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    Amigosdelciclismo.com > Rutas > Asturias > Picos de Europa > 3/4

Al contrario que en otras rutas que he realizado, en esta no he puesto una atención especial en la realización de un "rutómetro" ni en ser especialmente preciso en la anotación de las distancias. No he tenido en cuenta pequeños desvíos para tomar una foto, acercarme a una fuente o recorrer las calles de un pueblo. Pero tal falta de precisión se explica porque ésta es una ruta en la que es prácticamente imposible despistarse. Normalmente nos encontraremos con que hay un sólo camino que seguir y, en caso de desviaciones, los mapas son lo suficientemente claros.

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Mirador de Piedrashitas. Según nos acercamos a Posada de Valdeón, admiramos el Macizo Central en su esplendor.
Km. 0.00 (930 m.) Salimos de Posada de Valdeón con dirección a Caín por el PR-LE.7.C, la Ruta de la Ermita de Corona. También podríamos llegar a Caín siguiendo la carretera, pero de esta forma nos evitamos al menos unos kilómetros de asfalto. El Sendero lo empezamos dejando la Casa Consistorial de Posada a la izquierda, bajando por una calle por la que llegamos enseguida a un pequeño puente sobre el río Cares. Una vez cruzado el puente giramos a la derecha y enfilamos un agradable camino flanqueado de vegetación. Por la derecha dejamos un pequeño embalse casi nada más salir de Posada, el pueblo de Los Llanos y, más adelante, Cordiñanes. Durante casi 3 Km. el camino es llano, en ligera bajada; sólo cuando nos acercamos al Mirador del Tombo la pendiente aumenta en un divertido (aunque corto) descenso.

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Mirador de El Tombo. Vale la pena empezar pronto la ruta. Hay amaneceres que tienen magia.
Km. 3.38 (830 m.) En el Mirador del Tombo la estatua de un rebeco, símbolo de los Picos, saluda nuestra llegada. La vista desde aquí es espectacular: no muy lejos, hacia el norte, se abre la Ruta del Cares encajada entre las montañas, y si hemos salido pronto y el sol apenas a comenzado a despuntar, el juego de luces y sombras del amanecer sobre las rocas será un premio añadido. En el Tombo sí que tenemos que tomar la carretera que lleva a Caín, y con mucho cuidado: el estado del firme es pésimo, con muchos baches, la pendiente es bastante fuerte, sobre todo en las primeras curvas, y tampoco es raro encontrarse con un coche, o lo que es peor, con un todo-terreno (¡con lo que ocupan!). A unos 2 Km. del Tombo, al lado izquierdo de la carretera, encontramos el Chorco de los Lobos, un cercado de piedras en forma de embudo utilizado antiguamente para cazar lobos. La carretera sigue hacia Caín, siempre en mayor o menor descenso, siempre pegada al Cares, normalmente por la orilla izquierda, aunque en un pequeño tramo, casi al final, iremos por la derecha.

Km. 9.16 (450 m.) Llegamos a Caín, último pueblo de León y puerta de entrada a la Ruta del Cares. Caín, como gran parte de los pueblos de esta zona, ha perdido parte de su identidad con el paso de los años; pero el lugar en el que se encuentra es tan maravilloso que casi se puede perdonar cualquier cosa. Además, cuando hice esta ruta (Junio de 2000) estaban "de reformas": empedrando las calles, arreglando algunas casas, etc.

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Tuneles en la Ruta del Cares. El primer recorrido por la Garganta es tenebroso, con ocasionales 'balcones' abiertos en la roca viva.
Varios carteles nos guían hacia el principio de la Ruta del Cares. Nada más salir de Caín por un estrecho sendero llegamos a un puente por el que cruzamos un pequeño embalse. Y allí delante, a no más de doscientos metros, empieza la Garganta del Cares, "la Divina", tan estrecha que se diría que la roca ha sido cortada con un cuchillo. Volvemos a cruzar el río, esta vez sobre el muro del embalse, y entramos en la zona de los túneles tallados en la roca viva. Son muy bajos, el suelo irregular está permanentemente húmedo y la visibilidad es mínima (sobre todo a primeras horas de la mañana)... conclusión: es mejor apearse y recorrerlos andando. Un poco más adelante volvemos a cruzar de nuevo el Cares; primero de izquierda a derecha por el Puente de los Rebecos, para luego volver a la margen izquierda, que ya no abandonaremos, por el Puente Bolín. Sólo un kilómetro más atrás, en la presa de Caín, estábamos a la misma altura que el río; ahora, en cambio, circulamos por un sendero poco más ancho que el manillar de nuestras bicicletas y a una altura realmente respetable. Hay que extremar las precauciones: cualquier despiste, cualquier maniobra extraña puede acabar en tragedia; y esto no es ninguna exageración.

