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Cicloturismo en Cuba
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El cuarto día vamos a Güira de Melena, pasando por Quivicán. En Quivicán visitamos una fábrica de elaboración de tabacos, conociendo la elaboración completa de un puro habano, función mucho más artesanal de lo que me imaginaba. Al llegar a Güira cae una tremenda tormenta (¿serán estas las famosas "tormentas tropicales"?). Nos coge a sólo 300 metros del pueblo, pero nos tenemos que refugiar por lo fuerte del viento y de la lluvia. En verano, prácticamente todas las tardes cae una tormenta en Cuba, lo que ayuda a refrescar el ambiente de calor húmedo que impera, pero esta de hoy ha sido algo especial. El viento, durante las tormentas suele ser bastante fuerte. Y, en general, el viento cubano viene del Este, a diferencia de España, donde el predominante es el del Oeste.
Este día nos abandona la familia brasileña, que tiene que volver a La Habana y también nos deja Leonardo, que recibe un aviso de casa. Al día siguiente se nos unirá Nidia, la mujer de Bernardo, con una antigua bici sin cambios, pero como es bicimensajera en San Antonio de los Baños, está acostumbrada a pedalear, lo que no quiere decir que se tenga que bajar y andar en algunos tramos. Pero no importa, no hay prisa.
A lo que nosotros tardamos en acostumbramos es al trasiego de gente, de animales y de maquinaria de lo más peculiar (como esos tractores que corrían a 80 km/h) que hay por todos lados. Cuba, para un europeo, parece un poco desastrosa, pero el caso es que hay normalidad dentro del caos, y al cabo de los días te acaba pareciendo de lo más natural. Lo que después te parece de verdad el caos es en el momento de la vuelta a España, en que te bajas del avión y comienza esa locura de automóviles, contaminación, ruido y estrés. Dan ganas de volver a subirse al avión de vuelta.
El quinto día nos acercamos a la localidad de Playa Cagío a un Festival de la Juventud. En esta localidad no queda casa alguna en pie, aunque ahora están siendo reconstruidas. El ciclón Michelle, que cruzó esta zona el año pasado, las tiró todas, destrozando también la arboleda, la playa y el paisaje. Es impresionante. Me sirve para comprender nuestra vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza y la responsabilidad que todos tenemos ante estas catástrofes y los cambios naturales que el planeta está sufriendo, en buena parte por culpa del egoísmo humano. Ya el día 8 de julio, cuando vimos (y sobre todo sentimos) pasar el ciclón Dennis desde la casa de Osmar (antes de empezar la ruta), aunque afortunadamente el ojo del huracán sólo pasó a unos 80 km de la casa, sin embargo había unos vientos racheados que movían los árboles de un lado a otro como si fuera un balón de boxeo golpeado por Cassius Clay. Era de noche y habían cortado la luz y el agua por seguridad. La sensación de indefensión era enorme. Por fortuna la información estatal vía televisión y radio fue exquisita y en todo momento actualizada. Los servicios de evacuación funcionan a las mil maravillas en Cuba.
Dejamos Playa Cagío en silencio, con el corazón encogido y, encima, con la noticia de que un nuevo ciclón, Emily, está rondando la isla. Por suerte, éste no acaba entrando en Cuba y podemos continuar nuestra ruta.
Acabamos el día en Artemisa, cuna de muchos héroes de la epopeya revolucionaria.
El sexto día, somos objeto de una tremenda recepción en San Cristóbal, de nuevo con discursos y parabienes, merienda y almuerzo. Acabamos de entrar en la provincia de Pinar del Río, la provincia más occidental de Cuba. Esta provincia es más montañosa, el paisaje es más diverso y hay más lomas. En Cuba se llama "lomas" a las cuestas, pendientes o puertos de montaña. Por lo tanto "tremenda loma" significa "esa cuesta es muy empinada (o larga)". Sin embargo, no hay que asustarse, las tremendas lomas de los compañeros cubanos son tachuelas para alguien que vive en el país más montañoso de toda Europa, o sea España, y las subimos decentemente. También es verdad que nuestras bicicletas son más apropiadas. Dicen que en la parte Este de la isla si son de verdad "tremendas", pero de eso no puedo dar fe.
Para llegar a Los Palacios, circulamos un rato por una ochovía, o sea, una autopista de varios carriles por sentido. Cuando me lo dicen, me parece una locura, pero cuando empezamos a circular por ella comprendo que no hay ningún problema. El escasísimo tráfico, unido al respeto por el ciclista, hace perfectamente llevadera la circulación en bicicleta por una ochovía. Incluso vamos ocupando el carril derecho por completo, en vez de ir por el arcén (que tiene un firme más incómodo). Es lo natural, lo que hace el resto de ciclistas que va circulando por allí y, desde luego, lo más cómodo. Eso sí, el paisaje por la ochovía es más monótono, así que decidimos no repetir la experiencia.
En Los Palacios visitamos el museo municipal y nos damos un bañito refrescante en el río. Tenemos problemas con el asunto del alojamiento, y sólo gracias a la tremenda gestión de los miembros del INDER, conseguimos salir del paso. Mi más sincera gratitud para ellos.
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Amigosdelciclismo.com/JG
Autor: Juan Merallo
Fecha de publicación: Octubre 2005
Agradecimientos: A Bernardo, Israel, José, Lázaro, Leonardo, Nidia, Osmar, Reinaldo y Yosbel, por su compañía en la ruta y su tremenda amabilidad.
Juan Merallo es miembro de la Asociación Pedalibre, de Madrid, y de la Coordinadora en Defensa de la Bici, ConBici. Como cicloturista de alforjas lleva 15 años recorriendo España y un buen número de países extranjeros.
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¿Qué se siente al tener "entre las piernas" por vez primera una máquina de descenso? A nosotros nos ha picado la curiosidad y hemos probado una auténtica bicicleta de DH de alta gama.

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