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Esta es mi personal perspectiva de la "super-ruta" organizada con motivo del Tercer Aniversario de Amigos del Ciclismo el día 27 de noviembre de 1999 en Aldea del Obispo (Salamanca).
Gracias al esfuerzo de nuestro querido Webmaster y para celebrar el Tercer Aniversario de los Amigos del Ciclismo, se organizó una cita multitudinaria por los alrededores de Ciudad Rodrigo, (Salamanca, España), en Aldea del Obispo concretamente. Como esta ruta ya está suficientemente descrita, me limitaré a contar mi visión de los hechos. Esto no quiere decir que no ocurrieran otras muchas cosas y anécdotas igual o mucho más interesantes.
Los prolegómenos. Los que veníamos de fuera, llegamos el día anterior a Salamanca o Ciudad Rodrigo. Algunos de Madrid y otros de diferentes partes de España. Gran mérito por cierto el de Manuel Hernández "el Canario" (por venir de las Islas Canarias, de Gran Canaria concretamente). Yo me alojé con mi mujer y mi hijo de 13 meses en Ciudad Rodrigo, al igual que Helmut con su mujer y sus dos hijos; Helmut es compañero de Rodrigo Areces, que por cierto se trajo a unos cuantos compañeros y amigos más. Y no me olvido de toda la gente de Béjar y otras localidades de la comarca, que trajeron a sus amiguetes también. La Cita. Sábado 27 de noviembre de 1999. Hora: 10.00 de la mañana. Lugar: plaza de Aldea del Obispo. Que cada uno llegara como pudiera. Unos llegaron desde Béjar (Salamanca), otros desde Salamanca. Después de que pasaran a buscarme al hotel (y perdernos un poco) llegamos a la plaza de Aldea del Obispo. Yo no estaba acostumbrado a salir en invierno, por lo que procuré no hacer ningún comentario sobre las condiciones climatológicas. Pero cuando llegué, y vi a todo el mundo dando saltos, poniéndose los guantes como locos, comprendí que no era una sensación subjetiva: ¡¡¡¡HACÍA UN FRIO DEL CARAJO!!!! Éramos 25 chiflados que habíamos quedado para montar en bici ¡¡A 3 GRADOS BAJO CERO!! Y para colmo con una niebla "meona" que te mueres, tal y como la denominó Carlos García (te calaba todo). Después de las presentaciones de rigor, la gente empezó rápidamente a hablar unos con otros, a mirarse las bicis mutuamente, pregutándonos unos a otros si éramos "listeros" o "amigos de listeros", etc. Ya con ese buen ambiente creado pasamos a hacernos la "Foto de Familia". Tuvimos que esperar unos instantes a que Miguel Angel Delgado se cambiara de culotte. Se le había pasado por la cabeza la insensata idea de salir con culotte corto. Fue todo un espectáculo ver lo que sufría quitándoselo (permitidme que recuerde una vez más esos 3 grados bajo cero) para ponerse algo más apropiado. Su masculinidad debió sufrir un duro varapalo. El que no viniera con sus necesidades resueltas lo iba pasar sin duda medio mal. Por cierto, echamos en falta algunas féminas más. A ver si se animan para la próxima.
