|
La tentación era demasiado grande: fin de milenio, Año Santo, primavera... Casi sin pensarlo hemos engrosado la "legión jacobea" y nos hemos lanzado con nuestras bicicletas a recorrer el Camino de Santiago. A continuación tienes el relato de lo que ha sido un viaje inolvidable. Una experiencia totalmente recomendable, aunque... te puedan asustar las multitudes.
Este es el diario de ocho días en el Camino de Santiago.

Perfil de la ruta
|
18 de mayo del año Jacobeo de 1999: Un prólogo accidentado
|
En Madrid amanece un día oscuro y lluvioso, un mal presagio considerando que nos dirigimos al Pirineo Navarro y que por allí la meteorología será aún peor que en la Meseta.
El trayecto Madrid-Pamplona lo realizamos (con las bicicletas incluidas) en un mega-autobus de la empresa Continental Auto: amplios asientos, radio y vídeo con auriculares, WC… en serio. Fue un viaje relajado sobre todo teniendo en cuenta que en el exterior de la "plácida burbuja" que nos llevaba a nuestro destino, la meteorología seguía siendo calamitosa. De Pamplona hasta Roncesvalles contamos con un cicerone de lujo: Michel Castillo, un amigo al que sólo conocía de "chatear" en una lista de noticias de ciclismo en Internet, una especie de cita a ciegas que resultó ser muy acertada.
Llegados a Roncesvalles, la climatología mejora. Solucionamos el alojamiento en el Albergue Juvenil del Gobierno de Navarra ya que el de Peregrinos está lleno y expresamente vetado a los ciclistas.
Como la tarde es relativamente soleada, decidimos por recomendación de todos (Michel incluido) bajar hasta Saint Jean Pied de Port sin el peso de las alforjas para sellar la primera casilla de la credencial del peregrino en el albergue de la célebre señora Jeanne Debril. Parece una empresa fácil: 25 kilómetros de bajada a "todo tren" y otro tanto de subida. Son las 18:15 horas... primeras dudas....¿Vamos un poco ajustados de tiempo, no?. Aquí sobreviene el primer gran error del viaje: Bajar un puerto por carretera también cuesta trabajo. Empleamos más de 1 hora 15 minutos en el descenso y cuando ya es demasiado tarde para regresar, tomamos conciencia de que la subida será "un infierno" como decía Rambo. La señora Debril sella el primer casillero de nuestra flamante credencial y al salir del albergue comprobamos que en Francia a las 20:00 no hay ni un cristiano por la calle. Unas nubes negras cierran el horizonte y adelantan la llegada de la noche. Llaneamos a buen ritmo hasta regresar a la antigua frontera y de nuevo en Navarra, el empleado de una gasolinera (donde paramos a comprar todo lo que supiera a dulce) nos ilumina cual enviado del Apóstol Santiago: En Valcarlos hay un taxista con furgoneta. Dicho y hecho, cuando aún quedan 18 kilómetros de subida llegamos a esta localidad justo cuando empieza a descargar sobre el valle un chubasco histórico. Andoni, el taxista resulta ser un antiguo camionero muy enrollado. Nos introduce en la confortable furgoneta y ascendemos el resto del puerto sanos y salvos de las inclemencias meteorológicas. Cuando llegamos a Roncesvalles es noche cerrada y llueve de un modo insultante, Andoni nos comenta que aparca la furgoneta -sí queremos- unos metros antes del albergue para evitar la vergüenza de llegar vestidos de corto y con las bicis… pero en coche. Carcajadas: la verdad nos da igual, a fin de cuentas es una "etapa prólogo" pero un tanto accidentada.
<<< Volver Seguir >>>
Autor: Miguel Ángel Delgado, con la colaboración de Paco Reina Alba.
Fecha de publicación: Octubre de 1999.
Ruta igualmente publicada en el nº 87 de la revista Bike a Fondo (julio de 1999).
|