Como corredor profesional, en 1947, venció en "Boucles de la Seine", una competición de renombre. Al año siguiente, a los 23 años, se atrevió a concurrir por vez primera en el Tour. Se permitió el lujo de ser líder de la prueba durante ocho etapas, cediendo finalmente la casaca de oro al famoso Gino Bartali, futuro vencedor.
Se recuerda la etapa alpina de fragor dantesco, Briançon-Aix-les-Bains, con las dos siluetas fantasmales de Bartali y Bobet librando un duelo bajo unas condiciones climatológicas infernales. La niebla, la lluvia y el barro fueron los jueces severos de aquella contienda abierta y sin igual. Jornada inolvidable hasta para los literatos.
Pero no fue hasta el año 1953, en su sexta tentativa, que Bobet pudo paladear las mieles del triunfo en el Tour. Tras un recital majestuoso en el Puerto del Izoard y llegar destacado a la meta de Briançon, con 5 minutos de ventaja sobre el holandés Nolten y el español Loroño, que comenzaba a destacar en la alta montaña, afianzó al fin su victoria. Al año siguiente retornó a las andadas en suelo alpino, acompañándole en las hostilidades un tal Bahamontes, otro español que se hacía notar en las cumbres. En 1955, Bobet volvió a ser rey en el periplo galo y en París volvió a ser aclamado por las multitudes. A partir de aquí su reinado, paulatinamente, fue palideciendo. Tuvo repercusión deportiva su abandono en el Tour de 1959, en la etapa Grenoble-Aosta, tras cruzar el célebre collado alpino del Iseran, con sus 2.188 metros de altitud, que marcaron el hito definitivo de la derrota. Para no más volver sobre las dos ruedas.
Dos años más tarde, retornando de Bruselas, sufrió un grave accidente de automóvil, viéndose obligado a desistir y el de seguir practicando este loable deporte. Fue en el año 1983, con 58 años en sus espaldas, cuando fallecía como consecuencia de un tumor cerebral que le venía atenazando de tiempo.
En una de las entrevistas que mantuvimos con él y comentando la valentía de nuestros corredores, me afirmaba que tenían todos ellos mucha fuerza en las piernas, pero que no sabían aplicar la inteligencia en los momentos oportunos de la carrera. Recomendaba que debían a toda costa adquirir cierta experiencia allende de nuestras fronteras, en el extranjero.
Aquel juicio tan sensato me lo formulaba en el año 1954. Hemos de reconocer que fue una opinión profética. Efectivamente, en un futuro inmediato, se fueron abriendo las puertas, los horizontes, a los Poblet, Bahamontes, Julio Jiménez, Pérez Francés, Ocaña, Delgado, Induráin, e incluso Freire, entre otros. Con todo sabemos que nos dejamos en el tintero de los recuerdos a otros varios protagonistas hispanos que lograron loables éxitos en el mundo internacional.