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Como ya es tradición, poco antes de las 7 de la mañana ya se oyen las primeras cremalleras de las tiendas. Son los que necesitan más intimidad para hacer sus cosas del WC (que aquí tiene 1.000 estrellas o todas las que puedas ver, al igual que el hotel) y también los que la ansiedad no les deja ya dormir. Ayer por la noche, tras una charla de Juan Carlos, en la que nos indicó la necesidad de tomarnos el Raid con más calma y hacer más fotos, hicimos un sondeo a ver quién estaba dispuesto a llevar las cosas con más calma que el primer día, porque a este paso nos íbamos a merendar las etapas sin disfrutarlas lo más mínimo. Parece que había bastante receptividad por parte del pelotón ciclista, pero ahora había que verlo en la carretera.
Y ahí precisamente es por donde transcurrían los primeros 18 kms de la etapa de hoy. Por carretera asfaltada. Bueno, realmente se trata de una pista como las que usamos la etapa anterior a la que le han puesto una leve capa de asfalto porque el volumen de tráfico es interesante. Comenzamos a eso de las 8:30 de la mañana con bastante ánimo y poca gana de darle duro. Parece que la primera etapa pasó factura en algunas piernas. Yo voy francamente bien, pero me gustaría que se tomara con otra filosofía. Al empezar me doy cuenta que efectivamente, las cosas son de otro cariz. En algo de cuesta abajo y en asfalto rodamos a unos prudentes 18 km/h que me hacen pensar que las cosas van a ser de otro color. Ya hay más paradas a hacer fotos y se empiezan a prodigar las bromas entre el pelotón. Definitivamente el talante había cambiado y todos empezábamos a disfrutar del raid. A pocos kilómetros de empezar, nos encontramos a un hombre en bicicleta que venía en dirección contraria, y que al vernos, automáticamente dio la vuelta para ir un rato charlando con nosotros. Cuando nos adelantaron los 4x4, el hombre se paró y se abrazó muy efusivamente a Hammed, nuestro guía. Luego me enteré que eran hermanos y hacía más de dos años que no se veían. El hombre de la bici casposa apareció de nuevo por nuestros "retrovisores" pidiendo paso. Nos fuimos enterando que trabaja de mecánico a domicilio, que lleva sus herramientas en la bici. Hoy le tocaba trabajar en el pueblo de donde venía, pero por acompañarnos, se va a meter unos 36 kilómetros más. Total, la prisa mata, y la vida es para disfrutarla. Llegó con nosotros al albergue donde teníamos previsto el primer reagrupamiento.
Pasamos a la pista y comenzamos la ascensión a un puerto no muy alto (2.350 m), pero con algo de viento en contra. Como ya viene siendo habitual, arriba de todo, pese al viento que suele soplar en esos sitios, hubo reagrupamiento con el fin de compactar un poco el grupo, que en las subidas suele estirarse lo suyo, ya que unos andan más que otros y la gente comienza -por fin- a detenerse a ver el paisaje tranquilamente. Ahora mismo pedaleábamos por zonas muy áridas, con alguna pequeña vega de río algo más fértil, rodeada de casas de adobe con algún cultivo de maíz y otros cereales alrededor. En caso de haber árboles, la mayoría de ellos son cedros. Allí nos encontramos con uno de los habituales niños pastores, que con no más de 10 años cuidan de un rebaño de cabras que no entiendo muy bien qué comen. El chaval se comió buena parte de los bocadillos que le dimos, y otros más los guardó en el zurrón para ocasiones venideras.
Tras una segunda ascensión y un segundo reagrupamiento, se nos contó que comenzaríamos una segunda bajada, esta vez bastante más larga que la anterior y un poco más tendida. La novedad sería que se pasa entre un precioso bosque de cedros y la pista se rompe por tramos para cruzarse con un río que baja muy cerca de ella, en lo que aquí se denominan "oued".
En la bajada disfruté muchísimo de las condiciones que ofrecía el terreno. Muy húmedo y con constantes charcos gigantescos que nos pusieron como nazarenos. Las Adidas ADISTAR XCR que llevo en los pies, cuelan el agua como un cesto, como era de esperar, pero no nacieron para condiciones extremadamente duras como estas. Lo suyo es la competición. De todas formas, aun mojadas no ofrecen ninguna incomodidad adicional. Por el contrario se secaron mucho más rápido de lo que esperaba. La bajada permitió ir a una velocidad considerable durante bastante tiempo, atravesando agua por todas partes, y disfrutando de alguna curva enlazada. De lo mejor que he hecho jamás. Pensado para disfrutar, poniendo a dura prueba las monturas y el equipo. Llegué exhausto pero exultante a la casa forestal.
