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29/08/2012 - Redacción / JG
El alemán Degenkolb vence con autoridad manifiesta la 10ª etapa de la Vuelta. Rodríguez sigue manteniéndose líder
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En las tierras gallegas, la Vuelta ha obsequiado y obsequia a sus aficionados con la celebración de nada menos cuatro etapas consecutivas, un dato que de por sí nos parece muy desprendido y halagador. Todo un homenaje a favor de sus gentes. La jornada, sin embargo, dio muy poco de sí ateniéndonos a sus incidencias, salvo el anotar la gesta de última hora protagonizada, una vez más, por el ciclista germano John Degenkolb, que se impuso sin reparos en la llegada a Sanxenxo.
Entre velocistas no hay vuelta de hoja
John Degenkolb es un ciclista ya familiar tras esta victoria, la cuarta, que logra en la ronda española, sobre todo tomando en consideración su edad. En Sanxenxo, no hubo dudas, ganó como quiso, sin sombra, sin apenas adversarios ante el empuje rutilante sobre los pedales. Los únicos que en realidad trataron de frenar su ímpetu tan desenvuelto fueron el francés Nacer Bouhanni, un ciclista nuevo que entra en esta ruleta de la velocidad, y el italiano Daniele Bennati, un oponente conocido en estas lides que hasta ahora no ha sido capaz de torcer los resultados. Oportunidades ha tenido, pero sin el éxito deseado, sin poder redondear su esfuerzo. El ciclista germano inscribió su nombre en Viana, término de la 2ª etapa, siguiendo la buena racha en Logroño (5ª), en Alcañiz (7ª) y, ahora, acaba de conseguirlo en Sanxenxo (10ª).
Todas estas prestaciones que tildamos de brillantes y continuadas llevadas a cabo por Degenkolb, este velocista perteneciente a la primera generación, con tan sólo sus 23 años a cuestas, nos dan a entender que tiene ante sí un porvenir más que esplendoroso, aquilatando sobre todo su edad. Ya habíamos afirmado con anterioridad que esta ronda española adolecía por la falta o ausencia de varias figuras relevantes, especialistas en este género de llegadas, en donde el triunfo se juega a una sola carta frente a un gran grupo desbocado, que afronta un alto riesgo en virtud de las velocidades que se imprimen para lograr la victoria, una victoria a fin de cuentas muy codiciada. En una prueba de largo kilometraje todas las etapas cuentan, puntúan, incluso las calificadas como más intrascendentes, tal como ha acontecido hoy y comentado en estas páginas. Muy poca historia y emoción en el transcurso de la misma.
Los ciclistas audaces no faltaron
En esta etapa de simple transición corrida en la provincia de Pontevedra, hubo una escapada que se produjo, acto seguido, una vez dada la salida. Los protagonistas fueron el ciclista navarro de Pamplona, Javier Aramendía, que lleva varios días dándose a conocer en esa clase de escaramuzas, acompañado por el veterano Adrián Palomares (36 años), natural de la localidad de Carcaixant, que se localiza de la provincia de Valencia. Así anduvieron los dos, salvando kilómetros más kilómetros, hasta que el gran pelotón, un conglomerado muy exigente a la hora de controlar, decidió dar por zanjada aquella aventura para dar paso a los velocistas, que en una etapa de aquellas características, la décima, sin montañas y con algunos repechos tan sólo. La situación cambió de dueños sobre el asfalto de la carretera.
Si mal no recordamos el intento se esfumó cuando restaban en el haber 33 kilómetros para cruzar la línea blanca de llegada de Sanxenxo. El tren, impulsado por los ciclistas, se avivó en gran manera y lo único que se deseábamos en nuestro fuero interno era que no hubiera una de esas caídas fortuitas e inesperadas que suelen producirse ante el imperativo de la velocidad. Los condicionantes estaban allí: una carretera más o menos estrecha y un grupo amplio de corredores, apretujados unos contra otros. Algo así como un centenar de unidades como mínimo. El riego estaba allí. Por suerte la fiesta terminó felizmente y desaparecieron nuestros temores.
Ya hemos dicho que la etapa no tuvo apenas interés. Lo más atractivo de la etapa fueron los bellos paisajes que presenciamos en aquellos entornos que encierra Galicia, con un encanto especial cumplimentado por sus mil colores. Magníficos rincones, con playas atractivas diseminadas por doquier y una arboleda un tanto variada en donde sobresalían por encima de todo los populares eucaliptos, cuyos orígenes, retrocediendo a otras épocas de antaño, procedían de Australia.
De nuevo con las cartas al descubierto
La clasificación general, naturalmente, no quedó apenas alterada tras esa décima etapa de transición. La tabla quedó casi tal como estaba en la vigilia. Joaquín Rodríguez, un día más, continúa en posesión de la camiseta roja que distingue al líder de la prueba, un honor que perdura y que no le abandona. Ahora, a la vuelta de la esquina, tenemos ante sí la undécima jornada, la etapa individual de contrarreloj, con sus 40 kilómetros, en cuya mitad de recorrido se alza una ascensión un tanto peculiar, denominado Alto de Castrove, de 490 metros de altitud, de tercera categoría, un estorbo no corriente en un sector de esta índole en el cual están implicadas las manecillas del reloj.
Puede constatarse que la carretera va ascendiendo en este puerto por espacio de una decena de kilómetros, aunque en ciertos trazos disminuye su pendiente notablemente. Esta etapa, lo decimos, es sumamente importante y de seguro que tendrá su influencia cara a la clasificación absoluta, aunque la tutela básica de la Vuelta se centra en los grandes puertos que se avecinan. El sector de contrarreloj alterará los primeros puestos de la clasificación. Este creemos. El británico Christopher Froome podrá probablemente imponerse, pero esta cuesta que se levanta a mitad del recorrido a lo mejor incide negativamente en el pronóstico.
Alberto Contador, que poco a poco va encontrando su ritmo, podría trastocar la situación. Su pedaleo explosivo a lo mejor se acopla a la configuración del terreno, aun no siendo un especialista nato del cronómetro. Otra incógnita es saber cómo se comportará Joaquín Rodríguez, propietario actual de la elástica roja, que tendrá a su favor esta montaña que hemos señalado más arriba. Suele defenderse con soltura un tanto explosiva. El rodar en solitario, todos lo sabemos, no es lo suyo; no es su arma preferida. Son las incógnitas a dilucidar en esta etapa, repetimos, tan singular que está al caer.
Interés no faltará entre los miles y miles de aficionados que siguen de cerca las vicisitudes de esta Vuelta a España. De Cambados a Pontevedra las cartas volverán a estar al descubierto. Cara arriba, sin esconder la realidad del momento.
Gerardo Fuster de Carulla es colaborador del portal Amigosdelciclismo.com, autor de varios artículos sobre historia del ciclismo y comentarista de las grandes citas del calendario anual de competición.
© Amigosdelciclismo.com
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