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    Amigosdelciclismo.com > Rutas y viajes > C. de Santiago > ¡Ultreia!

¡Ultreia!

Hermanos:

Este pecador ha regresado con las indulgencias plenarias que se conceden a los peregrinos que cumplen con lo preceptuado por la Iglesia. Y como las indulgencias no son transmisibles, lo único que puedo transmitiros son algunas reflexiones sobre mi peregrinación durante los dias 14 a 24 de mayo de 1999.

Primer capítulo: Entre Logroño y Frómista
Después de dar muchas vueltas a mi impedimenta, justo antes de partir la reduje al mínimo debido al buen tiempo reinante en Logroño con lo que mi equipaje se limitó a lo mínimo para reducir peso.

Aquí empezó la primera prueba a que nos sometió el Apóstol pues con el inicio de la peregrinación empezó el frío y la lluvia y nuestra añoranza a la ropa que desechamos.

Los primeros kms sirvieron para comprobar que la BTT de mi compañero peregrino no estaba ajustada, primero las alforjas le rozaban los talones, luego el portaequipajes se le cayó, después el manillar iba muy bajo produciéndole enseguida dolor de espalda, lo cual corregimos subiendo los cuernos, la cadena le empezó a cantar hasta que le pusimos aceite con teflón y calló...

Seguimos siempre el camino peatonal hasta que la lluvia convirtió el barro en adobe que atascaba constantemente nuestras ruedas, de modo que cuando esto sucedía nos convertíamos en arrastrantes de nuestras bicis, cuando no teníamos que llevarlas a cuestas. Así que optamos por estudiar bien las indicaciones de las guías, que no son muy fiables y seguir los consejos de los lugareños respecto a la previsión del estado del camino y del tiempo, aunque a decir verdad tampoco acertaban demasiado, ni en lo uno ni en lo otro. !!

Total, que en la primera etapa hasta que no obtuvimos el sello y no arrancamos, se hizo tarde y al cabo de una hora empezamos a adelantar peregrinos andantes. Enseguida descubrí que eran del INSERSO europeo, pues la mayoría eran extranjeros, menos de la mitad mujeres y muchas parejas: qué bonito todos los pre-jubilados o jubilados haciendo el Camino.

Como nos recibió la lluvia y era el primer día nos quedamos en Santo Domingo de la Calzada. Mi compañero tenía cierta querencia hacia los Paradores o los hoteles NH, al fin tras dura negociación acabamos en el convento de las Teresitas y nos alojamos en sendas celdas austeras pero dignas. La cena compartida con otros peregrinos monásticos y residentes (no peregrinos) de la cuarta edad.

A la mañana siguiente, en contraprestación a la amabilidad de las monjas, convencí a mi compañero, que es agnóstico, para ir a la misa de la comunidad después de los Laudes. Así, a las 8hrs nos presentamos en la Iglesia del Convento en la que se encontraba la comunidad situada en el coro. La Misa era preconciliar y se rezaba de cara a las monjas y de espaldas al público, compuesto por dos ciclistas. Cuando pude apreciar que la misa era cantada y con órgano comprendí que no era la más indicada para dos peregrinos, así que media hora larga después, acabadas las lecturas y antes del ofertorio, genuflexión y fuera.

El Santo no nos lo perdonó y nos mandó agua todo el día de forma intermitente. Tanto es así que cuando paramos en Belorado para almorzar y esperar que escampase, antes de que nos trajeran el bocadillo, paró la lluvia, y así que nos montamos en las bicis volvió a caer: ¡El Santo estaba molesto por no haber asistido a la totalidad de la Misa!

Entre claros y aguas llegamos a Burgos, declinamos el ofrecimiento del amable hospitalero y directos a un mesón con camas. A mí me toco la de encima del horno, así que disfrute de calefacción en el suelo. Tan pequeña era la habitación que el canterano castellano que la amueblaba me obligaba a moverme de lado, y si sentarme quería en la taza, tenía que mantener la puerta abierta, pues no me cabían las piernas. Eso sí, mientras los peregrinos despachaban su menú peregrino, nosotros dimos cuenta de una espaldita de cordero al horno de leña. Eso permitió que pudiera disfrutar de calefacción durante más rato en mi habitación mientras se secaban mis ropas.

Por la mañana, la búsqueda de una farmacia y la visita de la Catedral en obras nos ocupó bastante, pero conseguimos nuestras cremas y un sello catedralicio.

