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    Amigosdelciclismo.com > Rutas y viajes > C. de Santiago > ¡Ultreia!

Y tercer capítulo: Entre Molinaseca y Santiago de Compostela

Muertos de frío a pesar de nuestro empapelamiento, mientras bajábamos veíamos sucesivas cruces de hierro en la ladera, ¿eran de peregrinos muertos que nos precedieron? No, antiguamente se explotaban minas de hierro y todos se pusieron a hacer cruces y clavarlas por el Camino.

Llegamos a Molinaseca, donde acaba la bajada y paramos a por un té, pedimos papelera y nos remiten al suelo, así empezamos a sacar papel y creo que debieron pensar que éramos contrabandistas o similares.

En Ponferrada paramos a por bocadillo en un bar que sirvieron un bocadillo de tortilla a la francesa a la Reina Sofía y allí esta colgada la foto del bocadillo y enmarcada la sartén, el tenedor, la paleta, el plato, etc… También damos espectáculo desvistiéndonos!

Seguimos camino con mejor tiempo nuestra ruta peatonal, que desapareció repentinamente por las obras de una autovía por lo que debimos continuar por una carretera con intenso trafico hasta una fonda de camioneros en Portela de Valcarce, en la comarca del Bierzo.

Aprovechando que al lado había una tienda de productos de la región fuimos a probarlos, y entre chorizo y queso cayó una botella de reserva buenísima y otra que nos llevamos a la mesa para cenar. Aquí ya se oye hablar gallego. A nuestra insistencia la tabernera (entrada en años) nos "faló galego" pero no entendía por qué deseábamos escuchar su lengua si no éramos gallegos, y es que hay gente que no entiende que escuchar y aprender otras lenguas enriquece y particularmente el gallego. Es una lengua románica con una música muy dulce y está a medio camino entre el portugués y el castellano. Si te esfuerzas y lo hablan despacio se entiende todo. Se pensaba que le queríamos tomar el pelo, hasta que entendió que nosotros también éramos bilingües y la conversación discurrió sobre lo cerrados que son los castellanos que no entienden esta riqueza cultural.

La segunda botella la bajamos en la cena que compartimos con peregrino de a pie procedente de Le Puy (origen de una de las vías francesas), él tenía previsto alcanzar Santiago en 38 días desde el inicio, ni que decir tiene que estaba en la "retraite".

Aquella noche compartí habitación con mi compañero de viaje y desde entonces comprendió que mi mujer fuera una santa y yo poco audaz en conquistas: ¡qué ronquidos los míos acrecentados con el vino del Bierzo!

OTRA RECOMENDACION: Si te pones en el culotte un care-free o similar la badana no se mancha y es menos desagradable ponerte cada día el mismo culotte.

Amanece frío, y para arriba un desnivel de 800mts en 15kms para llegar al alto de Poio, pasando por el precioso pueblo de O Cebreiro donde probamos la primera pero no la última empanada gallega, que por cierto estaba hecha con masa de pan y no con pasta amasada (pasta brisa).

El tiempo mejoró sustancialmente y con manga corta seguimos ruta para llegar a Samos. Vale la pena, aunque se dice que el Camino alternativo tampoco está mal.

Aquí le dimos al buf otra utilidad, además de protegernos la garganta o la cabeza del frío matinal y la boca del barro o agua de la bici que te precede, nos sirvió para cubrirnos la cabeza de un sol agobiante.

En la cafetería que recalamos se formó un grupo variopinto de peregrinos: un pelotón de brasileñas, pero ninguna guapa como las que salen en los carnavales, otro de ciclistas alemanes con su coche de apoyo, dos ciclistas franceses de Touluse también con coche de apoyo, dos canadienses de a pie y otros austríacos en bici. Todos reponiendo fuerzas hasta que abrieran el monasterio para visitarlo. El edificio vale la pena, el interior muy reconstruido después de un incendio y probablemente lo más interesante como las celdas y otros aposentos privados no eran visitables, pero las explicaciones de los monjes sobre unas horribles y recientes pinturas murales fue otra prueba a que nos sometió el Apóstol. Tanto es así que a media visita intentamos escaparnos pero nos pescó un monje y como en el colegio: adónde van Uds.?, y gracias a la ayuda de una guía turística nos largamos alegando enfriamiento por ir ligeros de ropa.

Lástima que la guía iba en dirección contraria, acompañando a un grupo de jubilados, pues desprendía marcha por los cuatro costados.

Así llegamos a Sarria, mi compañero busca hotel con estrellas y acabamos en una casa de huéspedes de lo más cutre que he conocido. Tenía suelo pero estaba ondulado y parcialmente cubierto con sintasol a modo de alfombra. Las paredes pintadas en donde todavía no se había desconchado, agua caliente sí pero apenas fría por lo que tuvimos que casi agotar el agua caliente para ducharnos sin hervirnos,. Eso sí, dos habitaciones con cama de matrimonio y toda la planta para nosotros.

Por la noche me despertaba el ruido de los muelles del somier (¿o tal vez mis propios ronquidos?), incluida cena muy buena y bien servida por una cubana de las que aparecen en las fotos.

