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En Villaines la juhel (222 kms) pasamos un control y vimos por primera vez en ruta a los compañeros del apoyo. Estos sólo nos podían apoyar en los controles, en el resto del recorrido tenían prohibido el acceso y si les pillaban nos supondría a nosotros una penalización de tiempo importante.
Edu había abandonado, no se encontró bien y lo dejó. Había salido antes que nosotros, para realizar la ruta de 80 horas. Nos acompañó hasta el siguiente control.
El apoyo nos había preparado un desayuno. Me lo tomé con auténtica voracidad. Me cambio algo de ropa seca, aunque no me serviría de mucho, porque siguió lloviendo intermitentemente.
Me entero que está haciendo la ruta el lehendakari Ibarretxe, junto a dos escoltas. Yo no le llego a ver en toda la ruta, pero otros compañeros sí, y dicen que va a un ritmo muy bueno, muy regular. Según dicen, Ibarretxe no es especialmente abierto, pero sin embargo habla con amabilidad a todo el que le dirige la palabra. Más tarde bromeamos acerca de lo mal pagado que debe estar el trabajo de los escoltas, porque no hay dinero que pague lo que aquí se sufre.
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Fougeres-Tinteniac (km 364)
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Control en Fougeres. En los controles, una persona te pasa la tarjeta magnética por un lector y la información queda reflejada de inmediato en internet, de este modo tus amigos y familiares pueden seguir tu devenir al momento. También te sellan en el cuaderno de ruta, especificando la hora de paso.
Es la hora de comer, y el apoyo ha montado el tenderete bajo una parada de autobús, para evitar la lluvia. Allí comemos, cogemos avituallamiento líquido y sólido para llevar y nos disponemos a hacer los 140 kilómetros que restan hasta Loudeac (km 450), para dormir allí, con un control intermedio en Tinteniac. El plan inicial era haber llegado hasta Carhaix (km 525) a dormir, pero la lluvia y sobre todo el viento de cara nos están frenando y eso significará que a partir de Loudeac iremos con la hora muy justa, pues si no pasas un control a la hora prefijada, quedas fuera de la prueba, bueno, puedes seguir circulando, pero no te homologan la ruta.
Los más antiguos te cuentan que no han visto una PBP con una climatología tan adversa como esta, así que nos ha tocado estrenarnos en unas condiciones nada amables. Esto me lo cuentan incluso personas de otros países con los que hablo y que han participado en otras ediciones. Ellos hablan mucho de los años de calor, pero era otro tipo de padecimiento, no había viento que te frenara.
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Tinteniac-Loudeac (km 450)
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En Tinteniac no paro mucho, pues no queremos llegar muy tarde a Loudeac, y pedalear de noche sólo lo imprescindible. En este tramo intento pegarme a algún grupo que vaya a un ritmo majete. No me veo muy mal pese a los kilómetros que llevo, estoy comiendo bien, bebiendo mejor y estirando los músculos siempre que puedo. Voy durante un rato con un grupo de daneses a los que paso también algún relevo, para que no se diga, eso sí, sin excesos. El caso es que en las subidas un poco más exigentes ralentizan mucho el ritmo, demasiado para mí, que decido tirar hacia adelante. Esto es algo muy común, es difícil pillar un grupo que sea el que realmente te conviene. Unos porque van demasiado ligeros, otros porque van a tirones, otros porque van muy lentos, otros porque se mueren en las subidas y te duermes si vas con ellos.
Más adelante encuentro a Josu, que iba por delante. No le veo muy fino, sobre todo no le veo con la euforia que suele llevar cuando va en bici y eso me escama. Le paso relevos, pero aunque no fuerzo, se me queda. Algo le pasa, este no es el Josu que yo conozco. Intento ir con él, para que no se sienta solo, pero veo que no va cómodo tampoco así, que necesita llevar su propio ritmo.
A 10 kilómetros de Loudeac vemos los primeros ciclistas que ya están de vuelta, o sea que llevan , los muy brutos, unos 785 km mientras yo llevo 440. Son gente que se van a hacer la PBP de un tirón, sin dormir ni una sola vez. Pero claro, hay que tener piernas y ganas para eso.
Tras sellar, vamos al camping de Loudeac, donde vemos a Antonio que ha abandonado, cansado de ir solo en su lucha por hacerlo en 80 horas, de luchar contra los elementos y encima yendo muy justo para llegar a los controles. Los dos de las 80 horas han abandonado. Parece que este no era el año para intentar esa gesta.
Mientras cenamos nos cuentan que nuestros amigos del tandem tampoco van finos, que tienen problemas físicos. Josu dice que no le ve sentido a seguir en ruta. El desánimo cunde. Está lloviendo, la ropa está húmeda, uno se queda frío al quedarse parado, las tiendas de campaña están húmedas también por dentro, porque el camping es un lodazal y la lluvia se mete por todos lados. Ramón tiene el gesto torcido, parece estar sufriendo lo indecible, aunque en su vocabulario aún no aparece la palabra abandono.
Yo no tengo intención alguna de abandonar por el momento. Las piernas aún las tengo bien, pues no he abusado de desarrollo en ningún momento, el cuerpo me responde, tengo hambre a la hora de comer (señal inmejorable de que la pájara anda lejos), y he usado mucho tiempo durante el año para estar aquí como para abandonar a las primeras de cambio. Esto no puede ser, hay que seguir intentándolo. A Josu le convencemos para que siga también, o al menos para que no tome decisión alguna aún, hasta el día siguiente, para que vea como está después de dormir.
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Texto: Juan Merallo Grande
Fotos: Remedios Sancho y Juan Merallo
Fecha de publicación: Septiembre de 2007
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