Hola, me llamo Javier Camarero y tengo treinta años. Estoy casado con Miriam desde hace casi dos, a lo largo de los cuales ella padece mi obsesión, el ciclismo. Anteriormente competí hasta los 18 años en carretera, pero no destaqué demasiado, así que me pase a las motos, pasión que me ha durado diez años. Redescubrí el ciclismo hace dos años a través del BTT, y desde entonces lo sumultanéo con la ruta. Suelo realizar unos diez mil kilómetros al año, principalmente por carretera, pero donde realmente disfruto es realizando rutas de BTT, especialmente por Navarra.
Caras nuevas y nervios, esta era la principal sensación que teníamos los participantes en esta primera etapa. El tiempo era desapacible e invitaba a quedarse en casa, pero no podía ser, el día que tanto esperábamos desde hacía tiempo había llegado. Ver a Chiapucci de cerca, vestido igual que yo de corto y sabiendo que compartiríamos al menos de salida 1000Km me producía una extraña sensación de alegría y curiosidad que incrementaba la excitación acumulada a lo largo del último mes. Con cierto disimulo, observaba las bicicletas de mis nuevos compañeros de aventura, e intentaba adivinar el nivel del grupo, siempre con la temeridad de haberme metido en un fregado superior a mí. La organización nos informa de la etapa, se trata de dar vueltas a un pequeño circuito en el que cada vuelta se eliminaría al último corredor en pasar por meta. Juan Carlos Najera nos comenta que no merece la pena arriesgar una caída tan pronto, por la escasa renta de 5 segundos por puesto que vamos a obtener. El circuito es rápido y peligroso, con dos curvas llenas de gravilla, que casi son la mitad del circuito y que se toman sin parar de pedalear. Se da la salida y comenzamos a dar pedales, casi sin darme cuenta debido a los nervios, me encuentro a falta de 10 vueltas para el final, todavía en el grupo principal los gritos de la gente y la velocidad, te animan a continuar apretando y arriesgando más de lo debido y eso que nos lo avisaron, pero supongo que ese espíritu competitivo, que todos tenemos te empuja a luchar y ya que estamos sudando, vamos a intentarlo. Esto de salir de la curva codo con codo con Chiapucci, oírle respirar y ver como baja un diente en su bici y sale disparado es muy fuerte. Tratar de asimilar todo esto y seguir dando pedales acumula el trabajo en mi cabeza. Acabo la etapa 3º detrás de Chiapucci y Aitor Idigoras un corredor aficionado que también le da al BTT. Esto es superior a mí, pero no debo olvidar que la etapa de hoy no se parece en nada a lo que tenemos por delante. En la entrega de premios más nervios, alegría, creo que esta noche no podré dormir mucho, pero en el fondo sé que es lo que a cualquier deportista le gusta, generar y quemar adrenalina, pero en estas cantidades es una pasada. Damos un repaso a la bici y montamos cubiertas de barro, mañana parece que lloverá. Cenamos el típico menú de ciclista y me acuesto, como me temía, problemas para dormir, trato de digerir el día vivido e intento conciliar el sueño, mañana tenemos una etapa muy dura.
