Pero para complicar algo más las cosas, algunas aleaciones son tratables térmicamente, cambiando de manera importante sus propiedades. Concretamente, las de las series que nos interesan a nosotros son todas tratables.
¿Qué es exactamente el tratamiento térmico? Pues un ejemplo típico que todos hemos visto en alguna película es cuando el herrero mete la espada al rojo vivo del héroe de turno en un caldero de agua, enfriándola rápidamente y consiguiendo una gran dureza. En general, los tratamientos térmicos consisten en cambiar la microestructura del metal calentado, enfriando o manteniendo a una determinada temperatura de una forma controlada.
En el caso del aluminio, los tratamientos térmicos suelen involucrar varias etapas, que provocan distintas transformaciones en el metal: solubilización, precipitación, recocido, etc.
El tratamiento térmico se indica a continuación del número de la aleación, con una T y un número detrás, que indica el proceso que ha seguido. El habitual T6, por ejemplo, es un tratamiento de solubilización en caliente y envejecimiento artificial. No os preocupéis mucho de qué significan estos términos, lo importante es saber que este es el tratamiento térmico habitual de las aleaciones para cuadros de bici, y que con él las propiedades mecánicas mejoran notablemente. Estos tratamientos se hacen siempre después de soldar y alinear el cuadro, por lo que también sirven para eliminar las tensiones creadas durante la fabricación y que, de no eliminarse, darían lugar a fallos prematuros.
Aunque el tipo de tratamiento térmico sea el mismo, los tiempos, temperaturas, etc. de tratamiento varían según cada aleación, y están optimizados para lograr en cada caso las mejores características.
De nuevo, como con los tipos de aleaciones, no existen tratamientos "buenos" ni "malos", simplemente cada uno se utiliza para buscar unas propiedades determinadas. Todos los cuadros y componentes son sometidos a estos tratamientos por parte de los fabricantes, aunque no siempre lo indiquen. No tiene sentido no hacerlos. Así que no os preocupéis si en vuestro cuadro no viene ninguna "T" después de los cuatro números que identifican al material.
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El elemento mágico: el escandio
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Lo primero, permitidme comenzar por esto: su nombre correcto es escandio. El elemento químico con número atómico 21 y símbolo Sc se llama en español escandio, no “scandium”, “escandium”, ni nada similar, por mucho que algunas marcas (volvemos al tema comercial) se empeñen en lo contrario.
Otro elemento con efectos parecidos es el circonio (Zr), que ciertas marcas incorporan en las aleaciones que usan, aunque su efecto es menos importante que el escandio y está mucho menos extendido su uso para cuadros y componentes de bicicletas.
Las aleaciones de aluminio con escandio son una relativa novedad en el mundo de la bicicleta, aunque fue una innovación de la industria militar (cómo no) soviética hace más de 30 años.
Explicar cómo funciona y qué hace requeriría entrar en consideraciones sobre microestructuras, granos, etc. que van mucho más allá del propósito de este artículo. Simplificando mucho se puede decir que, con el procesado adecuado (soldadura, tratamientos térmicos, etc), la adición de escandio permite obtener en el aluminio ciertas microestructuras que resultan en mejores propiedades de resistencia. Lo que nos permite hacer paredes más finas y por lo tanto tubos más ligeros sin comprometer la resistencia. ¿Cuánto más ligeros? Eso depende del diseño en concreto del cuadro; por ejemplo, el fabricante Easton promete alrededor de un 10% de reducción de peso con respecto a la mejor de sus tuberías sin escandio. A cambio, el precio se incrementa notablemente, no sólo por el material en sí, sino también por el procesado más delicado y estricto que requieren estos tubos para “sacarles todo el jugo”.