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6/9

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Freiburg-Schauinsland-St. Trupdert-Freiburg (70 km)
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Buenos días. Me levanté temprano como ha sido más o menos habitual en este viaje. Amaneció un día maravilloso. El sol ya daba en la tienda y hacía calorcito. Decidí empezar conociendo los alrededores haciendo excursiones radiales en torno a la ciudad y poco a poco ir dando vueltas por ella cuando volviese por la tarde de nuestras rutas. El primer día desayuné en un pequeño comercio, tipo cafetería-pastelería-panadería-terraza de verano. Me volví a poner morao. La comida en Alemania no es muy variada y tampoco excelente, pero los postres y los dulces están buenísimos, así que dí cuenta de un buen vaso de Cola-Cao y unas cuantos trozos de tarta de manzana, torta suiza (Torta de manteca) con mucha fruta confitada.
Después del atracón, decidí ponerme en marcha y tras volver al camping y coger algo de comer, comencé la ascensión a Schauinsland, una de las montañas más altas de la Selva Negra junto con el Feldberg (1494 m). Tiene una altura de 1284 m y se caracteriza porque hasta la misma cima hay un telecabina que funciona todo el año. Yo ya tuve la oportunidad de probarlo hace 3 años y tenía ganas de subir en bici. Empecé llaneando, alejándome de la ciudad por unos prados verdes estupendos. Llegué a un pequeño barrio de casitas y después comenzó a empinarse la carretera y a llenarse de árboles, cada vez más espesos. Después de un par de kilómetros llegué a la explanada del teleférico, donde estaba el aparcamiento.
Tras echar un vistazo al telecabina (había bastante cola) y a los precios de la subida, decidí subir en bici. Tras empezar a ascender una “rampita” con plato pequeño... muy pequeño... vi un camino y pensé que sería más cómodo subir por el monte, podría subir más tranquilo y disfrutar del paisaje. Menos mal que no llevaba las alforjas, vaya rampas.
Después de subir durante una hora, llegué a un pequeño bar justo al lado de unos generadores eléctricos a través de energía eólica. Pensaba que quedaba poco, pero no era así, me quedaba otro buen trecho en bici, debo confesar que estuve a punto de pájara a poco menos de un kilómetro de coronar, pero finalmente me recuperé. Había tomado un poco de chocolate poco antes de llegar arriba. Después de unas 2 horas y media coronaba teniendo delante una vista espectacular.
Di una vuelta por aquellos parajes donde los turistas son habituales, dando vueltas por los senderos marcados. Encontraba lo más representativo de esta cima, un pequeño mirador construido con 3 troncos de viejos árboles con una escalera metálica donde están indicados las distintas cumbres con la correspondiente dirección que rodean estos parajes.
Comí justo a los pies de la torrecita, con una paisaje de fondo estupendo y tumbado en el césped con un sol de playa. Después de descansar un poco, cogí mi montura y me dispuse a bajar todo lo que había subido, pero esta vez bajaría por el otro lado de la montaña, hacia Münstertal. En principio una carretera bastante ancha y buena, con curvas amplias, pero después cogí un desvío y la carretera se "dobló" literalmente, en unas curvas cerradas y con una pendiente bastante fuerte entre un bosque bastante denso. Después la pendiente fue disminuyendo y la carretera volvió a mejorar. Tras unos kilómetros, llegué al Monasterio de Münstertal y al pueblo del mismo nombre.
Münstertal, literalmente, Valle de la Catedral, debe su nombre al monasterio Benedictino de St. Trudpert, fundado en el año 640 y enclavado entre las poblaciones de Unter y Obermünstertal.
En el siglo XII, la pequeña localidad de Münstertal vivió una época de esplendor gracias a la explotación de las minas de plata, hecho que acabo despertando la envidia de los habitantes de Friburgo, que temían por su propia riqueza. En el siglo XIV, éstos últimos arrasaron la villa, librándose así de la molesta competencia en cuestiones de minería, acuñación de monedas y comercio de la plata.
La ciudad, la minería y el monasterio experimentaron varios resurgimientos, sin embargo, debido a la decreciente importancia de la explotación de la plata, Münstertal perdió los fueros urbanos y pasó a convertirse en un pueblo. La población era ente todo, lugar de residencia y trabajo para entre 500 y 1000 mineros. El descubrimiento de América paralizó la explotación minera cuyo origen se remontaba al S. XI.
Antes del cierre definitivo en los años 60, la mina daba trabajo a unos 400 mineros.
La fundación del monasterio a principios del siglo VII tiene su origen en la ermita construida junto a la tumba del misionero irlandés Trudpert. La abadía fue ampliada y renovada en varias ocasiones hasta su destrucción durante la Guerra de los Treinta Años, de la que solo se salvó el coro que data del año 1465. En el Siglo XVII, el arquitecto Meter Thumb, se encargó de los trabajos de reconstrucción.
Aparqué la bici y di una vuelta muy cortita por dentro del monasterio. Aproveché para rellenar los botes de agua en una fuentecita del cementerio que había justo al lado. Seguí mi camino, un largo camino, por una carretera bastante recta y llana hasta Freiburg por un carril bici. Volví a encontrar moras.
