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| Klondike Bluffs Trail, comenzamos a pedalear |
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Para el primer día de pedaleo, elegimos uno de los senderos más variados y asequibles de Moab: Klondike Bluffs Trail. Este camino ofrece una introducción perfecta a los terrenos típicos de esta región: escalones y estratos de piedra rota, breves trampas de arena flaqueadas de matorral y cactus, y, sobre todo, la famosa "slickrock", una arenisca desnuda, ondulada y rojiza que ofrece una tracción excelente y permite hacer todo tipo de diabluras... -siempre que uno sepa apercibirse a tiempo de los agujeros, grietas y desplomes que la jalonan.
Bastaron unos minutos sobre la bicicleta para comenzar a sucumbir al encanto de Moab. A los pocos kilómetros, el camino comienza a ascender por la roca desnuda, entre huellas de dinosaurio, hasta una meseta que ofrece vistas impresionantes de los Klondike Bluffs, unos caprichosos monolitos de arenisca roja que marcan el límite septentrional del Parque Nacional de Natural Arches. Al fondo, majestuosas, se destacaban las montañas La Sal, cubiertas de nieve. El descenso, progresivo pero fulgurante, se realiza por el mismo camino.
Las sensaciones sobre la Blur no pudieron ser mejores: en la subida se mostró muy ligera, eficiente y capaz de acelerar con brillantez para acometer las secciones más técnicas. En el descenso, parecía flotar sobre los obstáculos con gran estabilidad y seguridad.
Los únicos -y humillantes- moratones del día se debieron al mal ajuste de mis zapatillas recién compradas sobre los pedales automáticos. El problema quedó solucionado tras recortar parte de la goma de la suela. De este modo, dejé de protagonizar unas caídas en parado, bastante poco elegantes, y que desataban una hilaridad incontrolable entre quienes las contemplaban, comenzando por Laura.
| Barlett Wash, donde no hay caminos |
En el segundo día, decidimos ir a Hidden Canyon, un recorrido remoto, poco frecuentado y, como su nombre sugiere, difícil de localizar. Efectivamente, no fuimos capaces de acertar con el inicio del sendero y, tras varias horas de un bonito pero agotador campo a través por ramblas y cañones del desierto, decidimos desistir y acudir a Barlett Wash, una zona de 'slickrock' no muy distante de allí.
Iniciamos el recorrido por Barlett Wash a primera hora de la tarde, cuando los rayos oblicuos del sol comienzan a sacar los colores más bellos de la arenisca cárdena.
En Barlett Wash no hay camino definido: cada uno debe navegar por la roca desnuda como mejor sepa y pueda. Tubos, ondulaciones, toboganes y escalones naturales hacen de esta zona un auténtico parque de atracciones para la bicicleta de montaña. La roca erosionada ha adoptado formas caprichosas sobre las que la excelente tracción de la arenisca permite maniobras escalofriantes: subidas, bajadas, saltos... Incluso tomar curvas al estilo velódromo, aprovechando la fuerza centrífuga para atravesar pendientes muy pronunciadas.
En pocos lugares como aquí se siente de forma tan intensa la libertad y el placer puro de montar en bicicleta. El paisaje, esculpido por los elementos y pintado con fantasía en tonos malvas y rojizos, es sobrecogedor y de gran belleza.
A los españoles nos va mucho esto de la exploración, así que decidimos hacer acampada libre cerca de allí para, al día siguiente, proseguir la búsqueda del elusivo Hidden Canyon.
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Autor: Manuel Maqueda
Fecha de publicación: Mayo de 2003
Fotografías: Laura y Manuel
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