Como se preveía el día amaneció muy nublado y en las montañas cercanas se adivina la lluvia. Son la siete de la mañana y hoy, aunque quieras, no es uno de esos días en que puedes llamar a tus compañeros habituales de salida y decirles que el tiempo es demasiado duro como para salir a andar y que te quedas en casa haciendo "vida familiar". Hay que vestirse de Lagarterana y pedalear. Bien abrigados comenzamos el tramo neutralizado de 20Km por carretera que nos llevará del Hotel Ruta de Europa al santuario de Estíbaliz donde se dará la salida real. Por delante 70Km en los que debemos atravesar tres pequeñas sierras que nos harán desembocar en la tierra del vino de Rioja. Comenzamos y empieza a llover; pronto empiezan los ataques, la gente no quiere esperar y en cuanto hay una cuesta aumenta el ritmo del grupo, comenzamos el primer puerto y el grupo se empieza a estirar. Chiapucci y Aitor Idigoras se van por delante y por detrás el grupo se estira. Al llegar a un cruce no tengo claro por dónde tirar, tomo un camino y al rato me doy cuenta que no es el correcto. Vuelvo sobre mis pasos y me encuentro con otros corredores que también dudan sobre el camino a elegir. Continuamos, esta vez sí , por el camino adecuado. Me encuentro con una moto de carrera que comienza a realizar el camino por delante de mí, lo que me anima a aumentar el ritmo. Al llegar al final de un largo valle miro para atrás y no veo a nadie, ¿qué pasa? Ni me lo creo. Estoy rodando 3º de la etapa y me siento bien. Tomo un camino que acaba en una zona de zarzas, intento atravesarlas y ¡zas! pinchazo. Reparo lo más deprisa que puedo y vuelvo sobre mis pasos para buscar de nuevo el camino correcto. Comienzo a remontar, debo ir el 6º y en cosa de una hora vuelvo a ser 3º a 20´de la cabeza. La ultima parte de la sierra se debe realizar a pie, ya que tiene muchas rocas y el firme está muy mojado. Por fin empezamos a bajar, la senda es un río de piedras que resulta una trampa muy dura para mis huesos, me levanto y sigo, diviso un ciclista que va muy despacio, al verme aumenta el ritmo. Al final menos de un minuto en meta. Se trata de Aitor Idigoras, me comenta que ha sufrido un bajón de rendimiento y que casi no llega a meta. Esto no es muy normal, soy el primer sorprendido de mi rendimiento. En la meta mis padres y mi mujer, abrazos y sonrisas esto es un sueño que no sé cómo acabará. Visitamos el amurallado pueblo de Laguardia que esta situado en una colina rodeada de viñedos por todas partes, ciertamente esta debe ser la tierra del vino. Nos llevan a comer a Villa Lucía en las afueras de pueblo. Un lugar idílico decorado rústicamente, donde nos dieron de comer y beber de un modo que recordaremos durante el resto del viaje. Por la tarde en el hotel de Vitoria damos un repaso a la bici y el mundo se me cae encima. Compruebo que el ruido que hacia la bici durante la etapa no es por tener la dirección suelta. El cuadro esta rajado, creo que no voy a poder rodar por la arena de Egipto. El resto de corredores se acercan al mecánico de Orbea con pequeñas averías, yo les miro y les envidio, la carrera terminó para mí. Intento buscar una solución que no llega. Isio, el mecánico de Orbea, se pone al habla con la fábrica tratando de buscar un cuadro de mi talla y que esté pintado. Esta es la parte difícil, ya que Orbea pinta sus cuadros a la carta. Por fin encuentran uno de mi talla de acero Columbus Nemo listo para montar. Cogemos el coche y mi bici camino de Mallabia a la fábrica de Orbea. En un trís trás desmontan mi bici y montan los componentes en el nuevo cuadro; ajustamos y probamos todo; vamos a Vitoria. Son las once de la noche y no queda nadie en el comedor, todos están acostados. Nos dan de cenar mientras Isio comprueba que la bici esta correcta. Vamos a descansar mientras comento con mi mujer lo largo que ha sido el día. Como el resto del Rally sea así no llego a El Cairo. Intento dormir mientras por mi cabeza pasa la película del día, demasiadas emociones para un hombre tranquilo como yo. Por fin el sueño.