La verdad, se hizo bastante larga la llegada a Freiburg. Una vez que estaba en la ciudad, por lo menos recorrí 8 kilómetros. Yo estaba un poco desesperado y loco por llegar. En primer lugar por las largas rectas y por el viento que soplaba en contra.
Llegué a mi querido camping, fui a la ducha y después a dar una vueltecita por la ciudad, comí en una pizzería de turcos muy cerca del camping por muy buen precio, unos 8 euros. La pizza estaba muy muy rica. Después, me fui a dormir. En este día me había dado una auténtica paliza, pero los paisajes habían sido de ensueño.
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Freiburg-Breisach (70 km)
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Friburgo es la entrada principal de la Selva Negra. Recibe ese nombre por el color oscuro de los pinos que la cubren, además, en muchos casos su altura es imponente. Este vasto territorio tiene una extensión de unos 160 km de longitud comprendidos en la franja Suroeste de Alemania, justo en la esquinita que hace frontera con Suiza, Francia y parte de Austria en su extremo más oriental. Se caracteriza por una gran variedad paisajística. El hombre la habita desde hace más de 2000 años, siendo los romanos los que la denominarán Selva Negra. El autentico inicio de esta zona se llevó a cabo desde los monasterios donde se empiezan a cultivar las tierras fértiles y por ende la tala de árboles que dan como producto una auténtica industria maderera, sirviendo los ríos Neckar, Enz, Murg y Nagold como medio de transporte hasta Holanda, donde se aprovechaban para la construcción de barcos, así como materia prima para toneleros y carboneros.
Otra de las grandes eclosiones se produce en el siglo XII, con un gran aumento de la población en parte, debido a la constitución de nuevas ciudades por la Dinastía Zähringen. Un siglo después, la extinción de esta dinastía significó la desintegración del territorio, pasando a manos de los margraves de Baden y los Austrias. Todavía podemos palpar esta desmembración en las diversas confesiones religiosas.
Esa mañana desayunaba donde siempre, era curioso ver cómo entre los dulces volaban de vez en cuando algunas abejas, que a veces me ponían nervioso mientras desayunaba. Esa mañana aproveché para dar una vuelta por la ciudad, el sol calentaba y no se veía ni una sola nube. Compré pan y un poco de embutido en una famosa tienda de la ciudad, algo cara, pero con cosas de buena calidad. Jamón de la Selva Negra y queso tipo Gouda.
A pesar de estar en la Selva Negra, esta vez me dirigiría hacia la frontera con Francia, estaba a tan solo 35 km. Allí se encuentra una ciudad llamada Breisach. Había visto en una de las revistas de “National Geographic” unas cuantas fotos y un pequeño reportaje de esta ciudad. Era un camino totalmente llano, en principio di bastantes vueltas para salir de la ciudad y encontrar la dirección adecuada. Hice bastantes kilómetros por una carril bici junto a la autovía. Después empecé a seguir unos carteles verdes que indicaban la ruta hasta Breisach especialmente diseñados para bici. La verdad es que pude contemplar grandes campos de maíz, algunas huertas, tractores labrando la tierra y pequeños pueblecitos y urbanizaciones que nunca pierden el sabor rural ni el tipismo de la construcción alemana. El calor apretaba cada vez más, el camino, más que señalado era un laberinto y pensaba que estaba dando más vueltas de la cuenta, pero finalmente y después de estar un poquito harto, llegaba sobre las 2 de la tarde.
Finalmente decidí comer dada la hora que era y tras un buen descanso, en mi caso una buena siesta al sol en el parque que había justo al lado del Rhin, con la frontera francesa justo enfrente.
Después de esto subí a ver la ciudad vieja. Había que subir una pequeña pendiente para entrar en las murallas de la ciudad y para ver la Iglesia de esta pequeña villa.
Breisach es una ciudad antigua que a menudo se ha visto atrapada en el fuego cruzado de los conflictos. Los romanos construyeron una fortaleza en la cima del volcánico Breisachberg (Montaña de Breisach). Tras convertirse en una ciudad imperial bajo el reinado de Rodolfo de Habsburgo en 1275, se vio envuelta en una lucha de poder entre los monarcas de Staufen y los Habsburgo, los franceses y los austriacos. En 1793, los franceses la destruyeron y en 1815 pasó a formar parte del Gran Ducado de Baden. Deshice el camino y cuando ví Freiburg descansé, pero no me acordé que las ciudades alemanas son muy extensas, y anduve al menos 10 km antes de llegar al centro.
Cuando llegué, hasta el gorro del sillín y de andar todo el día en bicicleta, paré en el centro, até la bici en una farola en la Hauptmarkt Platz (Plaza del mercado principal) y di una vuelta. Entré a la catedral, di una vuelta por la plaza y finalmente en un Kaufhaus (una especie de El Corte Inglés) para curiosear.
Como siempre, vuelta al camping y a dormir después de una cena ligerita.
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Texto y fotos: Miguel Ángel Aguirre
Fecha de publicación: Diciembre de 2006
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