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15/09/2005 - Amigosdelciclismo.com / JF
Álvaro Neil continúa su viaje por lo más profundo de África.
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Con bastantes más contratiempos de los que esperaba y con mucho más sufrimiento que lo que jamás soñó, el camino de la comandante Maxi, Álvaro y Cova sigue siendo largo y recto, más allá de cualquier confín.
El primero de los golpes que le esperaba era la Malaria. No por esperada es más sencillo de pasarla. Dice en su diario el día 10 de junio: “La línea recta no siempre es la mas interesante, y hay que aceptar los golpes del camino. El último no fue el llantazo de Kova, sino la Malaria. Una dura pero aleccionadora experiencia en la que pude navegar unos días por el camino del dolor y el amor de quienes me cuidaron. Ni siquiera querían que les pagara, me tuve que poner serio porque cuando uno puede debe hacerlo. Necesitan el dinero y yo no estoy pagando nada, porque salir del dolor no tiene precio.”
Estamos en Agbor. Álvaro se encuentra completamente agotado por la enfermedad y con muy pocos ánimos para espectáculos o para pedalear. El camino debe seguir.
En la parroquia donde lo acojen, Álvaro decide hablar con Ciclos Fran para –mientras recupera el cuerpo- que le den un curso acelerado de cómo reparar un llantazo como el que tiene en la rueda delantera. Ese mismo día, se pone manos a la obra.
El día 14 de junio, Álvaro decide reemprender la marcha, pese al incesante dolor de cabeza, debido a la fiebre y a esa Malaria que se resiste a marcharse, pese a los medicamentos que no cesan.
El primer día en ruta tras la malaria no fue peor de lo esperado. Unos 85 kms, y buenas sensaciones en las piernas y el resto del cuerpo. La lluvia que permaneció dentro de su nube y parece que el camino tampoco se puso muy exigente.
Llegó a Onitsha, donde decidió descansar, y –de paso- actualizar la información del diario. Lo más importante, como él mismo explica en el diario: ”Mi cabeza se ha librado del dolor, y mi memoria trata de recordar sin conseguirlo los poemas de Rosales que tan bien hacen al cuerpo como el paracetamol. Rosales te echo de menos, vuelve.”
12-Jun-2005. Álvaro escribe desde Kumba, en Camerún. Comenta lo siguiente: ” Hasta salir de Nigeria lleva su tiempecito. Hasta en tres libros escribieron mi nombre, y cinco personas curiosearon mi pasaporte. Les encanta la visa de Mauritania, porque no la entienden al estar escrita en árabe.
En Camerún un solo hombre resolvió el trámite. Solo tuvo que acudir al diccionario de ingles para buscar mi profesión. Nunca había oído eso de clown, pero al leerlo en el diccionario comenzó a reir.”
Álvaro declara en su diario que Camerún tiene sus “cuestecitas”, de, esas que te obligan a agarrarte al manillar…¡Qué miedo!
El día 25, Álvaro recibe en Douala (Camerún) “cosas” de España. Café, un espejo pequeño, un nuevo mapa de África y un par de cubiertas para Kova. En fin, como siempre, poco dinero y mucha utilidad.
Poco después, Álvaro vuelve a intranquilizarnos, contando que pasea por Camerún su segunda malaria, con fiebres altas, desgana y mucho malestar. Claro que la malaria debe ser como tener hijos. El primero da mucho trabajo, pero después uno ya se acostumbra a sufrir. Ha aprovechado para sacarse la visa para entrar en Gabón, que –finalmente- no costó nada gracias a la intervención de madame Solange de la embajada española en Gabón. Buena gente en el camino una vez más.
El envío de material ha sido más sabroso. Queso, fabada, unas increíbles ruedas montadas por la buena gente de DT Swiss…
El 15 de julio, espectáculo de clown en Bembís (Camerún). ¡Bien por Álvaro! Nunca se cansa de recavar apoyos para empujar al mundo a sonreir.