En el bar de al lado, donde desayunamos, nos estamparon el sello más bonito de todo el Camino.

A partir de aquí amanecía fresco y con nieblas que levantaban para dejar paso a un sol espléndido, fue ese día que me olvide el bidón en un bar y horas después, comiendo pulpo y tetilla gallega en Palas de Rei, se me acercó un ciclista peregrino y dirigiéndose a mí me entregó el bidón.

Se lo agradecí al Santo y a él, a quien también le ofrecí una dextrosa como prueba de reconocimiento. No lo volví a ver. Sería un enviado del Santo?

Galicia ya es conocida como rompepiernas y así fue por caminos preciosos entre bosques, con barro incluido, hasta llegar a Arzúa donde tuve la intención de dormir en el refugio por aquello de conocerlo. Pero cuando ví la habitación en donde se hacinaban las literas, me pareció que los campos de concentración eran hoteles al lado de tal densidad de literas que me imaginé llenas de cuerpos con sus olores, gases y ruidos. Dormimos en un restaurante con habitaciones muy dignas.

Por la noche nos despertaron los gritos de los seguidores del Barça. Increíble, lo que ha de aguantar uno que aborrece el fútbol y allí donde va le preguntan si culé o periquito.

RECOMENDACION: Si realmente quieres vivir el Camino vé por el peatonal. Para ello con unas cubiertas híbridas tienes bastante, pues cuando no pasas no pasas y si puedes seguir sin tacos sigues igual y mejor.

La última etapa y la más corta discurre igualmente por bosques de eucaliptos y caseríos gallegos con hórreos en cantidad. Ahora bien, si te sales del camino, como hicimos para saludar a un conocido, resulta que el paisaje sigue siendo bello pero las aldeas son de lo más feo y deprimente: Ni nuevas ni antiguas, sino todo lo contrario.

Impresionante el mega-albergue del Monte do Gozo. Ya hará falta, pues en Galicia vimos al Ejército instalando tiendas de campaña para acoger la oleada de peregrinos que se espera este verano-otoño.

Así, con nervios y con ganas, pero también con pena, llegamos a Santiago, donde también te pierdes. Pero preguntando se llega a Roma y a Santiago también, y así dimos con la plaza del Obradoiro. Pero como su acceso era a través de escaleras no me pareció muy digno entrar a pie con la bici a cuestas así que le dije Javier que debíamos buscar otra entrada. Media vuelta y en busca de ella fui hasta llegar justo encima de la puerta del peregrino, de la que me separaba otra escalinata. Con la idea de volver oigo mi nombre y resulta que allí estaban los suegros de Javier esperándonos!

Les aseguré que hicimos todo el Camino juntos sin separarnos pero en aquel momento, justo entonces mi colega se había esfumado y así estaba explicando por dónde entré a la plaza cuando apareció el Santo en forma de milagro, era Javier que venia empujando su bici con la cadena rota en la mano, justo se había roto al llegar: ¿Y esto no es un MILAGRO?

Mi compañero, contento por haber cumplido su objetivo, mientras yo algo frustrado por haber acabado la ilusión que fragüé con los consejos de los que me precedieron y el de las guías y libros que me leí y que aquí se había acabado.

En la Casa del Peregrino por 2.000 ptas y en un par de días te envían la bici a tu ciudad de procedencia, lo cual es muy práctico.

La entrada en la Catedral es todo un número, la gente haciendo cruces en la puerta, pone la mano en la columna del Pórtico de la Gloria mientras se da de golpes contra un busto, y se equivocan pues el busto que hay que golpear es el de San Roque que está en la parte de atrás de la columna. Este Roque fue el maestro de obra, y los estudiantes golpeaban su cabeza contra la de él para ser un poco más listos en los exámenes. Evidentemente los que se golpeaban de forma equivocada, ¡un poco más tontos y no nacen!

Los restantes sentimientos que me abordan son mayoritariamente religiosos y personales que no deben formar parte de este relato, pero no se te oculta el poder y riqueza que se ha gozado y aún perdura en la Iglesia!

La misa del peregrino es a las doce, y el botafumeiro es balanceado hasta alcanzar la horizontal a lo largo del crucero. Naturalmente yo estaba en la nave, así que no lo disfrute en toda su grandiosidad. Aun así es impresionante.

Conclusión del Camino
Definitivamente, el Camino vale la pena desde todos los puntos de vista: religioso, etnológico, humano, paisajístico, cultural, gastronómico, artístico y cómo no deportivo. Realmente, cuando vas por él te olvidas de la familia, del trabajo y de todo, menos del Apóstol, que no quiso que pincháramos ni tuviéramos avería hasta llegar al Templo: ¡mano de Santo!

A los futuros peregrinos que lo disfrutéis como lo hicimos Javier y yo, y si puede ser con más calma y mejor clima.

Félix
Peregrino arrepentido
(de sus pecados)

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| Inicio | 2/2 |

Autor: Félix Vilaseca (peregrino y mártir).
Fecha de realización: Mayo de 1999.
Fecha de publicación: Octubre de 1999.

 
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