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El que una bicicleta rígida sea cabecera de toda una gama y centro de todas las investigaciones puede parecer que sea debido a una moda pasajera: mientras una parte del mercado explora los límites funcionales de las suspensiones traseras y se consiguen bicicletas pedaleables de 160 mm, otra parte regresa a los inicios. Así, todas las grandes marcas han reforzado su catálogo con un nuevo modelo que resulta competitivo en el segmento de las rígidas. Los cuadros sin suspensión parecen, por tanto, estar más vivos que nunca. Puede ser que la crisis haya afectado (recordemos que un cuadro rígido nos va a causar con toda probabilidad pocos o ningún problema mecánico, su precio será inferior al equivalente en versión doble suspensión, etc.), o que mucha gente se haya dado cuenta de que estos cuadros son perfectamente válidos para el uso que la mayoría hacemos de nuestras monturas. Porque no cabe duda
de que una bicicleta rígida es más ligera que una doble y también presenta menor pérdida de energía de pedaleo, que se transmite al cien por cien de nuestras piernas a las ruedas. En lo que no puede competir es en confort, pues una buena suspensión trasera filtra con gran eficacia las irregularidades del terreno que terminan por fatigarnos.
En Merida fueron pioneros en la lucha contra este fenómeno; el anterior cuadro FLX contaba con un sistema que teóricamente filtraba las vibraciones de alta frecuencia, el FlexStay , y que consistía en fabricar las vainas en forma de espagueti precisamente para eso, mejorar su capacidad de absorción. Pero el tiempo demostró que este cuadro resultó ser demasiado rígido y nervioso, apto para ser llevado por manos expertas en condiciones competitivas pero poco recomendable para realizar largas kilometradas o simplemente disfrutar de una conducción relajada.
Cuatro años más tarde, la evolución en el trabajo del carbono y en la comprensión de su comportamiento se ha concretado en otras soluciones para este problema.
La primera que al que escribe ha sorprendido es la adopción de la medida de tija de sillín 27.2,
medida que hace 10 años parecía se iba a convertir en estándar pero que progresivamente se ha ido abandonando a la vez que se popularizaban las superiores; 30.9, 31.6, 32.4... se convertían en las elegidas por las marcas para ser montadas en sus cuadros precisamente porque aportaban rigidez.
Pues bien, con la O.Nine y gracias a la adopción de este diámetro -más la ayuda de la nueva tija FSA-, se ha logrado obtener una flexión de 35 mm en el sillín, lo cual no significa imprecisión en la conducción o pérdida de energía de pedaleo, sino alivio para nuestros músculos.
Pero ese fin no sería posible sin la ayuda del nuevo triángulo trasero, con vainas asimétricas para que respondan de forma específica ante la torsión que impone el pedaleo en el lado de la transmisión o la tensión procedente de la pinza del freno de disco. Con todo esto, el comparativo de BIKE Magazine 12/2008 ha medido 9,4 mm
de desplazamiento vertical en la parte trasera del cuadro O.Nine, el mejor resultado de un cuadro rígido de carbono, una cifra que sorprende y augura comodidad.
Así, una mirada detenida del cuadro descubre que no hay un sólo tubo redondo. Es más, no hay ni uno sólo regular; todos y cada uno adquieren formas cambiantes, pasando de ovalado a aplanado, romboidal... sin que esto parezca obedecer a un capricho estético -de hecho, muchos detalles como nervaduras en los tubos sólo es posible detectarlos pasando la mano-, sino que semeja debido a algún criterio estructural que nosotros no logramos comprender. Así, por ejemplo, el diámetro exterior del conificado tubo del sillín pasa de unos enormes 40 mm (en el pedalier) a unos escasos 31,6 mm (en la parte superior). Con esta constitución, además de ligereza, se ha logrado un aumento de la rigidez de la caja del pedalier en un 30% respecto a la antigua FLX (65 contra 50 Nm).
Otras soluciones que se han adoptado en el nuevo cuadro son:
Desviador sin abrazadera: el montaje del desviador sobre el cuadro, que es compatible con SRAM y Shimano, es directo, mediante dos tornillos que se fijan en una placa adherida al
tubo de sillín. Esta es una solución que hace unos años comenzó a utilizarse en bicis de carretera y después pasó a cuadros de alta gama de montaña. Esto supone prescindir del desviador con abrazadera (del tipo E Type), lo que se traduce en unos 16 g menos de peso, según los ingenieros, además de proteger las finas paredes del tubo del sillín frente a sobrecargas.
Otra importante reducción de peso se consigue con la utilización de un sistema directo de anclaje para la pinza trasera tipo "Post Mount" (100% en fibra de carbono) y discos de 160 mm. Los ingenieros han determinado que este anclaje es, además de más ligero, más adecuado
para repartir de forma óptima la torsión de la frenada a lo largo del tirante. Para evitar posibles problemas debidos a la elevada temperatura que genera el freno de disco, se ha insertado una pequeña pieza de aluminio en forma de U para ayudar a disipar el calor.
El cierre especifico en carbono para la tija del sillín de la O.Nine sorprende con unos increíbles 12 g.
FSA ha desarrollado una nueva tija en carbono que ofrece 15mm de flexión a la vez que un peso de solo 191g (con una medida de 27,2/350mm) para un increíble confort. Esta tija de la O.Nine ofrece un 15% más de flexibilidad que la análoga FSA K-Force SB25. Además, el sistema de sujeción de la tija O.Nine es compatible con todos los sillines con raíles de carbono del mercado.
Para afinar aún más, la marca taiwanesa ofrece dos opciones de pedalier: una versión de la O.Nine con BB30 (la que nosotros probamos), que representa la máxima rigidez y ligereza en conjunto (cuadro, pedalier y bielas), más una alternativa con pedalier tradicional para aquellos que prefieren la máxima ligereza; el cuadro marca en la báscula 30 gramos menos que la versión con BB30.
Como resultado de todas estas soluciones, se ha logrado afinar en el cuadro 200 gramos respecto al anterior modelo CARBON FLX 09. Y la marca está tan convencida de su efectividad que ofrece una garantía del cuadro de 5 años, incluyendo su uso en competición.