Etapa corta la de hoy: mejor, pienso por dentro; esto de estrenar bici en carrera es algo que no me hace especial ilusión. Mientras realizamos el tramo neutralizado intento acostumbrarme a la bici y sus reacciones, parece que es algo más lenta de dirección que la mía, pero nada grave. Se da la salida y la historia se repite: Chiapucci y Aitor por delante, miro para atrás y una jauría de corredores me acosan. Esto es más normal, el ritmo es muy rápido y con sólo 20Km de etapa la gente va a muerte. Al final acabo 3º al esprint con el rápido Gerard Bosch, corredor con el que tanto me tocará luchar el resto de las etapas. ¿Qué tal la nueva bici? me preguntan. Es verdad, ni me acordaba, esta es la mejor señal. La Orbea ha funcionado a las mil maravillas. Parece que estoy abonado al tercer puesto, pero ahora mismo firmo por mantener esto hasta el final. Comienzo a pensar en cómo serán las etapas de Egipto y si esta situación durará mucho más. Mañana tenemos un día largo con viaje en bus a Madrid y luego vuelo a El Cairo.
Parece mentira, pero un autobús y una sala de embarque dan para mucho. Las largas horas pasan rápidas mientras comenzamos a intimar comentando las etapas pasadas y, cómo no, hablando de bicis. Mi mujer Miriam parece que también comienza a trabar amistad con el resto de acompañantes. En pocos minutos hemos formado unos grupos de animada conversación. Es la 1 de la madrugada, por fin entramos en la habitación del lujoso hotel de 5 estrellas de El Cairo. Miramos por la ventana y la vista es de postal, las pirámides nos miran con la benevolencia que dan sus cinco mil años de vida. Me quedaría mirándolas toda la noche pero mañana tenemos etapa y debo descansar. Mañana las veré mejor, ahora hay que dormir.
Por fin rodaremos en Egipto, me despierto contento y animado. Bajamos a desayunar y me siento un "Marajá", todo lo que se me ocurre lo tengo a mi disposición: frutas, tostadas, tortitas, tortilla, salchichas... la verdad que esto de "extreme" tiene muy poco. Al salir a la calle primera sorpresa, una bofetada de calor me golpea; son las nueve y la temperatura se acerca a los 30º. No quiero pensar qué será dento de un par de horas. Nos llevan en convoy a la parte de atrás de las pirámides, son apenas 4Km desde el hotel y los turistas nos miran con sorpresa. El circuito es una mezcla de pista rápida con arena y algo de asfalto. Pero lo mejor es mirar alrededor. Un soldado cada setenta y cinco metros nos define el perímetro del circuito y luego cien metros hacia el exterior otro cordón policial de "meharistas", policías camelleros armados con sus imponentes Kalahsnikov. Me dicen que es para protegernos de cualquier ataque exterior, un simple incidente en una carrera de este tipo tendría gran repercusión exterior. La verdad es que no se ve a nadie y eso que estamos junto a la zona más turística de El Cairo. El calor comienza a ser insoportable. Como el circuito es corto tenemos que dar un montón de vueltas, el ritmo se incrementa, todo el mundo quiere recuperar tiempo aunque es difícil meter grandes distancias. El aire te seca la boca, agoto mi agua rápidamente, esto no es como rodar por mi tierra. Los soldados te miran con sorpresa mientras alguno te pide que le des el botellín. Por fin acaba la etapa. Gana Chiapucci al esprint, yo pierdo algo de tiempo pero no demasiado. Rápidamente al hotel. Tenemos que embalar las bicis y tomar un avión a Luxor. Comemos a todo lujo, va ser difícil que se supere este nivel, bañito en la piscina y vamos hacia el aeropuerto. El Cairo es un gran poblado de 17 millones de habitantes donde no hay leyes, al menos escritas. El seguro de automóvil no es obligatorio, circular con luces tampoco, las anchas avenidas no tienen carriles definidos y los pocos semáforos que llegué a ver cumplen una función decorativa. Compartimos la calle con carritos tirados por pequeños burros, motos con tres personas sin casco y camiones cargados hasta límites insospechados. El autobús que nos lleva impone