Llegamos a Río de Janeiro y pasamos una temporada con Inglid y Daniel. Nuestros anfitriones nos hablaban del joven ingeniero que había fabricado sus bicicletas reclinadas (también llamadas recumbentes) de las que estaban enamorados, pero no coincidíamos con él. En la tienda de Paulo, el mecánico oficial del grupo de “reclineros” de Río, tuvimos la oportunidad de ver e incluso probar algunas de sus bicicletas, incluida una tándem reclinada.
Cuando probamos este tándem la sensación fue muy positiva, el vehículo es cómodo, muy cómodo, especialmente en cuanto a la postura porque en lugar de buscar el equilibrio con los cinco puntos de apoyo como en la bicicleta clásica (las dos manos, los dos pies y el culo) vas más tumbado y apoyas tu peso solamente en la espalda y el culo.
Puedes visualizarlo imaginándote a Inglid (sentada atrás) mientras pedalea en este tándem, no apoya el peso del cuerpo ni en los pies, ni en los brazos, ni tan siquiera necesita apoyar las manos en el manillar, va como en una especie de “sillón ciclista” muy confortable. Con Daniel ocurre algo parecido, aunque él si necesita agarrar el manillar, no lo hace para apoyar parte de su peso en él como en la bicicleta clásica si no que lo hace tan sólo para conducir la bicicleta. Manejando sin tensiones, incluso puede controlar sin dificultad todo el peso de la bicicleta más el suyo y el de Inglid con una sola mano. Después de algunas horas de pedaleo la diferencia en cuanto al confort se hace muy notable.
Por fin, un domingo en un paseo organizado con una veintena de ciclistas de Río coincidimos con Pedro Zohrer. Apareció en una extraña bicicleta en la que iba casi tumbado y avanzaba traccionando la rueda delantera. Durante el paseo, que fue de unos 90 kms de distancia, el pelotón se fue dividiendo en pequeños grupos que se alejaban entre si. En su pequeña bicicleta, Pedro iba y venía como si tuviese un motor. Llegaba con facilidad donde estaban los que iban en cabeza, charlaba con ellos, se paraba a esperar al último para preguntarle cómo estaba, y como una bala volvía a alcanzar a los primeros adelantando a todos los grupos, más que una bicicleta parecía un bólido. Según nos explicó, la había traído de Europa a pedido de Zox, el fabricante, para verificar la posibilidad de producirla en Brasil.