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Cómo no, lo primero que se percibe en la O.Nine es una sensación de gran ligereza. Sus poco más de ocho kilos y medio de peso (en nuestra báscula) tienen mucho que ver, pero el conjunto de ruedas también apoya esta impresión. Y es que el rodar de esos bujes DT es muy bueno -y su sonido, una vez pasados unos kilómetros, una delicia-; pero las cubiertas no retienen nada, con lo de positivo y negativo que esto conlleva. Pedalear de pie sobre suelo arenoso o suelto resulta complicado, y hay que ser muy cuidadoso con los frenos porque a poco que nos descuidemos podemos llevar algún susto. Conviene acostumbrarse al tacto y a la potencia "excesiva" de los Avid, pero realmente son toda una garantía en marcha.
Lo que no proporciona precisamente mucha garantía
son las cámaras que acompañan a las cubiertas; su bajo peso (90 g cada una) sirve para lograr un claro cometido, que no es sino arañar gramos a la báscula, pero no para un uso real. Nosotros hemos instalado unas cámaras antipinchazos que, con el perjuicio de unos 400 gramos, nos han proporcionado un rodaje sin sobresaltos. Otra opción válida sería la instalación de un kit antipinchazos, una solución que ahorra peso y eleva la calidad de marcha.
Por otra parte, hay que aplaudir la decisión de Merida de incluir pedales de serie en la O.Nine (de hecho, el peso que hemos tomado es contando con ellos), y no como hacen la mayoría de las marcas, que venden sus bicis de gama alta sin pedales para rebajar la cifra de peso y quizás sumar euros de beneficio. Los que monta nuestra bicicleta son los minimalistas Crank Brothers Eggbeater Ti, ligeros y con un funcionamiento más que correcto.
Así, al desembolso de la bicicleta no habrá más que añadirle un kit o unas cámaras antipinchazos -y quizás unos acoples de manillar- y tendremos una máquina para colocarnos en cualquier parrilla de salida. Para sentirnos Hermida por unos momentos.
En cuanto al cuadro, y si a estas alturas aún te estás preguntando si realmente funciona, te diré que este es, sin lugar a dudas, el cuadro rígido más cómodo que he probado. Y lo es sin dejar de ser rápido de reacciones ni perder rigidez en el pedalier; simplemente parece absorber en gran medida las vibraciones que transmiten con tanta fidelidad otros. Bajando, por ejemplo, la bicicleta se porta de una manera muy dócil, aun cuando el que esto suscribe tiene por costumbre llevar las ruedas a una presión cercana al límite superior recomendado. No es como montar con una doble suspensión, evidentemente, pero tampoco es lo que todos entendemos por una bicicleta rígida al uso. Simplemente, es otro concepto: Carbono versión 2.0.