|
| |
Amigosdelciclismo.com
>
Rutas
>
Alemania en bicicleta
>
8/9

|
Furtwangen-Triberg-Alpirsbach-Villingen (30 km)
|
|
Me levanté, y evidentemente lo primero que hice fue, aparte de darme los buenos días, mirar por la ventana. Hacía un poquito de fresco pero el sol brillaba. Disfruté mi desayuno que fue bastante bueno. La antipatía de la señora que me había atendido el día anterior se convirtió en una conversación entrañable, de este modo me enteré que por alojarse en los hoteles de esta zona tenía el transporte asegurado en esta zona durante 24 horas.
Me esperaba un día movidito para poder aprovechar al máximo. Comencé pedaleando en llano para después bajar en dirección Triberg. Justo antes de entrar al pueblo, unos 3 ó 4 kilómetros antes se encuentran las cataratas del mismo nombre. Las constituyen 7 saltos de agua con un desnivel total de 160 metros, enmarcadas por un paisaje maravilloso donde las ardillas campaban a sus anchas. La bici con todo el equipaje, la dejé atada a la entrada de la red de caminos que conformaban esta atracción turística.
Después de esta visita matutina, proseguí hasta Triberg. Un pequeño pueblo muy turístico. En vez de entrar a mano derecha, seguí tras una señal que me indicaba el reloj de cuco más grande del mundo. Es una casa típica de esta zona que en su interior alberga la maquinaria de un reloj de cuco y que tiene en una de sus fachadas un reloj.
Finalmente llegué a la ciudad, vi el ambiente y el bullicio de gente comprando y me dirigí a la estación para coger un tren que me llevase hacía Donauschingen, donde previsiblemente vería el nacimiento de un gigante de los ríos: El Donau, o lo que es lo mismo, El Danubio. Sin embargo todavía tenía tiempo y me iba a dirigir hacia el Norte, hacía Alpirsbach, un pequeño pueblecito con una Abadía benedictina que no se había reformado y era de estilo románico.
Llegué a buena hora en un pequeño tren. La Abadía cerraba a las 6 pero eran sólo las 5 y no había manera de entrar, estaba todo cerrado a cal y canto, por más vueltas que le di no había manera. Finalmente y no sé cómo, descubrí que había un concierto de música clásica. Literalmente me colé animado por ver aquel lugar tan enigmático. Me pude hacer el tonto durante poco tiempo y acordé con el portero que pagaría la mitad del importe del concierto y además... ¿podía meter la bici en una Iglesia? Pues la respuesta fue... sí.
La gente me miraba un poco extrañada, pero disfruté como un enano y eso es lo más importante. Justo enfrente y al salir del concierto me di un premio. Una cervecita bien fresquita en una cervecería de producción propia y totalmente artesanal.
Finalmente, y tras un trae y lleva de trenes y entablar conversación con un matrimonio que me recomendaron alojarme en Villingen-Schwenigen por la belleza de la propia ciudad, me dirigí allí, pero el alojamiento era un problema, no encontraba nada.
Me dirigí al albergue juvenil tras andar muchos kilómetros de noche y tras echar la puerta abajo me dijeron que no podía quedarme porque estaba completo y que ni siquiera podía dormir dentro del edificio. Vuelta al centro de la ciudad y ya cansado, decidí que me quedaría aunque fuese en la estación a dormir. No me gustaba mucho la idea, pero la aventura es la aventura... Así que di otra vuelta y encontré una habitación de hotel por 65 euros. Para mi sorpresa la recepción estaba sola. Había un número de teléfono al que debía avisar. Tuve que despertar a la dueña pero dormí muy a gusto. Si no llega a ser por... la suerte ;-)
<<< Volver
Seguir >>>
Comenta este reportaje en nuestro foro
Amigosdelciclismo.com/JG
Texto y fotos: Miguel Ángel Aguirre
Fecha de publicación: Diciembre de 2006
|
| |

|
|