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Al llegar, lo primero pedir la compostelana en la oficina del peregrino: Hay que rellenar una hoja donde te preguntan por los motivos, yo puse cultural-espiritual copiando otro que vi más arriba, porque me avisaron de que si pones algo menos serio no te la dan. Me la dieron, aunque yo hubiera puesto ocio-deporte. A la salida de la oficina hay sitios donde te plastifican la compostelana o te venden tubitos para guardarla, pero yo la he doblado y no sé que hacer con ella porque no sé que pone.
Voy a transcribirla por si le interesa a algún lector erudito, que sé que lo hay, pero lo pondré en otra letra para que los no eruditos, que son legión, puedan saltárselo cómodamente:
CAPITULUM hujus Almae Apostolicae et Metropolinae Ecclesiae Compostellanae sigilli Altaris Beati Jacobi Apostoli custos, ut omnibus Fidelibus et peregrinis ex toto terrarum Orbe, devotionis affectu vel voti causa, ad limina Apostoli Nostri Hispaniarum Patroni ac Tutelaris SANCTI JACOBI convenientibus, authenticas visitationis litteras expediat, omnibus et singulis praesentes inspecturis, notum facit: Dumm Marium Arias Dietrich hoc sacratissimum Templum pietatis causa devote visitasse. In quorum fidem praesentes litteras, sigillo ejusdem Sanctae Ecclesiae munitas, ei confero.
Así es como reza mi compostelana. Lo único que he entendido es que no he hecho el camino ni en metropolitano, ni ómnibus ni en todoterreno, y que he dormido en literas, pero de lo demás no me entero porque hace mucho que di latín.
La gran desilusión fue saber que este papel no me confiere ninguna indulgencia, para eso hay que ganarse el jubileo, para lo cual hay que confesarse, tomar la eucaristía, abrazar el sepulcro del apóstol y no sé qué más, todo ello en año santo y con "sentido cristiano", que es "pietatis causa, devotionis afectu y voti causa". Demasiado complicado, da igual, seguiré pecando y me iré al infierno que es donde encontraré a mis amigos.
Lo que sí que hace cualquier peregrino por poco religioso que sea es visitar la catedral, y en el pórtico de la Gloria hacer cola para posar la mano y por el otro lado dar tres "croques" o golpes con la frente en la figura del Maestro Mateo, que es el que hizo la catedral, mientras se piden deseos. Donde se posa la mano está la huella que millones de manos han labrado antes. Yo hice la cola y di los cabezazos, porque se lo prometimos a Conchita, que nos ayudó por el camino. Había una peregrina en la cola que hacía una pregunta muy peregrina: ¡¡¡si era la cola de la compostelana!!!
Desde allí pude ver también a la reina Ester, la señora a la que el obispo mandó que le hicieran la cirugía estética en los pechos, y frente a ella en el pórtico a san Daniel que la mira con sonrisa picarona, al pobre se le ha congelado la sonrisa desde que le pasó eso a su vecina.
En otro sitio se ve al “Santiago Matamoros” tal como se apareció en la batalla de Clavijo; subido en su caballo blanco y asesinando musulmanes. Ya que el Papa ha puesto de moda eso de pedir perdón por los pecados de la Iglesia, ya podría pedirle a Santiago que, como acto de contrición, se apareciera en el estrecho para salvar náufragos. Pero me temo que tal como vamos lo que hará la Iglesia es ponerle una estatua a Bush subido en un misil.
Pero no sólo di los croques, no os lo vais a creer, mis padres menos: me tragué una misa entera, fue para poder contemplar al botafumeiro volando. Dicen que lo empezaron a usar porque los pies de los peregrinos que antes dormían en la catedral apestaban mucho. A fe de dios que eso sería verdad, porque yo lo comprobé a menor escala en los albergues. Al igual que en Senegal, que fui a una para escuchar la "kora", mereció la pena la misa: vi cómo los ocho tiraboleiros tiraban veinte veces de la cuerda para hacerlo volar, también vi y escuché a una peregrina leer el evangelio en el altar, vestida de camiseta y pantalones cortos, y escuché la dulce y angelical voz de una monja cantando en latín. Fue emocionante escuchar esa voz mientras el incensario más grande del mundo (y más pesado) sobrevolaba nuestras cabezas y surcaba los aires dejando una estela de su agradable aroma. Lo demás fue muy aburrido, hasta se durmió un señor que tenía a mi vera, menos mal que le despertó su señora de un codazo porque roncaba que no veas. El sermón me volvió a discriminar: el cura, obispo o lo que fuera dijo que el turismo está muy bien, pero que el peregrino no es turista. Que pesados son con los turistas, qué les hemos hecho, digo yo. Y eso que en el camino los que más nos han ayudado no han sido los curas, con buenas excepciones, sino los empleados de las oficinas de turismo. Pues nada, soy un turista falso peregrino, pero con compostelana, je je.
Y muchas cosas más hay que ver en Santiago: los artistas callejeros, que hay muchos, más que en San Sebastián donde también nos deleitamos con ellos: músicos, malabaristas, payasos....todas las noches las calles y plazas están llenas de espectáculo, en la plaza de Las Platerías unos malabaristas-payasos actúan todas las noches a la misma hora, el público se va sentando en las escaleras como si fueran gradas, y los artistas son tan geniales que aprovechan cualquier persona o cosa que pase por la plaza, incluido el camión de basura, para incluirla en su función, improvisando. La ciudad llena de peregrinos, unos más que otros, algunos cojeando, algunos con mirada de haber visto mucho mundo. También visité el museo del peregrino, donde había una exposición de fotos del peregrinaje a Lalibela, la Jerusalén negra, en Etiopía. Esos peregrinos sí que necesitan hospitales.
La comida y alojamiento muy baratos, estamos en un hostal por diez euros cada uno, se encuentran menús por menos de cinco euros, se nota que es una ciudad de estudiantes, pero hoy me he dado el lujo de comer en el PARADOR NACIONAL: no, no estoy loco, o sólo un poquito, es que si tienes la compostelana (para eso sí que sirve) puedes desayunar, comer o cenar durante tres días si te presentas entre los diez primeros ante los garajes del parador. Allí esperé media hora, hasta que un estirado mayordomo recogió muy serio nuestras fotocopias, y después, sin decir nada, con un ademán autoritario, magnánimo y condescendiente, nos invitó a pasar por la puerta principal, para guiarnos escaleras abajo hasta las cocinas de palacio, donde nos sirvieron un mejunje medianamente comestible, que era lo que come el personal de servicio: coliflor con patatas y estofado con patatas, todo muy grasiento. Yo dije que no como carne, me hicieron un huevo frito y me dieron dos plátanos suplementarios. Ahora puedo presumir de haber comido un HUEVO FRITO DE PARADOR. Luego para salir nadie nos controlaba, así que me hice el despistado buscando un váter y así pude fisgonear un poco por allí antes de volver a salir por la puerta grande.
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Autor: Mario Arias
Fecha de realización: Agosto de 2002
Fecha de publicación: Junio de 2004
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