Por Gerardo Fuster de Carulla.
Nos resulta un tanto complicado el poder exponer en estas columnas unos acontecimientos, unas anécdotas, o bien unos exponentes estadísticos en torno al Tour de Francia, una prueba a todas luces cautivadora que tiene una muy larga y dilatada historia. Se podrían hilvanar, uno tras otro, varios volúmenes con un sinfín de hechos.
Nuestra intención es poder revivir tan solo algunos recuerdos entre la casi infinidad que se han ido plasmando en el transcurso de sus ediciones. Tiempo habrá para más adelante para continuar contando aquellas vivencias que dieron tanto colorido al recordado Tour. Nunca está de más el afirmar que lleva más un siglo de existencia. Son ya palabras mayores y escritas en letras mayúsculas.
Queremos transparentar algo de lo mucho que atesora la ronda gala. Lo que exponemos podrá servir al menos para refrescar la memoria histórica del deporte de la bicicleta. Nos daríamos por satisfechos el divulgar hoy algunos relatos que nos hagan siquiera olvidar en parte el sensacionalismo y otras ingratitudes que hemos sufrido en estos últimos tiempos.