- ¿Cuál es el público de las bicicletas reclinadas?
- Cualquiera que le guste andar en bicicleta, hay grupos de ciclistas de reclinadas en ciudades de todo el mundo y su número sigue creciendo. Mucha gente está descubriendo esta alternativa al ciclismo normal y la utiliza para pasear o hacer cicloturismo porque en ella puedes pedalear mucho tiempo sin cansarte. También la usa quien sufre algún tipo de problema médico en la columna o próstata porque aunque se le haya prohibido el uso de la bicicleta no afecta a la reclinada.
- ¿Cómo ha sido la evolución que has vivido en el proceso de fabricación?
- Empezó como un hobby, al comienzo era totalmente artesanal, hice alguna para mí, para los amigos, y con el boca a boca se fue interesando cada vez más gente. Aunque no las publicitaba en ningún lugar me iban pidiendo más. Como mis “clientes” son verdaderos usuarios de la bicicleta desde el principio mantengo una estrecha comunicación con ellos y me informan de lo que sienten andando en ellas, recibo un feedback muy importante que me permite ir corrigiendo y ajustando un resultado final que da mucha confianza.
He basado el desarrollo de mis bicicletas en las peculiares condiciones de las carreteras que encontramos en nuestro país: muchos agujeros, adoquines, caminos de tierra,… he buscado que sean resistentes, muy versátiles y que tengan el mínimo de piezas especiales porque su producción es difícil y también porque facilitas poder conseguir repuestos en cualquier lugar. Mientras Estados Unidos y los países más desarrollados de Europa estaban en la carrera a la búsqueda de avances tecnológicos yo desarrollaba proyectos "low tech", con poca tecnología, utilizando los materiales que tenía a mi disposición. Ahora estamos en un proceso semi-industrial, trabajando con aluminio especial aeronáutico, haciendo pruebas con fibra de carbono y otros materiales. Optimizando el proceso de producción con cuestiones de diseño e ingeniería hemos conseguido producir algunas de las reclinadas más baratas del mundo, superando incluso a las taiwanesas.
- ¿Sigues alguna filosofía en el proceso de diseño y fabricación?
- Algo fundamental es que lo hago pensando en el individuo. No construyo la máquina para encajarle después una persona como puede ocurrir en la industria de la bicicleta si no que empiezo por la persona y a partir de ella desarrollo la maquina.
También me baso en el proceso productivo de los indígenas, es mi referencia tecnológica. Ellos construyen sus “ocas”, sus casas, para unos 5 años. En ese tiempo tienen que reconstruirlas y el proceso es acompañado por sus hijos que aprenden la tecnología y aportan algo nuevo traído por la creatividad de la juventud, ese proceso de reconstrucción de su entorno material y social es lo que llamamos “evolución de la civilización”, los indígenas lo hacen muy bien, de forma equilibrada con su medio. La “oca” de los antepasados, la de 20 años atrás no es la misma que la actual, ha habido una renovación. Toda la tecnología que desarrollan esta basada en el equilibrio y la renovación. Es un modelo que intento imitar.
Para más adelante he llegado incluso a pensar en trabajar con bicicletas hechas de bambú y madera, que son materiales que están más en línea con mi manera ecológica de ver el mundo. El equilibrio ecológico no es solamente usar materiales reciclables si no pensar también en una bicicleta que dure para siempre, aunque entre en conflicto con los conceptos capitalistas actuales de la producción y consumo desenfrenados que buscan productos con un corto tiempo de vida. Un coche antiguo por ejemplo funciona tan bien como uno nuevo y sirve para los mismos propósitos, llevar a una persona de un lugar a otro, pero para mantener el sistema hay que construir y consumir una gran cantidad de coches que duran poco tiempo, lo cual va en contra de la ecología.