la ley del más fuerte, al llegar a un cruce o en alguna rotonda, esto es impresionante. Unos niños montados en un burro le azuzan sin piedad para mostrar su dominio, al sentirse observados desde el autobús. A pesar de las imprudencias que vemos nadie se enfada, solo las bocinas de los coches suenan incesantemente como si de un rito se tratase. Aunque el vehículo que lleve tenga mas de 40 años es la propiedad más preciada de un cairota. Las casas, todas sin terminar, sin lucir las paredes, sin ventanas y lo más sorprendente, sin tejado y con las bases para comenzar a construir un nuevo piso encima. El guía dice que de este modo no pagan contribución por la vivienda y cuando tengan dinero suficiente pueden construir el piso de encima. Nos acercamos a la zona residencial del presidente Naser, aquí todo cambia, aceras limpias y lujosas verjas delimitan el mundo de los ricos de la cruel realidad. Los Clubs militares también nos llaman la atención, son un lujoso getto. Reactores de guerra junto a tanques y baterías lanzamisiles pretenden recordar al pueblo la fuerza que tiene el país. Esto es una constante en el tramo final que nos lleva al aeropuerto. Carteles propagandísticos del régimen adornan la ciudad. El avión que nos lleva a Luxor sale con 2h de retraso. Al conocerlo agotamos las reservas de bocadillos y patatas fritas del bar. Mientras yo interrogo a Claudio sobre sus años de profesional, comentamos carreras concretas y él disfruta contándome detalles de éstas. Hablamos sobre los entrenamientos que realizaba; de las temporadas tan largas en las que encadenaba carretera con ciclocross y en las que podía ganar carreras en cualquier fecha. Ahora ya no es posible, los pros se entrenan para rendir a tope en una fecha concreta y resto de la temporada apenas se dejan ver. Los segundos del equipo se preparan para estar bien a principio de año o bien al final de la temporada. El ciclismo ha cambiado muchisimo en estos años. Él realizaba mas de 40.000Km al año y estima en unos 800.000 los que puede tener acumulados en sus piernas. Este año lleva unos 20.000 y se encuentra 2 Kg. por encima de su peso. Viene de realizar el Tour de Francia con unos cicloturistas americanos, visitando lugares míticos que el ha vivido en 1ª persona. Me siento afortunado de estar aquí compartiendo conversación con Claudio.
Los colosos son dos moles de piedra que se situan en la entrada hacia el Valle de los Reyes. Fueron reconstruidos por algún emperador romano y en la actualidad están bastante cascados. Primera etapa de desierto de verdad, bueno más que desierto se trata de un mar de piedras y tierra en el que circular por la pista se hace muy duro, ya que tiene infinitos bancos de polvo en los que las ruedas se hunden y es muy difícil mantenerse vertical. El grupo de cabeza, con Chiapucci y Aitor, tira a muerte. Yo poco a poco voy perdiéndoles rueda, ya que los bancos de arena resultan una trampa mortal. Trato de no perdeles de vista pero manteniendo un ritmo que me permita terminar entero. El camelback es un gran aliado, resulta muy cómodo poder beber sin soltar las manos del manillar. Ante lo duro del camino pruebo a circular junto a éste y realmente el piso es más firme y a pesar de las piedras que hay que esquivar el resultado es satisfactorio. Nos acercamos a una zona de dunas en las que veo un avituallamiento, les pido que me refresquen el cuello y así lo hacen.
Al llegar al siguiente pueblo no veo banderas por ningún sitio. De repente unos niños me saludan con tres de ellas, les pregunto por el camino correcto y por supuesto no me entienden. Me dejo llevar por mi intuición y tengo suerte, unos Kms después vuelvo a ver una baliza de carrera. Por fin entramos en meta. Al preguntar por Gerard Bosch me dicen que no ha entrado en meta. Unos minutos más tarde llega bastante enfadado, se ha perdido y ha tardado bastante en encontrar las indicaciones de la organización. Una vez más la suerte manda y la carrera demuestra que puede pasar de todo.
