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Cicloturismo en Cuba
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Llegamos al séptimo día y, tras pasar por Consolación del Sur, el terreno se empieza a ondular más y más. Continuamos hacia la localidad de Pinar del Río, que da nombre a la provincia, donde se nos recibe con solemnidad.
Este día ha sido uno de los más calurosos, con temperaturas de hasta 35 grados centígrados, que bajo las condiciones de humedad que se soportan, dan una mayor sensación de calor que, por ejemplo, en la llanura castellana. Es indispensable parar cada cierto tiempo a tomar algo líquido. Las alternativas son múltiples: en las guaraperas te venden el guarapo, que no es otra cosa que el jugo de la caña de azucar exprimida: riquísima y refrescante.
También hay múltiples lugares en los que se pueden comprar refrescos gaseados (parecido a la gaseosa, pero con más sabor) o jugos (zumos de frutas naturales). Otra buena alternativa es la de comprar fruta como el mango, la piña o la guayaba, que alimentan y refrescan (sobre todo las dos primeras).
Los puestos que venden todos estos productos se pueden encontrar en cualquier lado, tanto en un pueblo, como en un "entronque" (cruce) o al borde de una abandonada carretera. Son una alternativa barata y nutritiva para refrescarse y descansar un rato. Hay una alternativa más barata (gratis) que consistía en subirse a las palmas, coger cocos, beberse la riquísima agua que hay en su interior y luego comerse la carne del fruto.
Al inicio del octavo día hay un amotinamiento al más puro estilo Pedalibre: varios miembros de la ruta consideramos que hay una alternativa al recorrido más corta e igual de bonita, y proponemos a Osmar tomarla. Éste nos comenta que ya está comprometido el paso por la localidad de Cabeza y sería muy descortés ignorarles, además de que la ruta, según su opinión, es más bonita por el trazado original, pese a ser más largo. Nos convence y aquí no ha pasado nada. Al grito de ¡Avansemo compañeroh! nos ponemos en marcha dispuestos a afrontar las lomas del día, las más exigentes de toda la ruta. Algunos compañeros tienen que bajarse a andar al no tener un rango de cambios adecuado. Ya les explico yo que en Pedalibre, incluso teniendo un rango de cambios adecuado para algunos es muy común bajarse y andar ;-).
Estamos entrando en el Parque Nacional de Viñales, un entorno único, enclavado en la Cordillera de Guaniguanico, en la porción centro oriental de la región Sierra de los Órganos, un escenario de espectacular belleza natural, donde se mezclan las palmas, las montañas, el agua y una densa vegetación que hace de este parque un lugar para disfrutar despacio de una naturaleza exuberante. Osmar tenía razón, merecía la pena venir por el tramo más largo, es precioso.
Nos bañamos y almorzamos en la localidad de Cabeza, en un ambiente rural, donde nos tratan de nuevo de forma exquisita.
Llegando a Viñales visitamos el Mural de la Prehistoria, impresionante mural pintado en una roca, de más de cien metros de alto, por un discípulo del pintor mexicano Diego Rivera. Viñales es la localidad más turística de las que hemos visitado.
Allí nos encontramos con Miguel Ángel, un miembro de Pedalibre, que no sabíamos que estaba en Cuba también. La situación es cómica, porque él ha visto una bici con una placa de ConBici, se acerca y piensa "voy a hacer una foto, para luego enseñársela a Juan, seguro que le chocará", cuando, nada más hacer la foto, me acerco andando, soy como una aparición para él y en su cara se mezclan la incredulidad y la sorpresa, y en la mía también. ¡Qué pequeño es el mundo!
Noveno día. Visitamos dos cuevas: El Palenque, donde se escondían los Cimarrones, los negros que huían de la esclavitud, y la Cueva del Indio, cavidad natural de enormes dimensiones que incluye un viaje en bote por un río interior. Ambas cosas merecen la pena, aunque haya que pagar por entrar.
Este día tuvimos serios problemas con las averías en las bicicletas. Afortunadamente se fueron arreglando y, aunque más tarde de lo previsto, llegamos finalmente a la población de La Palma.
Cada vez que un cubano tenía una avería en su bici, se abría para mí sin yo saberlo, una puerta al conocimiento. Los cubanos son unos manitas por naturaleza y por necesidad.
No hay necesidad de tronchacadenas (de hecho la mayoría ni conocían su existencia): con un clavo y un pequeño martillo se monta de nuevo la cadena en menos que canta un gallo.
¿Un pedal cuyos rodamientos han perdido su vida útil? No pasa nada, un trozo de cable plástico hace el apaño. ¿Un pinchazo y no hay ponchero(*) en los alrededores?. Sin problemas. Con unos alicates y un hilo de coser, se arregla el pinchazo. Increíble, yo vi uno de estos arreglos y aguantó toda la ruta.
¿Una cubierta deteriorada se abre dejando a la vista la cámara? ¿Y qué? Se coge una cámara vieja, se ata fuertemente alrededor de la zona, se liberan los frenos de esa rueda y tira millas. Setenta kilómetros justos hasta encontrar otra cubierta.
¿Que no llevas transportín? ("parrilla" lo llaman ellos). No importa. Se fabrica uno sobre la marcha con dos palos y una cuerda.
(*).- Definición al final del reportaje.
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Amigosdelciclismo.com/JG
Autor: Juan Merallo
Fecha de publicación: Octubre 2005
Agradecimientos: A Bernardo, Israel, José, Lázaro, Leonardo, Nidia, Osmar, Reinaldo y Yosbel, por su compañía en la ruta y su tremenda amabilidad.
Juan Merallo es miembro de la Asociación Pedalibre, de Madrid, y de la Coordinadora en Defensa de la Bici, ConBici. Como cicloturista de alforjas lleva 15 años recorriendo España y un buen número de países extranjeros.
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