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| Trans Atlas 2004 - 6ª etapa. Tilmi - Gargantas del Dadés. 9 de octubre. |
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Nos levantamos a la hora habitual. A eso de las 7:00 de la mañana ya se oían las primeras cremalleras de las tiendas, como había pasado en las etapas anteriores. Parecía que hubiera prisa por terminar el Raid, pero nada más apartado de la realidad. En la tertulia de la noche anterior todos los participantes ya habíamos comentado la cierta tristeza que nos producía tener que terminar el periodo de bicis y pasar de nuevo al autobús que irremediablemente nos llevará de vuelta a casa.
El día se levantó amenazando lluvia, pero salimos a rodar de corto y con los chubasqueros en las mochilas. Menos mal que mi bendito Camelbak Transalp se lo traga todo con la seguridad de que no voy a ir desperdigando las cosas por el camino. Para una jornada normal llevo en el Camel: 3 litros de agua con su peculiar sabor a lejía, dos cámaras nuevas, una caja de parches, un juego de desmontables, un rollo de papel higiénico, un chubasquero o chaqueta de Windstopper, cámara de fotos y la bolsa de comida que nos da la organización, y que generalmente consta de un bocata de media hogaza de pan, otro de un cuarto de hogaza, un zumo en brick y dos barritas. Mucha gente va con mochilas de montaña.
Comenzamos a rodar por pista de tierra, con lo que se volvieron a suceder uno tras otro los pueblos con los consabidos niños, que esta vez volvían a ser un poco "traviesos", así que había que ir atento para intentar esquivar al máximo las piedras que volaban entre nuestras bicis y -a veces- sobre nuestras cabezas.
Esta vez el viento vuelve a ser uno de nuestros colegas de viaje en el transcurso de la etapa. Sopla casi siempre de frente y hace estragos sobre todo en llano y cuando -por cualquier causa- alguien se queda cortado del pelotón. El que más y el que menos, intenta rodar en grupo, así que cuando alguien se para a hacer una foto, generalmente se paran más de uno, con el fin de arrancar juntos.
Llegó el primero de los puertos del día, que se hizo duro en cuanto a las rampas que trajo, pero no es tan largo como esperaba, así que con las hermosas vistas que ofreció arriba, enseguida nos olvidamos del calentón que supuso. Fotos y tras el consabido reagrupamiento y conteo, nos tiramos un poco cuesta abajo por el asfalto con el fin de llegar al cénit de nuestro raid: las gargantas del Dadés, que son en sí mismas un grandioso espectáculo natural con unos cortados de más de 200 metros de altura. Pero la lluvia no quiso dejar pasar la ocasión de saludarnos, y como ya casi no quedaban kilómetros de raid, se puso a llover. En principio tímidamente, pero al paso de las gargantas del Dadés lo hacía de forma bastante fuerte. De todas formas el espectáculo natural no quedó deslucido en lo más mínimo. Son una auténtica maravilla y merecerían pasar un día entero contemplándolas, pero desgraciadamente una ducha caliente -la primera en 6 días- me está esperando. Así que, tras la merecida foto, seguí la bajada hasta llegar al hotel en pleno paraíso natural, donde nos espera ya el autobús para cargar las bicis. Ello significa irremediable y dolorosamente el final del Raid.
Tras la ducha caliente, que supo a gloria bendita, bajamos al hall del hotel a practicar el deporte nacional de Marruecos: disfrutar de la vida. Nos sentamos alrededor de una mesa a disfrutar del té que sirvieron, mientras afuera llovía bastante aparatosamente. Se habló de lo divino y de lo humano durante 4 ó 5 horas. No sé. Al viaje no traje reloj en la muñeca.
En este día tuvimos el infortunio del accidente de Paco (uno de los maravillosos organizadores) que se pilló un dedo mientras subían la moto de apoyo a uno de los 4x4. El médico le puso unos puntos y tras un poco de cura, todo se quedó en un susto que no hizo que Paco perdiera su buen humor y su sonrisa, que se hizo imprescindible en la dureza del Raid. Si uno no se apunta al TransAtlas no podrá saber lo que es "riqui-riqui" o lo que significa estar "bajo palio"...
Después tuvimos la cena de final de Raid, donde no faltó el cava ni un diploma personalizado para todos y cada uno de los participantes del Raid. La competición se la llevó Fidel (del club Karacol de Madrid) y también el aplauso de la concurrencia. La verdad es que demostró una superioridad física aplastante frente a los demás.
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Amigosdelciclismo.com/JF
Fecha de publicación: Octubre 2004
Fotografías: Amigosdelciclismo/JF y Pilar Ces
Organiza: Viajes Alventus
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