marca un hito por sí extraordinario, sin precedentes. La segunda Guerra Mundial dejó un periodo en blanco, sin actividad y sin ruedas. Cabe decirlo para reforzar la categoría de Bartali, que no pudo del todo exponer su poderío físico.
Bartali, entre otros triunfos, consiguió ganar en tres ediciones del Giro de Italia (años 1936, 1937 y 1946); en cuatro de la Milán-San Remo (1939,1940, 1947 y 1950); en tres de la Vuelta a Lombardía (1936, 1939 y 1940), y en dos de la Vuelta a Suiza (1946 y 1947). Además, se permitió el lujo de conseguir cuatro títulos en el Campeonato de Italia de carretera (1935, 1937, 1940 y 1952) e inscribir su nombre en la Vuelta a Romandía (1949). Ganó cinco veces la Vuelta a Toscana y tres la Vuelta a Piamonte. Y así otras tantas victorias que enriquecieron su historial.
No solamente enalteció el ciclismo por sus gestas deportivas, sino también fue un fiel ejemplo de caballerosidad. Fue humilde y recto en sus comportamientos, y con arraigados principios religiosos. Fueron cualidades que los aficionados siempre admiraron. Ser un hombre popular es algo que enaltece y más cuando se lleva una vida ordenada. El ser famoso supone ser espejo en el que se miran las multitudes. Es un eco de gran repercusión social. Cada cual trata de imitar a su campeón preferido y admirado.
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Amigosdelciclismo.com/JG
Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.
Fecha de publicación: Marzo de 2006.
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