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Nomadasport, empresa que organiza rutas cicloturistas en Marruecos, tiene en el Raid Al Magrib una de sus más atractivas propuestas. Se trata de una aventura de cicloturismo semicompetitivo que siguiendo una de las mejores rutas ciclistas del mundo, lleva desde el norte del Atlas hasta las dunas del Sahara a través de bosques de encinas, collados, gargantas, hamadas, oasis, aldeas bereberes, kasbahs,...
El año 2003 ha visto la 5ª edición de esta propuesta, que podemos ahora vivir en las palabras de uno de los participantes, Alberto Peláez.
Todavía no había rodado más de 1.000 km en lo que va de año, y la idea de apuntarme a un Raid de casi 500 km en seis días parecía descabellada y si además el recorrido transcurría cruzando el Atlas de norte a sur hasta llegar al desierto del Sahara, parecía demasiado duro para afrontarlo sin sufrir una barbaridad.
Pero bastó echar un vistazo a las fotos del año pasado y ver como 4 tíos bajaban montados en sus bicis unas dunas enormes, para no poder resistirme a la llamada del desierto. Para cuando quise darme cuenta ya estaba preparando la mochila y en mi cabeza sólo había sitio para sol, montañas, dunas, senderos y noches de fiesta bajo las estrellas.
El viernes por la noche llegamos a Marrakech. Teníamos tiempo para visitar la ciudad antes de enfrentarnos a la dureza del Atlas.
Marrakech es la única ciudad que he visitado en la que a las dos horas de llegar te sientes como si llevarás media vida viviendo allí, dado que ayuda mucho la hospitalidad y simpatía de sus habitantes, y la manera que tienen de entender la vida, con mucha calma, lejos del ajetreo y el estrés de las ciudades europeas.
La verdad es que pasar un par de días visitando el zoco, la plaza de “Yena-l-Afna”, poniéndote hasta las botas en los puestos de comida típica, ya justifica el haber decidido emprender el viaje, y eso que lo bueno todavía no ha empezado!!!
Los Land Rovers nos llevan hasta lo alto del puerto, por lo que vamos a empezar a pedalear cuesta abajo. La emoción del momento y la falta de acoplamiento a la bici, hace que más de uno sobrepase sus límites y dé con sus huesos en el suelo. Aún así, todos flipamos con una bajada salvaje que nos lleva hasta lo más profundo del valle.
Tras una rápida comida continuamos por una pista que se va encajonando entre montañas, hasta adentrarnos en una impresionante garganta que nos lleva durante más de 40 Km hacia Nergui, el pueblo berebere donde pasaremos la noche.
Nos recuperamos a base de té a la menta, cuscús y demás comidas de la zona, todos estamos a la espera de la etapa de mañana, sobre todo por el puerto de más de 12 km que nos espera de salida, y más teniendo en cuenta que se trata del primer tramo competitivo del Raid.
El día amanece diluviando, y el barro es abundante, por lo que la organización toma la decisión de anular el tramo competitivo y todos subimos en plan de amigos. Aun así el barro se pega a las ruedas y nos impide avanzar convirtiendo la subida en un suplicio que nos lleva casi tres horas.
Al comenzar el descenso el tiempo empeora repentinamente y comienza a nevar a saco, llega un momento que las bicis se quedan totalmente bloqueadas por el barro y es imposible moverlas; nos quedamos literalmente congelados después del descenso. Además el terreno esta completamente pelado por lo que no hay lugar donde resguardarse. La mayoría tomamos la decisión de dejar las bicis y subirnos a los Land Rovers. Otros deciden correr para llegar al pueblo hasta que pase la tormenta.
Un pajar berebere es nuestra salvación. Entramos en calor enterrándonos en paja hasta el cuello. Cuando llega el dueño nos lleva a su casa donde nos “resucita” con la estufa, el té hirviendo y pan caliente.
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Fecha de publicación: enero de 2004
Crónica de: Alberto Peláez
Agencia oficial: Nomadasport
Fotografías: Nomadasport
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