La nota de color la puso Helmut, amigo de Rodrigo Areces, que apareció con sus dos hijos (tres años la niña y un año el niño) y su mujer. Él arrastraba un carrito en el que viajaban los dos niños, con sus guantes, gorros y mantitas, viendo cómo un grupo de chiflados daba pedales a su lado. ¡Y menos mal que llevaba carrito! ¡Que máquina de dar pedales es ese tío! Si no le ponen niños yo le hubiera puesto piedras, porque si no hubiera llevado peso extra nos revienta a todos. Como dijo Manolo: "Helmut no tiene piernas; eso son prolongaciones de las bielas". En fin, comenzó la ruta, todos hablando con todos, perdidos en la niebla, por unas fantásticas pistas forestales en mitad de dehesas de encinas. Entramos en terreno portugués durante unos kilómetros, pasando por Vale da Mula (creo que ese era el nombre del pueblo). Algunos nos preguntábamos si ahí era aplicable la nueva ley ciclista. Si un ciclista español hubiera sido atropellado por un coche con matrícula española en territorio luso, ¿quién hubiera sido el culpable? ¿el conductor o el ciclista? Probablemente nuestro Webmaster por meternos ese este "fregado". Pero seguro que hubiera sido culpable de algo más grave si no nos mete en él. Esto no se lo podía perder nadie. Pasamos por un puente sobre un pequeño río (fronterizo), sobre unas losas muy estrechas que además estaban heladas. Gran expectativa y gran decepción porque no cayó nadie al agua gélida, aunque algún susto hubo. Después de un par de exhibiciones trialeras por las piedras heladas cercanas a la orilla, seguimos con la marcha, Subidas, bajadas, todo por pistas muy transitables y siempre rodeados por ese manto blanco de la helada y rondando los cero grados. Luego comenzamos un descenso divertidísimo entre encinas, hasta llegar a un puente romano y un molino de agua en ruinas... El caso es que, a pesar de las limitaciones paisajísticas, vimos cosas entretenidas: molinos de agua muy antiguos, puentes romanos, tumbas antropomórficas del siglo VI (para ser menos pedante, esculpidas en granito y siempre orientadas de este a oeste como se estilaba en esa época), una granja de avestruces, unos bosques de encinas muy espectaculares, etc.. Siempre había alguien dispuesto a sacar una foto y nos tomábamos cinco minutos de parada de descanso. Volviendo a subir, en un momento dado, algunos de los bejaranos empezaron a "picarse": "ya están calientes los juniors", pensamos algunos. Se levantaba la niebla y aparecía el sol.
Al llegar a un cruce, nos dicen "bajando esa cuesta está el molino donde vamos a tomar el tostón". Descenso frenético a por el deseado cochinillo cochifrito, típico de la comarca. Para nuestra sorpresa, todavía no habían terminado de prepararlo. Del hambre que teníamos y para no comernos al perro del dueño, decidimos ir a dar un paseo hasta ver unos rápidos del río, a poca distancia de allí. A la vuelta, todos a la mesa: tostón (cochinillo cochifrito), ensalada, patatas fritas, buen vino, buen ambiente y chistes. Y por supuesto la tarta de celebración del Tercer aniversario, principal motivo de la reunión; tenía su vela la forma de un "3", que Javier se encargó de soplar. Cantamos el "cumpleaños feliz", dimos vítores al webmaster, etc. Sin embargo Javier no quiso hablar: La emoción le embargaba y además no tenía valor para decirnos que después de todo lo que habíamos comido y bebido, nos esperaba volver a subir la divertida bajada, que ya no lo era tanto, más otros 10 kilómetros adicionales de subida hasta llegar a Aldea del Obispo otra vez. En cada pedalada el cochinillo se empeñaba en recordarnos que él también estaba allí, subiendo con cada uno de nosotros. En fin, fuimos llegando, cada uno como pudo, unos mejor que otros. Yo llegué hecho una caca, aunque no fui el único: llevaba un año y medio sin tocar la bici, que añadido a la falta de forma, a los kilos ganados durante ese tiempo y sobre todo al tostón, los efectos fueron demoledores de cara a la ascensión final al Real Fuerte de la Concepción. Menos mal que al final nos esperaban todos los amigos que habían llegado antes y fuimos todos juntos a visitar la impresionante Fortaleza, guiados por D. José López Carretón, experto conocedor de esta obra. Espectacular y monumental, así como las explicaciones y atención que nos prestó y el museo que él y sus alumnos tienen montado en Aldea. Ya de noche, volvía a caer el frío y la niebla. Montamos las bicis en los coches y nos fuimos despidiendo. Yo por mi parte pasé un día estupendo, en el que además de practicar una de mis aficiones favoritas, tuve ocasión de conocer a muchos miembros de la lista personalmente. Parece una tontería pero eso emociona de alguna manera: le pusimos "cara" a muchos de los mensajes que hemos ido intercambiando en la lista de correo. Nuestro mensaje de Internet en pantalla se transformaba en persona y el teclado se convertía en una cálida mano que estrechabas cada vez que saludabas a alguien. En ningún momento del recorrido faltaron las alusiones y comentarios a temas y personas de la lista, recordando también así a los que no pudisteis estar allí. Al final, y después de haber recorrido casi 50 kilómetros, creo que todos nos quedamos con las ganas de volver a vernos, y de que alguien nos dijera: "La próxima cita será en..." Eduardo Rosario
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