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Pues sí, ahora que ya había conseguido secar la ropa en las paradas a pesar de la lluvia, va y sale el sol para tostarnos y hacerme gastar litros de crema. Ya estamos en Asturias, la peregrina ciclista aún no ha aparecido, pero sí un chico catalán que había hecho en cuatro días lo que nosotros en diez días hábiles (descontando los de parada turística en Donostia y Bilbao), eso sí, éste no es turista porque no se baja de la bici ni para mear, aunque tampoco hace caminos de barro, sólo va por carretera el muy tramposo.
Hoy dormimos en un albergue privado en Llanes, la antigua estación de FEVE, recepcionista muy guapa y maja, 12 euritos cada uno, en literas en habitación compartida con otros cuatro. Ayer salimos y conseguimos aprender a escanciar la sidra sin tirar más que un asturiano medio. Me he enterado de que el último premio de escanciaje (¿se dirá así?) de Asturias se lo ha llevado un inmigrante ecuatoriano, claro, como son bajitos tienen ventaja.
El recorrido desde Comillas fue bonito y sin contratiempos, lo mejor fue la ría de la Rabia, llena de cisnes y otros pájaros.
Desde donde os dejé la última vez en Santander, hasta Comilllas, fue una odisea, un peregrinaje dentro del PEREGRINAJE: llevábamos 50 km en el cuerpo y no encontrábamos donde dormir, sucesivamente en cuatro sitios nos recibieron muy mal subiendo los precios una barbaridad, 45 euros, algunos en cuanto veían las rastas del Frifa, otros sólo con que me vieran a mi. Tampoco el monasterio de monjes cistercienses de Cobreces nos atendió bien, eso era como una cárcel y no hacían más que decirnos que siguiéramos camino aunque al mismo tiempo nos enseñaban un triste cuarto oscuro y húmedo, un trato nada parecido al de sus compañeros de Zenarruza. Así llegamos a Comillas, 20 km más lejos, donde tampoco había nada libre, íbamos a dormir en unos soportales pero llamamos al cura, que nos dejó dormir en el suelo de un cuarto.
Así fue como me perdí las pinturas rupestres de Santillana, otra vez será.
Ya llegamos a Oviedo, ayer en "La Isla" nos despedimos del mar que no volveremos a ver en este viaje, hemos decidido pasar por Oviedo para ir a juntarnos con el camino "primitivo" y el "francés".
Desde Llanes fuimos costeando por pueblos y playas más o menos turísticos y llenos, las señales nos desviaban de la carretera por caminos más o menos buenos, pasando por pueblecitos perdidos donde se ven viejos jugando a los bolos. A veces preferimos carretera, y a veces el camino carretil nos engaña; empieza bien pero acaba siendo un carril de bicicross donde avanzamos penosamente a pie en medio de una jungla de zarzas y ortigas que nos arañan, se meten en las ruedas y engranajes del cambio, y abren las cremalleras de nuestras alforjas. A veces el camino está bien señalado pero otras hay que usar el sentido de orientación o hartarse de preguntar.
Nos quedamos una noche en casa de unos familiares asturiano-venezolanos que tengo por aquí, (de eso me enteré por el camino, mi padre me avisó oportunamente) aprovechamos para descansar, comer bien, bañarnos en una playita de diez metros de largo, lavar ropa, y hacer visitas turísticas en coche con mis primos, incluida la cueva de "Tito Bustillo" que nos costó el sacrificio de madrugar y hacer cola desde las ocho de la mañana hasta las diez para conseguir entrada.
Vamos conociendo a nuevos peregrinos andantes, ya a los primeros los hemos ido dejando atrás, algunos algo maltrechos. Los últimos que encontramos, en Vega de Sariego, unos asturianos muy majos que nos contaron cosas curiosas sobre Santiago, como que en la catedral hay una virgen de piedra muy querida por los gallegos que tenía una delantera muy prominente, hasta que un obispo mandó a un cantero rebajar los pechos, con lo cual el pueblo montó en cólera y desde entonces los quesos, la punta de los techos de los hórreos, pasamanos y muchas cosas tienen forma de teta en Galicia.
También nos encontramos a dos viejitos franceses que hacían el camino de vuelta, con un burro para llevar la carga, muy majos, nos hicimos una foto todos, nuestras burras también salieron.
Nuestras burras ya están empezando a quejarse, la mía se pinchó tres veces en un día, a la de Jose se le ha pasado de rosca la horquilla, mañana tendremos que buscar en Grado aunque sea domingo porque es mercado, a un mecánico que la cambie.
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Autor: Mario Arias
Fecha de realización: Agosto de 2002
Fecha de publicación: Junio de 2004
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