|
|
|
|
|
Amigosdelciclismo.com
>
Artículos
>
Relatos y Hazañas
>
Caídas
>
1/3

|
Caídas tontas... consecuencias graves
|
|
Esta semana te contaremos una historia, como se diría en una película, basada en hechos reales. Uno de nuestros lectores nos ha enviado la crónica de una “caída tonta” en bici, con consecuencias físicas bastante graves. ¿Te has planteado algún día la posibilidad de hacerte daño de verdad? ¿Volverías a montar de la misma forma?
Si verdaderamente fuésemos conscientes de lo que nos puede pasar al salir de casa, estoy seguro de que no saldríamos a la calle. Pero claro, esto podría implicar pudrirse en el sillón viendo la tele, cosa no muy sana, por lo que también estarías en peligro. David Pinilla nos lo cuenta en primera persona.
|
Historia de una caída tonta
|
Esta es mi historia. La historia de una caída tonta, de esas que nunca nos van a pasar. Y menos en el mejor momento. No, decididamente nunca nos va a pasar algo así…. ¿O sí?
He quedado con un amigo que no acostumbra a montar en bici. De los que salen de pascuas a ramos y no tiene demasiado nivel. La mañana se avecina sosa y algo ñoña, pero seguro que es mejor plan que no montar en bici.
- “Eso está bien” –pienso, mientras me queda un buen sabor de boca por el hecho de que esta vez no seré yo quien vaya con la lengua fuera.
Como cualquier día, voy bien pertrechado. El casco por encima de todo, guantes, botas y lo que haga falta. Además mentalizado de que debo ir siempre con los cinco sentidos alerta.
- “Gasta cuidado…”, -decía mi abuela mientras me ve salir de casa.
Como siempre, trato de no relajarme nunca encima de la bici, ni porque la ruta se adivine fácil, ni porque hoy no vaya a haber muchos peligros. ¡Nunca bajar la guardia! ¡Nunca bajar la guardia!
Al principio vamos bien, alegres, contentos, además de -por una vez-, yo voy sobrado de facultades.
Pero hoy el destino me está esperando. Murphy, el del garrote, me ha visto con malos ojos esta mañana. Llega el momento en que me aburro de tanta pista y del ir al ritmo que te marca la compañía. La poca paciencia, y ¡mira que me lo han dicho veces! El caso es que llega en el camino una bajada muy fácil, voy a unos 35 km/h y aparece delante de mí un montículo. Se puede subir y bajar sin dificultad aparente, sin dar pedales, pero es un pequeño aliciente. ¡A por él!
Pero algo he calculado mal, porque el “saltito”, o no es tan pequeño o no es tan grande, o yo que sé, pero la situación se torna en no controlable. Resulta que caigo mucho más allá de lo que pienso. Pero además, con tan mala suerte de aterrizar en la parte de subida del montículo (o sea que no he dado ni una, majo).
Me encuentro en el suelo, como tantas veces, pero en esta ocasión me siento mal. Algo no ha ido bien. Algo no ha sido como siempre.
Me levanto y le digo a mi compañero de salida que me he roto un brazo. Hago el ademán de cogérmelo con el otro y me digo: ¡¡pleno!!
¡Me he roto los dos!
<<< Volver
Seguir >>>
Amigosdelciclismo.com/JF
Texto: David Pinilla
Fecha de publicación: Febrero 2006
|
|
|
|

|
|