En la parada para descansar, tomando ¿cómo no? un delicioso “açai na tigela”, el batido helado superenergético tan popular entre los deportistas brasileños, aprovechamos para hablar con este correcaminos de la bicicleta y hacerle una entrevista que sin saberlo, como verás al final, nos cambiará el viaje.
- Pedro, ¿Cómo empieza tu afición por la bicicleta?
- Empezó muy temprano, cuando era niño, y fue creciendo en la adolescencia. Hacía muchos paseos con los amigos y vecinos en bicicleta de carreras pero la molestia que me causaba un problema en la columna me imposibilitaban poder mantenerme mucho tiempo sobre la bici. En 1991 vi un video de la National Geographic sobre unas extrañas bicicletas en las que los ciclistas iban casi tumbados y me quedé impresionado. Intenté conseguir una pero fue imposible, las había en muy pocos países y los precios eran prohibitivos para Brasil. Era estudiante de ingeniería y pensé: "Estoy aprendiendo a construir cosas, ¿por qué no aplicar estos conocimientos para construir mi propia bicicleta?". Empecé con algunos triciclos y pasé a las reclinadas. El campo de prueba era el barrio de Santa Teresa, aquí en Río de Janeiro, un lugar con fuertes subidas, calles adoquinadas y vías de tranvía, perfecto para probar un prototipo. Esas primeras pruebas fueron hace más de 12 años.
- ¿Cómo son las bicicletas reclinadas? ¿Podríamos imaginar un Tour de France con ellas?
- Sería lo más lógico. En la década de 1930 un francés llamado Muchet ya desarrolló una bicicleta reclinada con la que un atleta de segunda categoría rompió en el mismo día el record de la hora y de la milla. Pero este nuevo velocípedo no fue muy bien recibido por la élite del ciclismo, la Federación Internacional (UCI) lo prohibió en cualquier prueba con la excusa de que no era una bicicleta y que lo que debería prevalecer es el atleta y no la maquina. No tiene sentido, ¿Os imagináis que en la actualidad se jugase el Roland Garros con raquetas de madera de las que usaban nuestros abuelos? En el caso de la bicicleta es aún más grave porque han detenido la evolución tecnológica hacia una bicicleta mucho más saludable para el ser humano como es la reclinada que respeta la anatomía humana. En la bicicleta convencional el cuerpo se dobla para adaptarse a la maquina pero en la reclinada es la bicicleta la que ha sido diseñada para adaptarse a la estructura humana. Estas bicicletas también han demostrado ser más seguras y provocar menos daños a la persona en caso de accidente. Entonces, ¿por qué aferrarnos a la bicicleta tradicional?
¿Qué ha ocurrido con el ciclismo internacional? La maquina no daba más de si y se empezaron a crear mecanismos de competición ajenos al deportista, como el doping, por lo que la competición no la gana el mejor si no quien tiene el “mejor doping”, el que no es detectado por los jueces. Hoy en día tenemos dos problemas, un atleta que se dopa y una bicicleta inadecuada porque no respeta la ergonomía humana. Por más que se hagan investigaciones para conseguir comodidad en la bicicleta tradicional hay una limitación intrínseca en su estructura, se puede poner un manillar con distintas posiciones pero es el paliativo a un problema mayor.