Madrugamos, pero no tanto como los "peregrinos pedestres" que nos despiertan a partir de las 5:00 de la madrugada con una serie de ruidos que nos terminarán siendo habituales: chirridos, bolsas de plástico, pasos y algún coscorrón. Hasta Santo Domingo de la Calzada circularemos por deliciosos caminos rurales. El campo agradece las últimas lluvias de la primavera.
El tránsito de peregrinos es incesante pero aún no hay demasiados ciclistas, exceptuando a Vicente, un chaval de Ibiza con el que coincidimos en varias ocasiones. A pesar de que el Camino es ciclable en su totalidad, lo alternaremos con tramos de asfalto para ganar tiempo y llegar a Villafranca Montes de Oca antes de la comida. Estamos a los pies de la subida a la Pedraja, este tramo era muy temido por los peregrinos medievales a causa de lo indómito del paraje lo que favorecía la presencia de ladrones. Para quitarle dramatismo a la subida, y como llevamos bastantes kilómetros en las piernas, decidimos comer. Se suele decir que en los pueblos donde paran los camioneros es por que dan bien de yantar. Pues bien, calculando por lo bajo en Villafranca debía haber como 50 trailers aparcados a la puerta del restaurante "El Pájaro". Esta evidencia nos hace decidirnos a comer "de menú" en este sitio, un error que a Paco le costó echar pie a tierra más de lo que hubiera deseado debido a lo abundante de las raciones. Comemos, un tanto aturdidos por el humo de los "Farias" y por el rugido de las conversaciones de los camioneros. La tele está puesta pero el ruido la hace inaudible: por las imágenes, deducimos que el conflicto de Kósovo aún no se ha arreglado.
La subida por el Camino a los Montes de Oca ha de iniciarse a pie. Tras pasar la fuente de Mojapán se alcanza un páramo solitario y misterioso. San Juan de Ortega es paso obligado en dirección a Burgos. Vicente, el ibicenco, decide quedarse aquí a dormir (aún no sabíamos que el hospitalero de este lugar tiene costumbres un tanto cuarteleras).
Hasta Burgos hay tres opciones y seguimos la opción más bonita, pero quizás la más dura. Pasaremos por Atapuerca, la cuna del hombre europeo, dicen que por estos lugares convivían Cromagnon y Neanderthal, aunque esta coexistencia no debió ser demasiado buena ya que de estos últimos nunca más se supo (¿un Kósovo de hace 40.000 años?).
Por fin Burgos: bullicio de viernes por la tarde y un albergue en pleno parque público, con plazas libres. Llegamos a contabilizar en el albergue hasta 14 bicis entre modelos de montaña y carretera. Cenamos en un sitio llamado "Casa Gloria" -gran menú- y a la cama. En total debemos ser unos 120 peregrinos, Todo un recital de ronquidos.
En la galería de personajes curiosos de la jornada destaca un chaval que va literalmente "con lo puesto" en una bici de carretera. Su equipación consiste en chubasquero, riñonera pequeña y una bolsa de herramientas. Con esta indumentaria ya fue visto en Pamplona. Además, conocemos a un dicharachero tarraconense, también en bici de carretera y que debido a una promesa, realiza el Camino por cuarta vez consecutiva (éste al menos lleva una pequeña mochila). En cuanto a las nacionalidades, el albergue de Burgos es una torre de Babel: franceses, alemanes, norteamericanos, etc. Pero si hemos de destacar a un colectivo por encima de todos, este es el de los brasileños, una auténtica invasión tropical en busca de la Compostela.
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22 de mayo de 1999. Burgos-Calzadilla de la Cueza. Páramos y llanuras
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La mañana nos obsequia con frío intenso pero el cielo parece estar despejado. Desde Burgos los caminos son transitables. El campo está precioso, las amapolas tiñen la verde inmensidad del cereal y algunos charcos del Camino rompen la monotonía del pedaleo. Sin embargo, esta misma zona en verano debe ser un auténtico horno. Aún no podemos desayunar ya que es pronto para que los bares estén abiertos. Logramos recuperar energías por fin, en un hospitalario bar de la localidad de Hornillos del Camino. Las bicis apoyadas en la puerta del establecimiento hacen de reclamo y al poco el local se llena con los peregrinos a pie que poco antes habíamos adelantado.
Desde aquí lo habitual serán llanuras y ascensiones cortas a páramos hasta Castrogeriz. Un poco antes de esta localidad, en Hontanas, es visita obligada el mesón de Victoriano, otro personaje de la peculiar galería compostelana. En Castrogeriz conoceremos a Pepe y Paco, dos ciclistas "sesentones" de Alcalá de Henares a los que no perderíamos de vista hasta Santiago. A la salida de esta localidad evitamos la durísima subida al cerro Mostelares rodeando por un pueblo llamado "Castrillo Matajudios" (un topónimo un poco antisemita ¿no?). Antes de Llegar a Frómista disfrutaremos de un rápido tramo de Camino junto al Canal de Castilla, una vieja arteria fluvial en una tierra de tan escasa vocación marinera como Castilla.
Hasta Carrión de los Condes, Camino y carretera se solapan, pero una sabia decisión ha hecho que existan unos espléndidos "andaderos" junto a la carretera algo así como un "carril peregrino" apto y muy recomendable también para la bici de montaña. Cae la tarde y tan sólo nos queda por realizar el tramo desde Carrión de los Condes a Calzadilla de la Cueza. Se trata de una inmensa y solitaria llanura atravesada por una pista de arcilla en la que es fácil alcanzar los 30 Km/h. Calzadilla es un humilde pueblo castellano de casas de adobe pero que cuenta con un digno refugio gracias al tesón del dueño del hostal "Camino Real" que además nos ofrece un generoso menú del peregrino por 900 pesetas. La "dormida" es todo un lujo: apenas somos seis personas en una habitación para 25 camas.