Son las 4 de la mañana y suena el teléfono que nos despierta, bajamos a desayunar y muy pocos tienen ganas de hablar. No son horas de nada, pero bueno, esto ya lo sabíamos al principio. Me comentan que la leche que nos sirven es agua con polvos por lo que me abstengo de tomarla por temor a problemas digestivos. Café y cereales con algún bollo completan mi desayuno. Nos montan en la furgo y atravesamos un puente controlado por militares fuertemente pertrechados. Las bicis viajan delante en un camión apiladas una contra la otra, me acuerdo cuando en casa revisaba y limpiaba casi de modo paternal cada esquina de mí maquina.
Debido al poco material para balizar que queda, se acuerda que el recorrido se hará ida y vuelta por el mismo camino a lo largo del valle, coincidiendo en gran parte con el recorrido del día anterior. Tomamos la salida y de nuevo el ritmo es alto para mí. Intento no perder comba mientras busco con la mirada la senda más cómoda observando cómo lo pasan los del grupo de cabeza. Aguanto junto a ellos casi hasta la mitad del recorrido ya que al pasar por un banco de arena me hundo y debo caminar para salir de él. El retraso es de medio minuto pero no me desanimo, hay que continuar. Pasamos el control y media vuelta. Observo al grupo mientras trato de no perder tiempo. El pulsómetro marca 160 pero las piernas no dan mas de sí, son varios días y eso el cuerpo lo nota. Entro a meta y he perdido el tercer puesto, ahora soy cuarto en la general. Visto como va la gente debo administrar bien el tiempo y no desfondarme, hay que acabar la carrera lo más entero que pueda.
Etapa larga y complicada la de este día. Todos andamos tocados con las diarreas, Aitor parece que no va terminar la etapa, se encuentra realmente mal. Apurando 5 minutos antes de la salida, la gran mayoría del grupo busca un lugar donde hacer sus necesidades. Yo también tengo descomposición, pero parece que con los Fortasec que tomé está casi cortada. Físicamente no estoy mal así que me animo. Se da la salida y como todos los días salen disparados. Claudio y Antonio Gómez salen por delante, Gerard y Leandro van detrás de ellos. Yo no salgo tan deprisa como otros días y no fuerzo, me junto con José Luis Roa y Jack Oldfied, el australiano. Alcanzamos a Gerard y a Leandro pero hoy no están bien, luego me confesarían los graves problemas de estómago que arrastraban. José Luis pincha la trasera y se queda. Sólo estamos Jack y yo, por delante tenemos 48 Km siguiendo dos tendidos eléctricos paralelos, la pista es un continuo tobogán que a veces desaparece devorada por alguna duna.
Cruzamos unas palabras, el entendimiento es total. Vamos relevándonos y el ritmo es bueno. Yo ruedo por debajo de mi umbral, si todo sigue así igual recupero el 3º. El viento pega de espalda y facilita el rodar, las cosas cambiarán cuando dejemos el tendido y tengamos que volver hacia el Nilo. Avistamos el avituallamiento, Jack para a llenar su Camelback. Yo tengo agua todavía, así que pararé en el próximo. Bajo el ritmo y Jack me alcanza. Los relevos se hacen más cortos, el viento pega muy fuerte y esto es desierto puro, alguna zona de piedras pero sobre todo arena. Jack tiene las ideas claras y me indica por dónde pasar. Anoche me comentaba que entrena 6 días por semana rodando un mínimo de cuatro horas por desierto y pista rápida, vive en el centro del continente australiano así que terreno no le falta. Me dejo guiar y no falla. Conseguimos pasar el tramo de desierto sin apenas tener que bajar de la bici. En una duna a lo lejos se divisa un perfil, a