Pasan los últimos kilómetros del puerto en medio de un griterío constante, realmente emocionante, dan ganas de abrazar a cualquiera. La carretera de dos carriles se estrecha a menos de uno en medio de un pasillo humano, y cuando se divisan los últimos metros de ascensión y se suaviza la pendiente, me esperan amigos entre el público. Luis, otro miembro del grupo que se lesionó el brazo en una caída tonta mientras bajaba unas escaleras y ahora lleva escayola, está animando alucinado con el espectáculo que está viendo y habría vivido sobre el sillín si no fuese por el infortunio de hace dos semanas. También está Héctor, nuestro fotógrafo, disparando a cuanto amigo de la Peña Ciclista Quintena ve aparecer. Mi saludo es breve ya que la velocidad va en aumento.
Inmediatamente paso el alto, la frontera, el Portalet y vuelvo a rodar en España. Me encuentro con animadoras de excepción, las mujeres de nuestro grupo, Azucena, Mónica y Beatriz con los pequeños Sandra y Nicolás. El descenso es veloz y tras otra parada para reponer bebida, cruzamos el túnel y población de Escarrilla para poco después, tomar el desvío hacia El Pueyo de Jaca, rodar junto al embalse de Búbal, subir el puertecillo de 2 kilómetros de la Hoz de Jaca, donde comienzo con reservas para no volver a sufrir calambres. Mejoro a mitad de puerto y acabo apretando en los últimos 500 m, pues han mejorado muchísimo las sensaciones. Vuelvo a ir seco, así que repongo con agua los dos bidones y me lanzo en el corto descenso. El cansancio es grande y voy más precavido en las curvas peligrosas, pues podría sufrir un despiste poco deseado. Cuando me incorporo a la carretera principal que conduce a Biescas y Sabiñánigo, tengo 27 kilómetros por delante de descenso y llano.
Es importante encontrar un grupo con gente que trabaje, aprieto un poco para alcanzar a dos ciclistas de un mismo equipo que veo que quieren tirar fuerte y van relevando. Los alcanzo y aprovecho para tomar un respiro, cuando les toca a ellos el respiro, tomo yo el relevo. Entran dos mas engordando el grupo pues vamos tragando ciclistas. Pasado Biescas parece que no queda mucho mas por hacer que ir progresando hasta meta. El grupo que nos precede de unos 100 ciclistas se encuentra como a 500 metros, pero parece que van fundidos. Así es, tras 10 kilómetros los tenemos pillados, así que tomamos aire los que vamos relevando y por el propio impulso que llevamos les damos alcance. Cuando nos damos cuenta hemos pasado al tren y volvemos a ser locomotora. Vemos el último cruce, esa rampita parece un cuestón ¡Uf, ya está! Leve descenso junto al polígono, giro y paso por meta, objetivo cumplido.
Una vez más, y van cuatro, he acabado esta gran prueba de 205 kilómetros. Me voy encontrando con mis compañeros. Unos llegaron hace un rato, otros van llegando ahora, cansancio en el cuerpo y sonrisa en sus rostros, estamos todos: Poppy, Javier, José Antonio, David, Óscar, Pepe, Ismael, Camilo, Darío, Juan, Ángel, Jose y yo. También está como si nada nuestro amigo Paco, que hace unos años nos abandonó para trabajar en Barcelona, donde llueve menos y entrena más. Una vez más hemos pasado la prueba, los que repetimos y los que debutan. Ha funcionado el trabajo y la planificación de todo el año. Sin ser una carrera, el reto premia y por categorías de edad hemos obtenido de los 13 participantes del equipo, 7 diplomas de oro, 5 de plata y uno de bronce. El año que viene habrá que volver, se lo debemos a Luís, el de la escayola, que fue el que más animó en que participara la peña en la Quebrantahuesos y que la mala suerte le privó de disfrutarla como ciclista. Hasta el año que viene.