[Comentarios: 11 - Valoración media: 4,1]
Lo primero que llama la atención, y es algo que han corroborado todos los que han puesto las manos encima, es el buen trabajo que los japoneses han realizado en mejorar el confort de las manos en la parte superior de las manetas; la superficie de apoyo resulta muy cómoda, de tal manera que podemos tener las manos en esta posición durante más tiempo del habitual.
Desde esta posición (que posiblemente sea la que todos mantenemos durante más tiempo) accedemos fácilmente a los pulsadores, pues son alargados y discurren a lo largo de la palanca. Así, por pequeñas que tengamos las manos, no será necesario realizar un cambio en el apoyo de éstas para realizar los cambios de marchas.
Como hemos comentado con anterioridad,
la superficie de los pulsadores está diferenciada para ser identificable en marcha (salvo que llevemos guantes largos, claro está); no obstante, hemos de decir que la disposición de éstos no nos ha resultado demasiado intuitiva: al rodar, debíamos estar repasando continuamente las lecciones "del Barrio Sésamo" (adelante/atrás; arriba/abajo) si no queríamos realizar un cambio erróneo y quedar clavados en el grupo. Así, nos queda la sensación de que los ingenieros de Shimano, aun teniendo total libertad para situar los pulsadores -que, recordemos, no son más que interruptores-, no han acertado del todo con su elección.
Quizás esto no hubiese sucedido si por nuestra dura actividad de probadores tuviésemos que alternar varios sistemas de cambio, y así no pudiésemos acabar de familiarizarnos con este que, por otra parte, resulta inédito entre los anteriormente fabricados. Así, el pulsador rugoso, el más alargado, tiene la función de subir (platos o coronas), mientras que el más grande, de forma cóncava, actúa acercando los desviadores hacia la posición de reposo (hacia plato o piñones pequeños).
Porque en Shimano se han planteado al elaborar su grupo el tener un sistema en el que ningún recurso tenga dos funciones, como sucedía con la versión mecánica, en la que la palanca de freno también realizaba los cambios ascendentes. Esa filosofía es compartida con Campagnolo, pero en la marca italiana, la palanca pequeña tiene la función antagónica a la que tiene en el grupo japonés.
Otra particularidad del Di2 es la poca energía necesaria para realizar los cambios; durante un par de salidas hemos machacado los pulsadores, cuando realmente con insinuar el movimiento resulta suficiente para cambiar de marcha. Esto es especialmente llamativo en caso de los cambios de platos, pues con el gesto de tocar una tecla del móvil podrás cambiar de plato, un gesto que muchas veces conlleva gasto de energías y que tengamos que alterar nuestro ritmo de pedaleo para ayudar el paso de un plato a otro. Así, podemos seguir pedaleando y cambiando de marcha con un dedo mientras comemos, bebemos o asimos el manillar con firmeza usando toda la mano excepto un dedo. Al aumento de seguridad contribuye que el gesto del cambio no supone un desplazamiento exagerado de la mano, y así, no varía el apoyo de ésta.
Esto puede constatarse con algunos datos como estos: de entre las numerosas victorias que el Di2 ha cosechado en su primera temporada de vida, llama la atención la victoria de
Niels Albert (campeón del mundo de la especialidad) en la prueba que abre la temporada de ciclocross, la Steenbergcross en Erpe-Mere (Bélgica); también Graig Alexander ha ganado los Campeonatos del Mundo Ironman celebrados en Hawai. Es decir, las ventajas del sistema eléctrico van más allá de la utilización clásica en carretera.
Llamativa es la desaparición del cambio múltiple; las marchas han de cambiarse una a una, tanto para subir como para bajar. Esto sería un desastre si no tuviésemos en cuenta el anterior párrafo: si queremos subir dos piñones, por ejemplo, basta con dos leves pulsaciones del interruptor rayado de la maneta derecha. Tan rápido y limpio que asusta.
Es que a la tradicional suavidad del grupo japonés se le suma ahora una rapidez mejorada y un esfuerzo reducido. De tal manera que sabemos del cambio de velocidad porque las piernas lo acusan o miramos abajo, pero ha desaparecido el ritual coloco la mano-hago fuerza-aflojo una pedalada para facilitar el engranaje de la marcha-vuelvo a coger el ritmo. El cambio ahora sólo se detecta por una modificación en la resistencia al pedaleo. Ha desaparecido el feedback habitual, según el cual cada nueva marcha engranada suponía una cadena de -pequeños- movimientos asociados. Así, nuestras energías pueden ser íntegramente enfocadas al asfalto; cambiar ya no da pereza, pues cualquier momento es bueno para hacerlo.
Esto redunda en una mayor utilización del cambio, pero no por ello una pérdida de energía o una distracción para nosotros; más bien al contrario, vamos más tiempo con el desarrollo que realmente necesitamos.
Por otra parte, el conjunto de desviadores adoptan cruces inverosímiles sin rechistar. Si rodamos en el plato grande y se nos olvida bajar al pequeño, podemos subir todos los piñones desde el pequeño al más grande sin escuchar ningún ruido, nada sino un pequeño zumbido del desviador de platos que se va alineando para evitar el roce con la cadena.
Un apartado por el que nos preguntaban todos los ciclistas con los que nos cruzamos fue por el funcionamiento del grupo en agua. Como nuestra prueba ha sido desarrollada con buen tiempo, y vista la imposibilidad de comprobarlo de primera mano y con meteorología adversa, tiramos de "profesionalidad" y, en calidad de probadores, intentamos recrear las más duras condiciones climatológicas sometiendo las conexiones a una sesión de lavado a presión.
Un euro más tarde, nos subimos a la bicicleta y realizamos varios cambios. ¿El resultado? Tan sólo percibimos que la bicicleta quedó más limpia; los cambios siguieron siendo igual de rápidos, concisos y silenciosos. Prueba superada.