medida que me acerco veo que es Patxi el de la "Cooperativa San Miguel" de Vitoria. Nos hace señas tratando de indicarnos el mejor camino a seguir. Al pasar a su lado nos ofrece agua fresca que yo tomo, una sonrisa cómplice y a seguir pedaleando hay que vaciarse en este final de etapa. Por fin llegamos a l asfalto, son 8Km de una carretera sin tráfico. Pasamos a los atletas de a pie que están terminando su etapa (ellos recorrieron solo él ultimo tramo). En el asfalto a pesar del viento en contra rodamos a mas de 35Km/h, a lo lejos veo las banderas de meta un esprint y entro 3º. Tomamos agua fresca y nos fundimos en un abrazo Jack y yo. Ayer simplemente hablábamos de nuestros entrenamientos y hoy sin embargo hemos compartido el camino juntos. Nos hemos relevado y una extraña sensación nos hace sonreír y felicitarnos. Comienzo a mirar el reloj para ver cuánto tarda en llegar Gerard, hay que recuperar muchos minutos todavía. Al final llega con Fredy, el suizo; han sido 14 minutos y Aitor ha abandonado la etapa, así que me coloco 2º en la general. No es una manera bonita de adelantar un puesto pero pienso que mañana puedo ser yo el enfermo. Esta es la mejor parte de mi sueño egipcio, pero la carrera sigue y mañana puedo ser yo el que falle. Por la tarde visitaremos el templo de Edfu. Tenemos 40º en la terraza del barco, el aire abrasa y sólo apetece quedarse en la habitación con al aire acondicionado a tope. Pero puede que esta sea mi ultima oportunidad de conocer este país. Miriam, mi mujer, tiene ganas de salir y ver también el bazar así que salimos a la hora acordada para hacer la visita de rigor. Luego en el mercado, los egipcios adivinan tu nacionalidad para a continuación bombardearte con nombres o palabras españolas que conocen. Si mi mujer no para a echar un vistazo le dicen "España tacaña" mientras les damos la espalda. Son realmente pesados pero cuando el hambre aprieta el ingenio se agudiza, y los precios a los que te venden las cosas no dejan de ser ridículos para un europeo, así que algo compramos.
La etapa de hoy coincide en su recorrido con la parte final de ayer, para luego continuar hacia el sur. Mi idea era la de conservar el puesto pegándome a Gerard. En la salida unos chacales se acercan, los militares no dudan y toman un Land Rover para perseguirlos. Se da la salida y el grupo de cabeza se va por delante. Me voy quedando atrás, el terreno por el que rodamos es el más pesado de lo que va de carrera, la arena está muy blanda y continuamente debo bajar de la bici para pasar una duna, Me voy agotando por momentos, en eso me alcanza Javier Antúnez que me dice que deshinche las ruedas para rodar mejor. Paro y deshincho, todo cambia y comienzo a rodar mejor. Cojo a Javier y juntos acabamos la etapa. Lástima que lo de las ruedas, lo hice muy tarde, he perdido mucho tiempo, unos 20´´ por lo que ahora soy 3º en la general a 17´ del 2º. Tengo mucha rabia interior. Esto es inexperiencia pura y no volverá a pasar, pero así son las carreras.
Otro día más desayunado a las 4:30h. El cansancio es el dueño de mi cuerpo y sólo tengo ganas de tumbarme en la cama, además la salida se dará en la duna que terminamos ayer, con lo que el primer kilómetro se hará empujando la bici. Salida todos a pie buscando el camino más cómodo a la cima. Una vez que llegamos y podemos rodar las sensaciones cambian. Qué diferencia respecto a ayer, hoy las ruedas con poca presión facilitan enormemente el rodar. Antonio y Claudio marchan para adelante, Michel Cano sale detrás yo les sigo junto a José Luis Roa.