"El Cremas" me llamaba el compa, pues el Synalar rectal en el ojete, Voltaren en lo más dolorido de las nalgas, vaselina por un tubo en las ingles y con la hidratante por la cara y piernas para contrarrestar los efectos del frío, era yo todo un "encremado".

RECOMENDACIÓN: la vaselina es imprescindible donde las partes para evitar escozores y el Voltaren por las espaldas reduce sensiblemente el dolor que causa tan anti ergonómica posición.

Con agua llegamos a Burgos y con ella salimos hacia el páramo donde nos esperaba una nueva prueba que nos preparó el Santo para probar nuestra Fé: el barro, que era más bien adobe con piedras y paja. Mientras sufría las penurias de tan duro camino adobado se me ocurrió que podría participar en una convención de distribuidores de productos ADOBE (software gráfico) y explicarles en inglés lo que significa en español su tan famosa marca comercial: elemento prehistórico, no evolucionado, que no genera nuevas versiones y constituido por los elementos más burdos de la naturaleza...

Tanto era el barro que encontramos en los interminables páramos que se atascaban las bicis, la mía más por ser más pecador. Tanto que tenía que limpiarla con palos o con los desmontables para poder continuar y con una navaja las calas. Tanto me tenía que parar que me pasaban los de a pie! Incluso una pareja con perro pastor alemán (o similar) que cogió gusto a lamerme las piernas: ignoro cuál de las cremas le atraia!, Así, fatigosamente, llegamos a un bello lugar llamado Hontanas en cuyo único bar repuse fuerzas. Allí unos peregrinos quisieron celebrar su reencuentro y pidieron una botella de vino tinto "del bueno" y el tabernero les dijo que el vino "del bueno" no lo vendía en botellas sino en vasos! Reconfortados con el chorizo y el vino en porrón tuvimos ánimos para seguir hasta el arco de San Antón, el camino atraviesa el arco de un antiguo Convento en ruinas donde apenas un hueco nos cobija de la persistente lluvia y así seguimos hasta Castrojeriz para intentar subir la cuesta de Mosterales, pero tanto era el adobe que bloqueaba ambas ruedas, incluso subiendo a pie, que desistimos. Pero es que ni bajando la empinada cuesta pudimos montar y sólo cuando alcanzamos un suelo más duro la velocidad limpió las ruedas salpicando de barro nuestra ropa mojada.

Tan agotados quedamos que en Frómista nos detuvimos en el Hotel y allí nos hospedamos. Tan empapadas estaban las zapatillas que bajamos a cenar con los calcetines de respeto, eso si pillamos unos diarios que nos sirvieron de alfombra durante la cena que compartimos con un peregrino holandés que nos contó su viaje desde La Haya: tambien era del INSERSO.

RECOMENDACION: unas sandalias son muy útiles y pesan poco.

Al día siguiente, nos esperaba la etapa reina hasta León, donde teníamos reserva, sólo 110 kms y casi todo llano. Pero esto será otra historia.

Segundo capítulo: Entre Frómista y Molinaseca
Amaneció en Frómista (Palencia) con amenaza de lluvia, llevábamos tres jornadas con un total de 210 kms y teníamos que llegar a León a 125 kms.

Hasta ahora a mi compañero lo veía siempre por el retrovisor, cuando parábamos a comer, visitar iglesias, sellar o por pipí.

Aquí empiezan los andaderos o pistas de tierra paralelas a la carretera y él a mi rebufo y yo intentando seguir a tres venecianos más mayores pero con mucho entreno.

Mi compañero no me da relevos porque ni puede. Le ataco disimuladamente para descolgarlo, el Santo se da cuenta y la amenaza se vuelve realidad pero con frío y lluvia. Me arrepiento. Le indico en qué trasera debe protegerse según la dirección del viento y seguimos sin ganas de románico, ni gótico ni sucedáneos, y así se llega a Carrión de los Condes dónde te acuerdas de las hijas del Cid y del agua que tanto necesita el campo, nos dicen los lugareños, así que paramos para ver si escampa, pero como no levanta nosotros seguimos.