17-julio. Álvaro cumple 38 años. ¿En dónde mejor? Sabe que todos los que le seguimos estamos con él. Escribe lo siguiente: ”38 AMIGOS: No se trata de tener muchos. Lo importante es tener los que te corresponden. Hablo de la edad y de los amigos. Hoy cumplo 38. Afortunadamente amigos tengo más. Aquí en Yaoundé he incorporado unos cuantos más a mis alforjas. Más gente de buen corazón que aprovecha esta vida para ver puestas de sol. Ellos, los de la foto, son los que han compartido conmigo este especial día, al que el sol se ha unido tras quince días sin aparecer por la capital.
Otros muchos se han unido por internet enviándome mensajes y muchos más pensando un poco en África y su habitante temporal.
El gran regalo de hoy ha sido el dinero que habéis recolectado para enviar al Hospital de San Juan de Dios de Nguti en Camerún. [donde Álvaro pasó la primera malaria] Os agradezco a todos vuestra colaboración, que para mi es la demostración real, de que la ayuda más directa es la que llega. Sin burocracia, sin presupuestos que aprobar, sin estudios de campo, sin visitas al terreno...; tan sólo con buena voluntad. Gracias por convertir esta web en un puente humanitario.
También quiero agradecer a Alberto y Fátima su hospitalidad, que me impide marchar con tranquilidad. Me quedaría aquí mucho más, pero mi espíritu es viajero. También a Matías por haber dedicado su talento a grabar una película que seguro quedará lindísima. Y a todas las personas con las que he compartido estos días en Yaoundé, muchas gracias por su soplo para que pueda continuar mi camino. A estas horas Fátima debe estar haciéndome una rica empanada para que mañana pueda saborearla en la ruta.”
El día 29 de julio, Álvaro escribe desde Libreville (Gabón). Dice que se tarda 12 horas en llegar a Libreville, desde Yaounde en Camerún. Él ha tardado “doce dulces días”.
En Libreville, ha conseguido la visa para entrar en el Congo. Eso sí, esta vez sin suerte, y hubo que soltar los correspondientes 50 euros (¡¡menuda fortuna!!).
El día 7 de agosto, el titular del diario, asusta lo suyo. ¡¡Llegó la rotura!!. Camino de Lastourville, donde Álvaro llegó a la 1 de la mañana. Allí, al día siguiente, un soldador –de los buenos- le hizo un buen arreglo al maltrecho portabultos. La gente de los ferrocarriles de Gabón le recogió en el camino, y de paso le dio alojamiento mientras le reparaban el portabultos. No se puede pedir más.
El 20 de agosto, volvemos a tener noticias de Álvaro. ¡¡¡Otra malaria!!! Dice lo siguiente en el diario: ” No tengo ni idea de en que alforja llevo la energía para pedalear. Pero llegar aquí no ha sido nada fácil. Un país sin prácticamente agua potable. La gente recorre grandes distancias con una carretilla y bidones de 20 litros. De vez en cuando un camión cisterna recorre las diminutas villas para abastecer de agua.
He tenido que beber agua de rios de dudosa procedencia, tras darme un chapuzon en ellos. Pero que le vamos a hacer, el Congo es así.”
Al fin, ha podido llegar a Brazaville, la capital del Congo. Unos análisis le confirman que –efectivamente- otra malaria, está dentro de su hígado. Y van tres.
Pues a pasarla (mal). Fiebre, malestar, mucho medicamento y aprovechar el tiempo para sacar la visa de entrada a la República Democrática del Congo. Allí Álvaro aprovecha para escribir unas líneas en su diario.
” Llegue a las 11 y salí a las 15 con la visa. Pero en el camino, muchas fotocopias y contar mi historia hasta al florero sin flores.