Miro para atrás y Gerard, el 2º de la general, no viene. Son 17´ la ventaja a recortar, es muchísimo tiempo pero hay que intentarlo. Cuando llegamos al Km. 20 giro a la izquierda y tomamos una ancha senda de más de 50 metros donde la pista hace "eses" buscando siempre el camino más favorable. Hay zonas en las que te hundes y hay que empujar la bici. El camino normalmente es lo que peor está, ya que del transito de los cuatro por cuatro crea unas trampas de arena que en la bici son insalvables. José Luis y yo no coincidimos en nuestra elección y realizamos mas de 25Km en paralelo separados unos 50m de distancia a lo largo del camino. Nos acercamos y nos separamos según las sendas que tomamos, el ritmo es alto y no viene nadie por detrás. A lo lejos se ve algo. Son la cabeza de carrera Claudio, Antonio y Michel, nos acercamos a ellos cuando Claudio nos ve llegar pega un tirón y deja el grupo. Yo bastante tengo con recuperar la respiración. Termina la zona de arena con una desbandada total, todos hemos elegido un camino distinto así que alcanzamos la carretera con unos 50m de diferencia. Soy el primero en cojerla e intento irme sólo, pero Antonio rueda fuerte y me alcanza. Juntos hacemos los 10Km de asfalto que llevan a meta, hago 2º en la etapa. De nuevo debo mirar el reloj para calcular las diferencias, al final son 14´ el tiempo con Gerard. Todavía le sobran 3´minutos en la general y mañana es la última etapa peligrosa. Hoy, debido al calor, muchos corredores han tenido problemas médicos, así que la organización determina cambiar los 130Km de mañana por una contrareloj de 20Km.
Última etapa seria de la carrera, la distancia es corta como para recuperar esos 3´ de diferencia, además tengo 10´al 4º de la general. Decido no hacer el tonto y no apretar demasiado, una caída daría al traste con todo lo luchado hasta ahora. De salida tampoco encuentro el golpe de pedal. El circuito es muy rompepiernas, con lo cual es muy difícil coger ritmo. Al llegar a la duna donde dábamos la vuelta Gerard me coge y me pasa, él está pletórico hoy y no quiere correr riesgos. Yo intento no desfallecer y terminar entero. En meta las clasificaciones siguen igual. Esto se acaba. Durante la comida pruebo de todo, después de una semana de restricciones por temor a más diarreas pruebo las ensaladas, postres etc. Todo un lujo pero no hay peligro, la etapa de mañana será un trámite para la general.
Ya desde los primeros días se habló que en la última etapa no habría ataques hasta la última vuelta y así es. Todo el mundo charla y está animado, sabemos que esto se acaba y eso no reprime a algún grupo como el de Rafa, que ensaya canciones para celebrar su entrada en meta. Todos esperamos el momento de finalizar, no es lo de menos. Yo para celebrar un puesto que para nada me esperaba. En el podio es la locura, subir ahí junto a Claudio recibir el trofeo y los aplausos es algo difícil de explicar. Por un pequeño instante me siento importante. Ahora es el momento de las fotos para el recuerdo. Nos las hacemos junto a toda la gente con la que hemos entablado una especialísima e inolvidable amistad durante la carrera. Luego, por fin la visita a las pirámides. El primer día casi no me dio tiempo a observarlas, cierro los ojos e intento imaginarlas hace cinco mil años, cuando miles de esclavos las levantaron bajo las órdenes del Faraón. Extraña situación esta, cincuenta europeos se dedican a correr a 45º de temperatura bajo un sol de justicia, mientras otros cientos se afanan en sacarse una foto con las pirámides detrás, cerca de algún nativo que te ofrece su camello para que des un paseo y culmines ese rito de sentirte uno de ellos. Aunque en unos días volveré a mi confortable casa, para conducir mi coche y gastarme el dinero en tal o cual pieza para la bici, dinero con el que una familia egipcia podría vivir durante más de un mes sin problemas. Entramos en una de ellas, por dentro me defraudan un poco, un pequeño pasillo conduce a una sala central donde en su día estuvo la momia del faraón. La verdadera grandiosidad consiste en acercarte a la base y ver como se trata de cubos de piedra de mas de 1.5m de lado uno encima de otros y realmente me hacen sentir pequeño y pasajero. |
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