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Casos y Cosas del Tour de Francia (II)
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La evolución de la mecánica
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Sabido es que los ciclistas que concurrieron en la más famosa de las competiciones, desde su primera edición en el año 1903, pedaleaban bajo la modalidad de lo que se denominaba piñón fijo. No había otra alternativa. Según se daba a los pedales se imponía un ritmo a voluntad. Se aumentaba o disminuía la marcha.
Se instauró paulatinamente la rueda libre ya en el año 1907, teniendo como protagonista a Lucien Petit Breton, que se adjudicaría el Tour. De entre un período de dos a cinco años, el piñón libre se fue afianzando, lo cual supuso un gran logro técnico. Se instauró al mismo tiempo un freno sobre el aro de la llanta de la rueda delantera, un artilugio muy primitivo pero que permitió mejor dominar la bicicleta en cuestión. Con anterioridad los medios usados constituían una verdadera temeridad y un gran riesgo.
Otro avance mecánico fue la introducción de un manillar ligeramente caído, con el ciclista a su vez algo más inclinado sobre el mismo y procediendo al elevado del sillín posterior. De esta manera el corredor ofrecía una estampa más aerodinámica.
También se introdujo una corona dentada en cada uno de los laterales de una misma rueda trasera, con más o menos dientes a elección por parte del principal interesado. Antes de ascender un puerto de alta montaña, el ciclista se apeaba de la bicicleta y colocaba la rueda de tal manera que hacía engranar la cadena a la corona correspondiente con el plato delantero, lo cuál en consecuencia le daba más agilidad a la hora de impulsar a los pedales. Una vez afrontando un descenso o bien ante un llano, se daba la vuelta de nuevo a la rueda tratando de engranar la cadena con la corona más pequeña, de menos dientes. Todo ello obligaba al ciclista a empujar con más fuerza a los pedales y por tanto crecer en velocidad. Aquella faceta supuso una revolución en el campo de la mecánica. El Tour era el punto apropiado para realizar esta clase de inventos.
No fue hasta el año 1937, que registró el triunfo del francés Roger Lapebie, cuando se aprobó oficialmente el cambio de marchas o velocidades, con la ayuda de un desviador manipulado manualmente, otro avance. Ya se usaron varias coronas en un mismo conjunto. Con anterioridad, justo hay que decirlo, hubo mucha oposición al respecto. Al final se impuso la cordura y el atleta del pedal pudo más a sus anchas marcar unos buenos promedios gracias a este progreso mecánico.
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Novedades en los medios de comunicación
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La televisión ha sido sin lugar a dudas el medio comunicación visual más eficaz para que los aficionados pudieran vivir en directo las emociones de este deporte. Las primeras retrasmisiones, transmitidas en diferido porque no se podían ejecutar de otra manera, se efectuaron con motivo de la ascensión a la montaña del Alpe-d´Huez, en 1952, que ganó de manera portentosa el italiano Fausto Coppi sobre el belicoso holandés, Jan Nolten. También se realizaron los consabidos reportajes en Sestrières, al día siguiente, y más tarde en la subida al temible Puy de Dôme. Tres años después ya se pudieron dar sendos reportajes en directo y así el gran público pudo impregnarse de aquel ciclismo tan lleno de emociones.
Aquel mismo año, la tecnología introdujo como novedad en el Tour, la foto-finish; es decir, ya no habría más dudas por parte de los árbitros para establecer el orden de llegada de un apiñado pelotón de corredores. La fidelidad de la película no daba opción a discrepancias. Los jueces quedaron en un plano más bien burócrata, en una labor más bien administrativa. Una conquista más gracias al Tour.
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Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.
Fecha de publicación: Agosto de 2007
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