Descripción:
Esta ruta traza aproximadamente un triángulo cuyos
dos vértices inferiores son Pela y la presa de Puerto Peña.
Primero se avanza en dirección Este, luego en dirección Noroeste
y por último baja hacia el Sudoeste. No presenta excesivas dificultades
salvo en los kilómetros que preceden y que siguen a Valdecaballeros;
no se precisa por tanto excesiva práctica sobre la bici para
realizarla.
Sí hay que tener en cuenta, a la hora de aprovisionarse,
que a menos que nos desviemos del recorrido el único núcleo
habitado que vamos a cruzar será Valdecaballeros.
DÍA 1.
Km. 0: Salimos de Pela
en dirección a Casas de don Pedro.
Enseguida nos damos cuenta de que va a ser un día duro, pues el viento
Este que sopla lo vamos a tener de cara todo el camino. Una cuestecita como
aperitivo a la salida del pueblo nos enseña que hay algo peor que
las cuestas: las cuestas con viento.
Km. 4: Tomamos
la carretera del Canal de las Dehesas
hacia la derecha. El que en
lugar de la carretera optemos por la pista del Canal, a pesar de tener más
kilómetros, se debe a que tiene un buen firme, en ella no hay cuestas
y sobre todo porque apenas encuentras coches. Si a ello se le añade
un poco de cuidado para no irse al foso, el placer del viaje está
asegurado.
Km. 8: Atención
porque aquí el Canal se bifurca. Debemos coger el ramal de la
derecha, que nos llevará hasta
Puerto Peña. De hacer lo contrario
llegaríamos a Pela antes de lo previsto. Durante todo este tramo vamos
bordeando el embalse de Orellana.
Km. 20: Siguiendo el
Canal, cruzamos la carretera Casas de don
Pedro-Talarrubias. El viento continúa dándonos de
frente; eso reduce mucho la marcha y encrespa los ánimos.
Km. 34: Puerto Peña
(por fin): Para subir a lo alto de la presa hay que salir a la
N 430 que discurre a nuestra izquierda,
pero antes queremos ver la salida del Canal. Allí se siente uno muy
pequeño. Enfrente y arriba, en los peñascos, planea el buitre
negro. Como la jornada ha sido dura, hemos acabado con las reservas de agua.
En la presa no vemos forma de conseguirla, y para llegar a Valdecaballeros
es ya muy tarde...
La suerte guía nuestros pasos: pocos kilómetros
llevamos andados cuando encontramos a la izquierda, sobre la misma carretera,
una fuente de un agua fina fina, riquísima. Las personas que están
cogiendo agua nos cuelan. Ya podemos buscar un sitio para pasar la noche.
Km. 41: Acampada y
fonda. Nos internamos como quinientos metros en una plantación de
eucaliptos. Buscando un sitio para la tienda espantamos una manada de ciervos.
Tenemos agua, sopa y cobijo.
¿Qué más se puede pedir?
DÍA 2.
Hoy no hace viento, pero como hemos acampado en una vega,
nos desayunamos con unas hermosas cuestas. En una de ellas protagonizo un
sprint detrás de unas ovejas que se le han descarriado a un pastor.
El firme de esta carretera es anormalmente grueso y
además sin un solo bache. Se me ocurre que debe tener alguna
relación con la presa o con la nuclear.
Siguen las cuestas hasta que se llega a un alto y a partir
de aquí todo es bajar y llanear. Bordeamos el embalse
que por esas fechas -mayo- estaba francamente seco.
Contorneamos la impresionante Sierra de las Barbas
de Oro y la discoteca La Carpa
nos anuncia que estamos ya en el pueblo.
Km. 54: Valdecaballeros.
Por todos sitios se ven rastros del monocultivo nuclear
que iba a ser y que no fue: el Ayuntamiento y la plaza nuevos, la
urbanización del personal técnico con sus pistas de tenis y
sus piscinas, los hostales y restaurantes cerrados... Cual pueblo del Oeste
tras la fiebre del oro.
Km. 61: Cruce de la
C.N.V. La carretera, que desde el pueblo
hasta aquí ha sido una maravilla, reduce su ancho a la mitad y se
convierte en un camino de cabras. A la derecha se ven las cúpulas
de hormigón del monstruo cuyo sueño estamos pagando entre todos
al módico precio del 3,54 por ciento del recibo de la luz durante
sólo veinticinco años. No por ello está parado: un zumbido
indica que la compañía eléctrica lo usa como emisor-receptor
para las líneas de alta tensión.
No puedo evitar el pensar en otro sitio distante sólo
pocos kilómetros: Anchuras. Hace
años, cuando el nombre de Valdecaballeros, contaminado de siniestras
resonancias, se oía continuamente, yo, que no conocía la zona,
la imaginaba pobre, desolada, cuatro canchales sin rastro de vegetación.
Ahora que veo las encinas y la flor de jara, la infinita belleza de este
paisaje, pienso en que al fin y al cabo la comparación con el Lejano
Oeste no va tan descaminada: para los centros de poder, para el Hombre Blanco
que vive en las ciudades, este es un sitio vacío, habitado por nadie.
Se puede disponer de él libremente y es normal por tanto colocar
aquí las nucleares y los campos de tiro. Criminal lógica la
de llevar la mierda lejos de casa y luego decir que no es peligrosa.
Digresiones aparte, hay a partir de aquí
una serie de repechos duros, pues en un kilómetro subimos más
de 80 metros. En los siguientes kilómetros subiremos 90 metros más.
No sólo la carretera es antigua: señales de tráfico
de hace por lo menos treinta años muestran el tiempo detenido.
Km. 71: Cruce con la
CC-711 y provincia de Cáceres.
Aquí la ruta es hacia la
izquierda, pero hacemos pausa para comer
con el pueblo de Cañamero y las Villuercas como telón de
fondo.
Proseguimos camino. La carretera, ahora muy buena, va
cresteando lomas antes de hacer un descenso vertiginoso. Como el día
está claro, vemos toda la Sierra de
Guadalupe, la de
Montánchez e incluso la
Sierra de la Mosca, junto a
Cáceres capital.
Km. 83: Cruce hacia
Logrosán. Desde el Km. 71 hemos
bajado de la cota 630 a la 400, y llegaremos a la cota 300 en las proximidades
de Obando.
Km. 85:Cruzamos el ya conocido Canal
de las Dehesas. A partir de aquí, si es invierno, tendremos
la posibilidad de observar cientos de grullas que tienen sus comederos en
medio de los encinares.
Km. 94: Cruzamos de
nuevo el límite con la provincia de Badajoz.
Km. 102:
Obando. Nos entretenemos en este pequeño pueblo
de colonización. Luego cogemos la N-430 a la izquierda.
Km. 107: Pela. ¡Fin
de etapa!