Dejamos la tranquilidad del albergue de Cacabelos para "calentar" bielas por el asfalto de la N-VI. Villafranca del Bierzo es el "campo base" para atacar la vía "directa" al Puerto del Piedrafita. Os puedo asegurar que a estas alturas de la mañana no sabemos aún como afrontar tan importante cima ciclista. El hospitalero de Villafranca (un chaval muy peculiar) nos dice que debemos ir por la antigua N-VI, unos ciclomontañeros de Ciudad Real nos dicen que hay que subir por la "Faba" (un nombre que ya no se me olvidará) y los "superabuelos" de Alcalá de Henares tienen claro que subirán todo el puerto por la actual N-VI. Un conductor de autobús de una excursión se suma a la polémica y aporta un dato escalofriante: la carretera está en obras y llena de bulldozers, excavadoras, camiones, andamios y voladuras controladas. Por mi parte, sospecho que Paco (mi compañero de viaje) quiere subir por carretera.
A mi, el nombre de la "Faba" me resulta muy sugerente. A la salida de Villafranca, comenzamos a ver a los integrantes de una tribu que a partir de ahora será habitual en el camino, se trata de grupos de ciclistas cuyas bicis viajan la mayor parte del tiempo en el techo de flamantes furgonetas de apoyo. Una furgoneta blanca de alquiler con matricula de Madrid se llevó el premio ya que la vimos al menos diez o doce veces desde aquí hasta Santiago, siempre con las bicis en los portabicicletas. A los ciclistas no los vimos jamas. El premio a la cara más dura se lo llevó una furgoneta mercedes de color amarillo (matriculada en una provincia astur) que iba cargada de "ciclistas" enfundados en maillots del mismo color que la furgoneta. Estos elementos no subieron jamas ningún puerto, en realidad creo que tampoco bajaron nunca ninguno. Yo creo que no debieron sumar ni un solo kilómetro, pero estaban siempre en todos los bares de los puertos y demás hitos del Camino: Piedrafita, El Poío, etc, comiendo huevos fritos, hablando por teléfono móvil con sus "parientas" y ¡arreglando pinchazos!
Bromas aparte, Piedrafita ha de ser subido por la Faba, todo un poema de cuestas, carreteras rurales, fuentes, prados y sobre todo mucha paz. La N-VI se abandona para seguir por la antigua carretera pasando por Ambasmestas, Vega, Ruitelan, Herrerias, Hospital y desde aquí tomar el desvío a la Faba. Si vais con bici de cicloturismo o no queréis hacer un tramo a pie, no necesitáis llegar a la Faba: giráis un poco antes a la derecha dirección "La Laguna" y alcanzáis la localidad de Laguna de Castilla. Desde este punto, en un tramo común con el Camino, ascenderemos unas fuertes rampas hasta O Cebreiro. Nosotros, arrastrando a duras penas nuestras bicis ascendimos por el camino rural de la Faba a Laguna. Coronamos O Cebreiro casi al mismo tiempo que los de la Mercedes amarilla. Deben estar fatigados porque llevan los portones laterales del vehículo abiertos. De su interior no sale ni un saludo ni una sola palabra de ánimo, estos sólo deben abrir la boca para comer.
Galicia: Qué os voy a decir... una maravilla. Desde Triacastela a Sarria, si vais con bici de montaña, deberíais utilizar el camino que discurre por Balsa, San Xil, Riocabo, Fonteacurda, Zoo.... hasta Sarria. Es uno de los caminos rurales más bonitos que jamas hemos hecho. Es el "Bosque Animado", el genuino espíritu gallego: robledales, ríos, musgo, hiedras, hórreos... nunca volveremos a ver nada igual.
Lo mejor del día está por llegar, no hay sitio en los albergues y por casualidad terminamos alojados en una casa rural de la aldea de Rente a escasos 4,5 kilómetros de Sarria y en la margen del Camino. El edificio es muy bonito, tiene muros de granito, techo de negra pizarra, hórreo, corral, vacas, gallinas y una enorme extensión de prados. Nos ofrecen una gran habitación doble con suelo de tarima de roble y muros de granito visto, además nos dan de cenar y desayunar, todo por apenas 6.200 pesetas.
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26 de mayo de 1999: Rente-Arca (La Coruña). Esto se acaba
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Penúltimo día de viaje. La primera parte de la jornada discurre por caminos rurales, pero el barro y la aglomeración de peregrinos a pie nos empujan de nuevo a la carretera. En Portomarín se atraviesa el valle del Miño y en cierta medida asistimos a la transición de la "Galicia rural" de Lugo a la Galicia más urbana. Se podría seguir por camino, pero se avanza poco.
En Palas de Rey coincidimos por enésima vez con Paco y Pepe. Un poco más adelante, en Melide, vemos la furgoneta Mercedes amarilla aparcada en la puerta de una marisquería. Sopla por vez primera viento en contra, es el presagio de un inminente cambio metereológico. Mañana llegaremos a Santiago.
Al final de la jornada vemos de nuevo a los superabuelos de Alcalá. Por cierto, a partir de Melide no queda sitio en ningún albergue gallego si vas en bicicleta. Tenemos que dormir en un hostal. Brindis con unas jarras de cerveza y una buena cena. Esto se acaba, mañana llegamos a nuestra meta.
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27 de mayo de 1999: Rente-Santiago. La Compostela y otras recompensas
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Una foto repetida una y mil veces: la Plaza del Obradoiro, meta del Camino de las Estrellas
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Dicen que Santiago de Compostela sin lluvia no tiene el mismo encanto que bajo este simpático meteoro. Para verificar la certeza de este pensamiento, la meteorología nos obsequia con un festival pluviométrico que nos cala hasta los huesos. Al llegar a Santiago, al comienzo de una autovía junto a una gran glorieta deberéis tomar el camino de flechas amarillas si no queréis entrar en dicha autovía, prohibida para ciclistas.
Pasamos junto al Aeropuerto de Lavacolla y a la vera del "Monte del Gozo" que se supone que era el primer lugar desde el cual los peregrinos podían ver gozosos las torres de la catedral. Hoy muchos le llaman el "Monte del Negocio" ya que allí se levanta un macro-complejo hostelero y comercial dedicado al tema del Xacobeo.
El que no se emocione al entrar en Santiago después de 850 kilómetros no es de este mundo. Al menos la carne de gallina y algún escalofrío si deberías sentir. A pesar de haber alcanzado la meta, apenas tenemos tiempo para descansar debido a los numerosos trámites que debe observar todo peregrino: obtención de la Compostela, misa del peregrino (recomendable aunque no seas creyente), compra de recuerdos y el ineludible "homenaje gastronómico" a base de pulpo, marisco, pimientos de Padrón, empanada y vino de Ribeiro.
Una oferta a tener en cuenta es la que realiza la compañía Iberia, que presentando la Compostela te paga el 50% del billete de avión de regreso a casa (bicicleta incluida). Por ejemplo, a nosotros volver a Madrid nos costó apenas 9.700 pesetas y una hora escasa de vuelo, una recompensa para llegar lo antes posible a casa y poder descansar.