Intentamos avanzar más rápido por la carretera pero el adelantamiento de los camiones e incluso el cruce con ellos es un tormento de agua y desequilibrio. Sigue el viento en contra y él se me descuelga y empieza a hacer la goma. Así alcanzamos Sahagún después de cruzar la vía del tren (por un puente). Me propone parar en la estación para calentarnos, acepto y se queda: declara la etapa neutralizada, le prometo tomar el tren en un apeadero a 17 kms para no enfriarme y sigo solo.

Mi maldad es castigada con granizo y al llegar a El Burgo Ranero me digo: pero que c..., yo puedo esto y 40 kms más (llevaba 80 con agua y viento frontal) y así me propongo seguir hasta León-solo, el Santo se apiada, cierra el grifo me envía rayitos de sol y yo cada vez que me cruzo con un peregrino aflojo y me enrollo, nos lamentamos de lo mal que lo hemos pasado. El Camino sigue todo llano y casi recto, calculo distancias a base de padrenuestros y ave marías, Dios, nunca había rezado tanto!, empezaban a salir mis firmes y viejas raíces cristianas y disfruto con mi pedaleo solitario, el paisaje no vale nada y no hay paisanaje, ni siquiera peregrinos, así tres horas hasta entrar en León, sigo las flechas amarillas de la entrada y 3 kms mas allá llego a un campo de fútbol dónde no hay nada ni nadie en peregrinación. Vuelvo al centro, ni ganas de maldecir me quedan, veo garita de información pregunto por el albergue y el por qué de las marcas falsas a lo primero respuesta a lo segundo silencio.

RECOMENDACIÓN: sigue las marcas amarillas pero no a fe ciega, aplica tu propio criterio, no te fíes de las guías: sigue tu intuición, creo que algunas confusiones u omisiones buscan que te pares a preguntar y consumas.

Me sellan, me ofrecen cama que declino, paso por tienda de bicis y me aprovisiono de energéticos y un nuevo retrovisor (se me rompió en una estúpida parada y caída de la bici (ella sola, como León) allí me dicen que el tren se debería tomar en Carrión hasta Astorga porque el camino no lo vale: a buenas horas me lo dicen! Por fin llego a mi habitación donde compruebo que he estado 8 hrs pedaleando y descubro unas bolsas debajo de mis ojos que me llegan a las rodillas, pues al igual estoy agotado!

Duchado salgo con el compa a recorrer Leon-solo (la ciudad ha cambiado de nombre y se llama así: "Leon-Solo" algo como "Catalunya Lliure" pero a lo manchego, y como no, la Catedral envuelta como la de Burgos, os acordais de Cristo (el que envolvía edificios), pues aquí envuelven monumentos para rehabilitarlos y así tendremos que volver para admirarlos. Aprieta el frío y regresamos a cenar y dormir por fin! me salen en el cuentakilómetros 128 kms.

Si mi preparación me daba una forma superior a la de mi compa, a la mañana siguiente soy yo quien no le sigue (él llegó a León a las 3 y desde entonces baño y descanso!). Amanecemos a las 7.30 pero la visita al albergue para lo de su sello y consulta desde allí la meteorología por Internet hace que partamos a las 9!

La salida de la ciudad es más penosa que la entrada, ya estamos en el páramo y la lluvia, viento en contra y frío 5/6 º nos acompañan de nuevo un buen rato hasta poco antes de Astorga que sólo hace frío. Visita de los edificios pseudo modernistas (el palacio episcopal lo inició Gaudí) y tratándose de la capital de la Maragatería, a comernos cocido maragato, lo duro fue retomar la bici: El cansancio, el cocido y las subidas que nos recibieron con un frío digno de invierno me hicieron humillarme a la potencia del compañero de viaje y así me arrastre 78 kms hasta Rabanal del Camino, dónde el Santo se apenó de mis sufrimientos y escuchó mis oraciones, encontramos las dos últimas habitaciones en el único hostal existente y en uno de los albergues nos esperaba un masajista que no tenía apenas parroquia, fueron las 3.000 ptas. mejor gastadas de todo el viaje.

RECOMENDACION: allí donde encuentres masajista no lo dejes pasar.

Esta población vive de los pobres peregrinos: hay tres albergues, un hostal, una tienda, una casa con habitaciones, un artesano y cuatro casas. Los albergues están muy bien, sobre todo el de los ingleses tienen, incluso una secadora y el ambiente peregrino es increíble!.