Km. 12.91 (440 m.) Cruzamos entre los restos de una antigua cancela en medio de un pequeño túnel excavado en la roca: es la divisoria entre León y Asturias, nuestro primer cambio de provincia. El camino ha ido mejorando muy ligeramente, el firme sigue sin ser muy bueno, pero al menos es algo más ancho. También el paisaje va cambiando: la Garganta es ahora menos angosta, y podemos apreciar mejor la altura de las montañas que nos rodean; estamos a unos 400 metros, pero ahí, casi a nuestro lado, varios picos pasan con holgura de los 2.000 metros. Estamos en terreno de cabras y rebecos. Y allí abajo, puede que a cien metros o más, el Cares, cada vez más rápido, cada vez con más agua. Y también tendremos agua a nuestro lado, pues el canal de la Eléctrica del Viesgo nos acompañará durante gran parte de la Ruta del Cares. Un agua limpia, fría, un regalo para los días de calor; pero cuidado con la corriente: es muy fuerte.

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Las Cuestas Divinas. La única dificultad seria de la Ruta del Cares. Una idea de lo que nos espera más adelante.
El camino, aunque con algún que otro pequeño repecho, es siempre en ligera bajada. Bueno, al menos es así hasta que llegamos a las Cuestas Divinas, a poco más de 3 kilómetros de Poncebos. Es apenas un kilómetro de subida hasta llegar a Los Collados, y el desnivel que hay que vencer no llega a los cien metros; pero el mal estado del terreno dificulta mucho la subida. Cuando llegamos a las ruinas de unas casas comenzamos a bajar; y si el camino era malo para subir, la bajada es peor: una trialera de más de un kilómetro, con tramos donde encontraremos auténticos escalones tallados en la roca; y además, a la dificultad de la bajada hay que unir que el número de caminantes con los que nos cruzaremos es cada vez mayor. El camino es estrecho y hay que compartirlo, echar pie a tierra y facilitar el paso de los que vienen andando es una forma muy fácil de quedar bien. La bajada termina un poco más adelante del Puente de la Jaya, desde donde parte el sendero que llega a Bulnes. De aquí a Poncebos hay algo más medio kilómetro, ya todo por asfalto.

Km. 20.26 (218 m.) Es tradición que la Ruta del Cares se acabe (o empiece, según se mire) en Puente Poncebos; pero en nuestro caso no será así, nos desviaremos unos 300 metros antes, tomando la carretera que lleva a Sotres cruzando el Cares por el Puente Torbanes, donde desemboca el Duje. Nada más cruzar el puente podremos ver uno de los extremos del túnel del funicular de Bulnes, una obra ciertamente polémica a la que muchos acusan de ser un atentado contra los Picos. La carretera, que sube siempre pegada al río, tiene las rampas más duras en las dos curvas cerradas del principio, para luego suavizarse ligeramente; pero, aun así, la pendiente media a lo largo de varios kilómetros se mantendrá cercana al 8%. Por suerte, el asfalto es bueno y no tiene mucho tráfico; los únicos lugares en los que hay que tener algo más de precaución es en los túneles de los tres primeros kilómetros.

Km. 25.91 (670 m.) Pasamos por Tielve. Poco antes de entrar en el pueblo hemos dejado por la derecha un precioso puente de piedra y un antiguo molino, casi cubiertos por la vegetación. En Tielve podemos ver lo mismo que ya vimos en Caín, e incluso en Posada: casas antiguas, algunas reformadas, junto a otras más modernas de dudoso gusto; por suerte, se nota en las últimas construcciones una mayor preocupación por intentar recuperar cierto estilo "montañés", seguramente no autóctono de estas tierras, pero al menos mucho más agradable a la vista que unas simples paredes de cemento. Una vez pasado Tielve la carretera comienza a girar hacia el sur. Se agradece el que la pendiente media disminuya algo, hasta un poco menos del 6%; pero por contra, y dada la dirección que llevamos, tendremos al sol de cara y con muy pocas sombras que nos protejan. El valle se va abriendo según subimos, la sensación de ir encerrados entre paredes de roca desaparece, el paisaje entero se ensancha. A nuestra derecha el río Duje discurre ahora a casi cien metros más abajo, y sobre él se levanta la Peña de Maín, una masa rocosa separada del resto Macizo Central por el Collado de Pandébano y el angosto valle del río Bulnes.