Por fin la reunión con el cónsul. Todo bien, incluso hablo de visa gratis, pero luego introdujo la palabra reducción, es decir, casi gratis. Si la visa son 35.000 francos, lo dejaba en 25.000. Yo le contraataque con 15.000 y el respondió con 20.000. Firme el pacto con una sonrisa, pero le pedí que posara. No había problema, pero tenia que atender una llamada de un primo al que le termino encargando un poco de pescado para la cena a mi costa.”
El día 25 de agosto, Álvaro, ya con una sonrisa, dice que espera que la malaria se quede en Brazzaville, y que el cruce a Kinshasa. Ambas capitales están sumamente próximas, pero el cruce –según dicen- es de lo más peligroso del planeta. Todo el mundo intenta sacarte dinero o algo más.
El 26 de agosto…esto: “Sólo se que estoy aquí. Pero tendré que reflexionar mucho para saber como lo he conseguido. El cruce comenzó tranquilo y se complico un poco cuando me querían cobrar por la bici. Echaron mano del reglamento y efectivamente, tuve que pagar medio billete. El barco lo compartí con bastantes lisiados utilizados para transportar paquetes en sus sillas de ruedas. La travesía por el río Congo fue de media hora.
Los pasajeros se interesaron por mí y alguno hasta me invitó a un yogurt. Son gente muy amable pero se lo debo todo a mi bici. Ella es la protagonista y sin ella no sería yo más que otro blanco en África. Con ella mi respeto aumenta, dotándole de valor a mi viaje. La gran Kova se hace ganar amigos. Todos quieren una foto con ella.
Cuando llegué todo fueron amabilidades. Gracias a un contacto de ayer. El hermano de Joao, el portugués que encontré en Ollombo, se llama Alexandre. Es un tipo de una gran sencillez, casado con una congoleña de sonrisa luminosa. Ayer cene con ellos. Su hijo nació el mismo día que yo salí de España en mi periplo. Gran coincidencia.”
Obtener la visa para entrar en Angola, no iba a ser fácil, así que lo mejor era aprovechar la estancia en la capital de RDC para obtenerla. La visa SOLAMENTE se puede solicitar los miércoles, y se retira el viernes. Pero el viernes de la siguiente semana, y previo pago de 50 dólares. Evidentemente, eso no podía ser. Tras un increíble periplo por la embajada, la cosa se ponía fea de verdad. “Imposible hablar con persona alguna que decide la tramitación. Puede que deba estar en esta ciudad 12 dias para obtener ese sellito en una pagina de mi pasaporte.”
Al final la intermediación del embajador de España en Angola, suaviza un poco las cosas. Pero Álvaro tiene que visitar la embajada de España y seguir rellenando papeles y más papeles aunque sólo sea para solicitar una audiencia. ¡¡¡¡Un poco de humanidad por favor!!!!.
El día 31 de agosto, mientras Álvaro caminaba a la embajada de Angola a ver si ¡por fin! encontraba su visa, le ocurre lo que cuenta en su diario:
Cuando caminaba esta mañana por la ciudad rumbo a la Embajada de Angola, he vivido una de esas experiencias donde la suerte en parte, y la habilidad por otra te salvan del peligro. Un policía en un coche particular se detuvo para pedirme el pasaporte. En español le dije que no, una y otra vez. Pero el insistía. Y yo seguía con mi español. Hasta le di una receta de cocina. Tras diez minutos de conversación sin entendimiento me dejo en paz. Si le hubiera entregado el pasaporte, aun no lo habría recuperado. Es una de las normas para un viajero en Kinshasa: no des el pasaporte ni a tu hermano.”
Al final, la visa en el pasaporte. ¡¡La suerte está de su lado!!
El día 1 de septiembre, parte para Angola, con la intención de estar en Luanda, la capital en unos 15 días.
Y aquí dejamos a Álvaro, contando las malarias como los balazos un vaquero. Un tipo con valor, con suerte y con muchas ganas de contagiar optimismo.
Muy pronto le veremos por las páginas de Amigosdelciclismo.com otra vez.
© Amigosdelciclismo.com
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