Amanecemos a las 8 con frío y amenaza húmeda, con niebla, frío y viento, por supuesto no a favor, ideal para el ciclismo, nos espera un puerto de 15kms y un desnivel de 500mts y lo que era peor una bajada de 18 kms con un desnivel de 990mts.

En frío y a molinillo empezamos a subir, enciendo luz trasera intermitente por la niebla, en ocasiones anteriores ya la había tenido que utilizar por la lluvia, subir con frío, culotte corto, y las perneras que deje porque pesaban!!, menos mal del masaje, pero me dijo que tenía una distensión muscular en la pierna derecha, encima de la rodilla y si se me agrava la distensión?, pues le doy mas fuerte con la izquierda, ahora me duele la izquierda y a la derecha no le pasa nada, se equivocó el masajista?, NO, el Santo volvió en mi ayuda y me curó, sino no lo entiendo. Así estaba con estas reflexiones y algún padrenuestro hasta alcanzar un pueblo donde me prometí regalarme un té con algo azucarado, pues no, Foncebadón es un pueblo abandonado y lo único que encontramos fue una pareja de argentinos en bici: él de INSERSO y ella guapísima de dulce y meloso acento, nos hace foto con su acompañante, ella no sale en la foto, ni por frío se la hacemos, será su hija, no lo parecía, su amante o enfermera? me digo que mejor seguirlos (o seguirla, me encanta seguir culos femeninos encima de una bicicleta) pero se ponen a tirar y por aquí no pasamos, así que adiós y pensando que si amante o enfermera coronamos la Cruz de Fierro, qué viento y qué frío! y ahora a buscar una piedra para subirla al pie de la Cruz.

RECOMENDACIÓN: antes de coronar para y búscate la piedra que allí no quedan.


El autor a la izquierda y Javier (alias "Litus") a la derecha, embozados al bajar de la Cruz de Ferro. Llevando papel hasta en los zapatos y bolsas de plástico en las manos

Hemos subido, el esfuerzo da calor pero ahora cómo bajamos? Cautelarmente había cogido papel de periódico, metemos una hoja entre camiseta y maillot, otra entre este y el paravientos y otra debajo del impermeable y así forrados usamos las bolsas de plástico (todos los peregrinos llevan muchas bolsas de plástico para hacer ruido a la hora de levantarse y así despertar a los restantes peregrinos que todavía no han empezado a hacer ruido con sus bolsas de plástico) que protegen del agua nuestra impedimenta dentro de las alforjas que son muy permeables, y nos envolvemos las manos (los guantes de invierno pesaban y no los llevamos). Empezamos a bajar la pendiente y tomar velocidad a pesar de los frenos y a congelarnos, la hipotermia amenaza, recuerdo de un verano que me cogió un pedrisco en lo alto del puerto de Espinelves. El Camino es mortificación y sacrificio, pero tanto he pecado yo para merecer esto?

Las manos dejan de responder y yo no dejo de frenar, no sea que luego no tenga sensibilidad, la niebla oculta el paisaje, los caminantes van por camino y nosotros por carretera. Oímos campanas, el Santo nos ofrece una iglesia y tocan a misa, le prometo ir y rezar y se me aparecen dos casuchas y humo: señal de vida humana. Paramos a lo que sea, nos cuesta descender de las bicis y estas caen en el barro, es igual nosotros adentro: es un refugio con chimenea y estufa. Qué aspecto deberíamos tener cuando nos ofrecen el lugar más próximo al fuego, nos ayudan a sacar nuestras capas exteriores y nos ponen el café azucarado en la mano que no puedo ni sostener y allí nos estamos un buen rato, hasta que reaccionamos, pues el tiempo no mejora.

Allí vemos a una pareja de brasileños, hay cantidad de ellos en el camino, que llevan un perrito de salón en brazos, otro nos cuenta una historia de un ladrón de peregrinos, otro que una ciclista fue atropellada hacia poco en el tiempo y en la distancia, y así cada uno su historia...

Dos cafeses después, nos ponemos el tejano de vestir, nos forramos de papel las piernas debajo de los tejanos, más papel en pecho y hoja adicional en espalda, se forran las zapatillas con solapa (había más papel en el refugio). Dos bolsas de plástico en cada mano y bajo cero, que decían que estábamos, continuamos el descenso que quedaba...

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Autor: Félix Vilaseca (peregrino y mártir).
Fecha de realización: Mayo de 1999.
Fecha de publicación: Octubre de 1999.

 
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