Para limpiar la bici había un río cerca, y una fuente dentro del mismo recinto de la casa forestal. Yo elegí el río, y me fui con un recipiente a quitarle al menos el barro más gordo. Tras limpiar la bici, la pasé por el caballete del mecánico a limpiar y engrasar un poco los cables de cambio que se habían endurecido con la entrada de agua y barro. Mención especial para el Shimano XT 2005 invertido, al que le han quitado el fuelle de goma que tenía en el punto donde ataca el cable al paralelogramo del desviador. Ahora, sin fuelle es una auténtica coladera de agua y barro, y que convirtió los cambios en una piedra tras unos 10 kilómetros de condiciones adversas. Algo a revisar por Shimano, o -al menos- por los usuarios de este tipo de desviador trasero si van a rodar en invierno.
Con un pequeño repaso, los cambios quedaron perfectos de nuevo, y ahora tocaba repararme a mí. Había que lavarse en la famosa fuente... de donde provenían todos los gritos... La fuente traía un agua de la montaña, fresca donde las haya, manantial de salud, pero lo peor para echarse por encima de la cabeza cuando el sol se va y el viento sopla sin piedad. Todavía me tiembla la mano mientras escribo este diario. Pero cuando no hay más remedio, lo mejor es hacer las cosas sin pensarlas mucho.
Tras el refrescante baño (estamos a más de 2.100 metros de altura, el sol se está yendo, y la temperatura no sube de 10º C) procedí a abrigarme todo lo que pude para recuperar el calor lo antes posible. Afortunadamente llamaron a la merienda y un cafelito con leche bien caliente, me restauró convenientemente.
Luego estuvimos de charla en la carpa, con el resto de la expedición, hasta que nos cogió la noche por completo. Cuando ya esperábamos la cena, nos sobresaltó (entiéndase...) el ruido de unas motos. Fuimos a ver, y se trataba de unos holandeses a bordo de sus BMW boxer que pretendían llegar hoy a Imilchil. Llevaban sus buenos GPS con instalación a la moto y eso, pero muy pocos mapas. Contaban sólo con la luz estándar de la moto y poco más, así que rápidamente le hicieron caso a Hammed, nuestro guía local que les disuadió de la loca idea de seguir por esas pistas en solitario, de noche y con esas motos tan pesadas. Finalmente se quedaron a dormir en la casa forestal.
Se puso a llover levemente, para intranquilizarnos un poco más de cara a la etapa de mañana, sin duda. Enseguida paró, pero ya nos puso mal cuerpo sólo de pensar que podríamos tener una etapa pasada por agua. Mañana nos espera la primera cronometrada del Raid, y a algunos se les ve especialmente interesados.
Pese al frío, que empieza a ser considerable, los sacos están aguantando muy bien.
Hoy rodamos 4 horas y 2 minutos a 13,9 km/h de media.
 Un grupo por la pista interminable |
Tras la cena, la gente de la casa forestal nos organizó un concierto con un curioso violín formado con una lata vieja de aceite de coche, un palo y un cable de freno de bici. Sonaba a gloria, y el hombre tanto tocaba la marsellesa como cualquier canción de folklore local. Todo un personaje. Creo que van a hacer guardia toda la noche para que todo esté bien. A los que les toca más tarde, están vivaqueando al lado de nuestra tienda.
Tengo que rumiar despacio todo lo que Marruecos me está ofreciendo a cambio de casi nada. Escribo ideas en este cuaderno con la idea de que nada se escape, pero quiero volver a dejar patente que hoy es uno de los días que más y mejor he disfrutado del MTB desde que lo practico.
Un pequeño detalle más. Al entrar en la tienda y acomodarme oigo un sospechoso crujido. Me he sentado encima de las gafas de sol, un pequeño detalle que me puede arruinar el Raid. El sol me molesta mucho y no concibo rodar por ahí sin cristales oscuros. Para más maleficio soy miope y están graduadas. He hecho un apaño McGyver con mini-bridas y cinta americana. Espero que aguanten el resto del Raid.
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Amigosdelciclismo.com/JF
Fecha de publicación: Octubre 2004
Fotografías: Amigosdelciclismo/JF y Pilar Ces
Organiza: Viajes Alventus
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