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Mirando atrás. Vegas de Sotres. Cada vez menos camino por delante.
Km. 30.86 (935 m.) Llegamos a una curva hacia la izquierda, muy cerrada y en fuerte subida; por ahí se va a Sotres, pero nosotros tenemos que abandonar la carretera en este punto y seguir por la pista que sale de frente en una suave bajada. A nuestra derecha, al otro lado del río, podremos ver la pista que sube en zigzag desde los Invernales del Teju hacia el Collado de Pandébano. Poco después pasamos junto a los Invernales de Cabao, desde donde el camino, poco a poco, comienza de nuevo a ascender. La pista es ancha y está en buen estado, las frescas aguas del Duje fluyen de nuevo a nuestra altura, sobre nosotros se levantan picos de más de 2.000 metros..., todo ello hace que este sea un tramo que hay que disfrutar.

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Las Vegas del Toro. Un buen lugar para reposar. Nos espera la subida a los Puertos de Áliva.
Km. 34.28 (1.060 m.) Tras cruzar las someras aguas del Duje, y al pie del Pico Escamellau, están las Vegas del Toro, una de las más importantes majadas de los Picos. Conviene que nos refresquemos y cojamos agua en la fuente cercana, pues a partir de aquí nos esperan un tramo muy duro: la subida a los Puertos de Áliva. En cuanto dejamos atrás las Vegas del Toro el camino empeora bruscamente: se hace más estrecho, hay mucha piedra suelta y, además, el desnivel aumenta considerablemente (en poco más de un kilómetro subiremos más de 200 metros). En plena subida volvemos a cruzar el Duje por un pequeño puente de piedra, que antaño no era más que un vado, el Bau Jurniello. A partir de aquí iremos siempre por la margen izquierda del río, pero cada vez más lejos y más altos, por lo que ya no nos será posible refrescarnos en sus aguas. La subida sigue siendo dura, áspera, de esas que nunca se dan acabadas. Así llegamos al mojón que desde antiguo se llama Piedra Llé, junto a la Raya Provincial, la divisoria entre Asturias y Cantabria. Pasamos por una cancela.

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La Raya Provincial. Divisoria de Asturias y Cantabria.
Abierta en una cerca de alambre que asciende desde los dos lados del camino: por la derecha sube por las laderas del Pico Escamellau, por la izquierda lo hace por las del Pico Cortés. Esa cerca no deja de dar una sensación de inutilidad; de acuerdo, puede que su razón de ser sea la de limitar los movimientos del ganado, pero sigue pareciendo que alguien a querido "poner puertas al campo". No hay allí ninguna garita, y tampoco guarda al que tengamos que dar razón de a donde vamos. Sólo es una valla que tiene una puerta que hace muchos años que no ha sido cerrada. Ya en Cantabria comenzamos a remontar la Llomba del Toro, una antigua morrena glaciar que divide el valle en dos como si se tratase de una cuña. A lo lejos, camino arriba, podemos divisar el Castillo de la Llomba, que no es tal castillo, ni ningún otro tipo de construcción hecha por los hombres, sino una enorme roca que el hielo empujó hasta allí en tiempos remotos.

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El Pico Cortés (2.379 m). Un muro sobre las praderías de Áliva.
Cuando llevamos recorrida aproximadamente la mitad de la Llomba hay que estar atentos, pues un pequeño sendero sale por la izquierda hacia la zona de pastos que podemos ver más abajo, las praderías de Campo Mayor. Se agradece circular otra vez por terreno más o menos llano, por un camino de tierra en lugar de por otro lleno de piedras. Eso sí, no estaremos solos... centenares de cabezas de ganado pastan en estos prados: ovejas, caballos, vacas, alguna cabra; al principio causa un poco de respeto pasar a su lado, pero pronto nos daremos cuenta de que para ellos no somos más que una curiosidad, un extraño animal que tiene ruedas en lugar de patas.

Km. 38.85 (1.480 m.) Tras una suave curva a la izquierda para rodear la loma llamada Mesa Bajera, aparece ante nosotros la Ermita de la Virgen de la Salud, más conocida como la Santuca de Áliva". Hacia el oeste se levantan las grandes paredes de roca de Peña Vieja y Peña Olvidada y hacia el este las cumbres, algo más modestas, del Macizo de Ándara.



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Amigosdelciclismo.com
Texto y fotos: Juan M. Villa Álvarez
Fecha de realización: junio de 2000
Fecha de publicación: noviembre de 2000


 
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