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El deporte de la BTT se fragmenta. Que nadie se asuste, esto no significa que haya aparecido una nueva UCI que se lleve parte de las licencias. Es simplemente que el mountain bike evoluciona, como corresponde a un deporte asentado, y esa evolución trae consigo una especialización.
Al inicio teníamos una única bicicleta, que usábamos para todo. En aquellos tiempos la bici tenía que servir para nuestras rutas épicas, para hacer los primeros saltos e incluso para apuntarnos a las primeras carreras de descenso -a las que nos presentábamos con guantes de nieve y con las rodilleras y coderas que le pedíamos a un amigo que jugaba de portero de fútbol-.
Con el paso del tiempo y la evolución, tanto del propio deporte como de su tecnología, las bicicletas empezaron a diversificarse: que si la tuya es de All mountain, de enduro, y la mía de trail o de rally. Hay casi tantas denominaciones como modelos de bicis, aunque todas sirvan, en definitiva, para rodar por el monte.
Por si esto fuera poco, las bicicletas de montaña están sufriendo una pequeña revolución que va más allá de recorrido de suspensión o carácter más o menos bajador. Como si fuéramos integrantes de una tribu urbana, ahora tenemos bicis que nos distinguen del resto: podemos montar una fixie (de fixed gear, sin piñón libre), una singlespeed o una twentyniner como la protagonista de este reportaje.