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Desde luego, el alojamiento fue peor que el día anterior, pero el hotelero se lo curró mucho más. A las 8:30 estábamos en el comedor del hotel, y empezó a poner delante de nosotros, sin siquiera pedirlo, cafés y cola-caos, zumos de naranja, y unas tostadas como dios manda: media barra de pan de verdad, nada de mariconadas de molde, con mantequilla y los botes de mermelada para servirse a gusto.
Lo primero del día, buscar una gasolinera, enchufar el aire comprimido, e inflar las ruedas a todo lo que permiten para rodar por carretera. Desde los primeros pedales nos damos cuenta de que el viento va a ser hoy el principal enemigo. En seguida comenzamos con lo que será la tónica de la primera parte de la ruta de hoy, subiendo bastante para pasar los cabos, y bajando de nuevo vertiginosamente hasta el nivel del mar en las bahías. Estas "subidas tontas", el viento, el cansancio acumulado y quizás la falta de motivación hacen mella en Pili, que en Cee decide que ya tiene bastante por esta vez, y que se coge el bus de vuelta. Nos espera en Muros para comer, así que nos toca a apretar los dientes, agacharnos para evitar el viento, y dar pedales como locos para llegar a tiempo.
Los indicadores de distancia de la carretera nos dan el disgusto: nos quedan casi cuarenta kilómetros a Muros, y otros tantos de Muros a Lousame, lo que sumados a los casi veinte que llevamos... mmmhhh... me parece que lo de hoy no va a ser el paseito de estirar las piernas que pensábamos.
Por suerte, la carretera empieza a volverse más llana, con repechos más cortos y menos empinados. Por desgracia, el viento sigue soplando duro, y la rodilla de Emilio insiste en recordarle que no está para estos trotes. Aquí el peso se nota menos, lo que unido a que Bea tiene menos práctica para ir a rueda y aprovechar el rebufo hace que la dejemos atrás unas cuantas veces. Je, je... la venganza por los dos días anteriores.
Pasamos por la playa de Louro, donde ciertos "amigosdelciclismo.com" estuvimos limpiando chapapote hace 14 meses. La playa está casi limpia por completo. Le han pasado agua a presión a las rocas y lo han dejado bastante bien, pero sigue habiendo algo de fuel. Nos quedan buenos recuerdos de aquel fin de semana, pero hay que seguir…
La llegada a Muros se hace dura, el final es con el viento de cara. Sin embargo, la comida lo arregla todo. En una taberna al lado del puerto nos recuperamos, si no físicamente al menos mentalmente, con chipirones, calamares, pulpo, raxo, empanada... La guinda, el cafecito al sol. Lo peor... volver de nuevo a dar pedales. Cierta parte del cuerpo de Emilio se encarga de recordarle insistentemente que se tiene que comprar un sillín bueno de una puñetera vez. La rodilla, sin embargo, se resiste a perder protagonismo y arrecia con sus quejas, haciéndole parar incluso en alguna subida.
Salimos de Muros a eso de las 15:30 sin mucho ánimo, la verdad, pero con cierta ilusión por no tener que tomar el bus para llegar a casa. El bus -por cierto- con Pili dentro ya nos adelantó nada más salir de Muros.
La carretera de Muros a Lousame, la conocíamos bien. Pepe "mejor que bien" porque es una sucesión de curvas como "puestas para disfrutar" que se hacía cuando era más joven.
Volvemos a la cruda realidad de los pedales. Los pedales ya son ese oscuro objeto que no sabemos si nos da placer o dolor…la eterna discusión…
El primer objetivo por carretera era Abelleira, que pronto alcanzamos. Llevábamos más de 45 Kms en las piernas, y la parada para comer no sabemos ya si fue buena o mala.
Creo que entrábamos en el Nirvana.
Pronto aparecieron más rectas y por tanto el viento comenzó a soplar. Él soplaba siembre del nordeste, pero nosotros íbamos bordeando la Ría de Muros-Noia según dábamos un giro el viento daba de cara o de espalda según la ocasión.
Enseguida comprendimos que necesitábamos poner el turbo si queríamos llegar a una hora decente a casa, así que dientes apretados y plato mediano. ¡Cielos! Que calentón!!
Pasamos Tal, Esteiro y Freixo. Tras este pueblo con gran tradición astillera sabíamos que nos esperaba una cuestecilla que en coche no es gran cosa, hasta alcanzar Cruceiro de Roo. Fue un auténtico infierno. Viento fortísimo en contra, cuesta ciertamente empinada, peso en la bici, cansancio, rodillas molestas…por tanto…¡¡Nirvana!!
Pero todo llega. Llegó Cruceiro de Roo, llegó Serra de Outes y llegó Noia. Sólo quedaban 5 kilómetros hasta Lousame y poder descansar nuestros doloridos huesos por fin. Como era de esperar fueron eternos. ¡¡Inacabables!! Los cuentakilómetros más pesimistas marcaban 99.80 kms al llegar a la meta. Los optimistas más de 116 en esta etapa. El cuenta de Pepe (el amigo de Murphy) se quedó sin pilas nada más salir de Compostela.
Emilio se hizo un tramo extra (después de la cerveza, eso sí) para llegar a los 100 Kms de la etapa. Y es que terminar una etapa de "casi 100 Kms" no es lo mismo que terminar una de "más de 100 Kms".
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Amigosdelciclismo.com
Fecha de publicación: Septiembre de 2004
EC/JF
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