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La Tarmac Elite que probamos está equipada con un grupo Shimano 105 prácticamente al completo (en versión compact); desviadores, manetas y piñones pertenecen al grupo del fabricante japonés, mientras que bielas y puentes de freno son de las series fuera de grupo y por tanto de una calidad un poco inferior. La cadena, una KMC, es el único elemento de la transmisión ajeno a la marca.
En lo restante predominan los elementos de la propia marca fabricante de la bicicleta, Specialized: manillar (y cinta de manillar), potencia, sillín (un Toupé Team) y tija de sillín (la veterana Pave con una inserción de Zertz que modera las vibraciones que llegan a nuestro cuerpo).
Las ruedas equipan igualmente bujes y cubiertas (las Mondo Pro II, con protección antipinchazos) firmados por la marca californiana, junto a las conocidas llantas Mavic CXP-22 S.
La Elite resulta increíble cuando piensas que lo que llevas entre tus manos te ha costado lo que unas ruedas de gama alta. Pero en términos absolutos, sin compararla con nada, es una magnífica bicicleta, con la que nos hemos atrevido a hacer rutas de todo tipo y nivel, sin complejos ni limitaciones más que las que nuestra propia cabeza haya querido imponer.
Así, nos hemos metido en grupos en los que la bici de cualquiera de sus integrantes por lo menos doblaba en precio a la nuestra. Rutas de verdadera montaña. Jornadas de hasta 6 horas de pedaleo. Y en cualquiera de estos casos, nuestra Specialized resultó ser cómoda y eficaz.
El peso de la bicicleta montada, 8 kilos y medio, no nos parece desorbitado, y con una pequeña inversión en ruedas se produce una metamorfosis. Nosotros mismo la hemos experimentado, montándole
una ruedas de carbono que por rígidas destaparon otro secretillo de este cuadro: el triángulo trasero flexa mucho. Pero no tanto como para tener un tacto chicloso al pedalear, sólo lo suficiente como para absorber las irregularidades del terreno y resultar más confortable que una máquina ultradeportiva (como las Tarmac SL2 y 3, por no abandonar esta marca).
Los cambios se realizan, como es norma en Shimano, de forma rápida y suave, aunque es cierto que el grupo 105 es algo más duro en su accionamiento que el Dura-Ace, por ejemplo (claro que ese grupo cuesta casi lo que la Expert completa). La presencia de una cadena no Shimano también se deja notar en forma de saltos algo más bruscos al cambiar de desarrollo y una mayor rumorosidad en marcha.
Por último, la postura de esta Tarmac es muy natural; desde que uno se sube a ella se encuentra muy cómodo y eso se refleja en que con pocos retoques me pude enfrentar a realizar kilometradas muy largas, de más de 150 kilómetros, sin notar nada extraño. Y eso que mi bicicleta habitual tiene una geometría muy distinta a esta compact race. De entre las armas que esta bicicleta esconde para lograr nuestra postura ideal está una bien pensada potencia de 9 cm que, gracias a un casquillo reversible, resulta regulable hasta en 4 posiciones de inclinación diferentes.
Pero la sorpresa de esta prueba para mi
fue el descubrir que el Toupé, un sillín al que estoy acostumbrado en versión Team se transforma en esta versión con railes de cromoly. Al pasar las 3 ó 4 horas de pedaleo empezaban unas molestias en el trasero que hacían imperiosa la necesidad de ponerse con cada vez más frecuencia de pie. Es la confirmación de que el tema de los railes de titanio es más que una cuestión de arañar gramos a la báscula.
Así, podemos concluir que la grandeza de este deporte del ciclismo es que pone al alcance de bolsillos terrenales el material de los profesionales. Seguro que por la calle no verás un coche como el de Fernando Alonso, ni una moto como la de Jorge Lorenzo. Pero, aunque hay más de 6000 euros entre la bici de Contador y esta Tarmac Elite, las diferencias de material no son tan abismales. Ver para creer.