Descripción:
Este recorrido no
es precisamente el ideal para quien no tenga una cierta experiencia en bicicleta,
pues aunque no es muy largo las pronunciadas subidas y bajadas hacen de él
un auténtico rompepiernas. Sirva de ejemplo indicativo el decir que
durante el trayecto quien esto escribe por primera vez tuvo que recurrir
al deshonroso recurso de apearse de la bici en plena cuesta...
Los motivos para haberla seleccionado en primer lugar han
sido otros: la belleza y el
aislamiento de la zona. El recorrido
transcurre por entre los límites de las provincias de Cáceres,
Toledo, Ciudad Real y Badajoz, y durante este hemos visto nutrias, nos hemos
cruzado con ciervos y oído su berrea. Y en cuanto al tráfico,
desde Puerto Rey a Helechosa apenas si nos hemos cruzado con una docena de
coches; sin embargo, unos cuantos de ellos, 4x4 matrícula de Madrid,
nos muestran lo que algunos entienden por
turismo
ecológico.
Un aspecto importante a tener en cuenta es que mientras
no cambie la actual situación de sequía, sólo es posible
encontrar agua en los pueblos, por lo
que hay que llevar encima toda la que se vaya a necesitar.
DÍA
1.
Km. 0:
El recorrido comienza el la localidad toledana de
Puerto Rey, en la raya de Extremadura.
Dejamos ahí el vehículo en que hemos transportado las bicicletas
y tomamos por la pequeña carretera que lleva al poblado de
Cijara. Todo el recorrido es una larga cuesta
abajo entre eucaliptos.
Km. 7: Cijara.
La carretera bordea el poblado. Después sigue la
orilla del pantano y cruza por un puente de una altura impresionante debajo
del cual sólo hay aire y tierra: el nivel del agua está tan
bajo que toda esta zona está seca.
A partir de aquí encontramos los primeros repechos
que hacen la marcha más lenta y más dura. Es paisaje de ondulados
encinares.
Km. 24:
Es el cruce de Gamonoso
(en el mapa dice Gamonero). El pequeño pueblo está
en un alto y no hay ánimos para llegar hasta él.
Aumentan ahora las subidas y bajadas que poco a poco van
minando las fuerzas y la moral del cicloturista. La carretera asciende y
transcurre durante varios kilómetros por la loma de un monte entre
jaras. Desde allí se ve
la sierra de Altamira, la comarca
de La Jara, Anchuras...
Km.39:
Cruce Anchuras/ Horcajo/ Navahermosa. Torcemos en
dirección Horcajo. A lo largo
de la carretera y en los muros de una casa derruida hemos ido viendo pintadas
que recuerdan la lucha contra el campo de tiro. De aquí hasta el río
es casi todo cuesta abajo.
Km. 45: Río
Estena. Lo de río es una forma
de hablar, porque aunque tiene que haber sido caudaloso no lleva maldita
gota de agua. Acampamos. El silencio es total. Impresiona no oír,
ni por la noche ni por la mañana, motores de coches en la
lejanía.
DÍA
2.
Si se sale por la mañana del río Estena,
es conveniente hacer algo de calentamiento antes, porque los dos kilómetros
de subida que hay a partir del puente se llevan la palma de todo el recorrido.
Al llegar arriba se encuentra uno en una especie de meseta desde donde la
vista es increíble. A lo lejos se ven las
Villuercas. Ciudad Real está a sólo 95
kilómetros.
Km. 49:
Cruce Horcajo/Bohonal. Torcemos a la derecha
dirección Bohonal. Aparece en
el mapa como carretera sin asfaltar, pero de hecho sí tiene
asfalto. Se llanea entre olivares y luego hay una vertiginosa bajada hasta
el pueblo.
Km. 57:
Bohonal,180 vecinos censados, tiene la
peculiaridad de que la iglesia no está en el centro del pueblo sino
aislada en un cerro. Llama la atención el campanario de ladrillo y
arcos mudéjares y el buen talante de sus vecinos.
A la salida de Bohonal y, para variar, otra cuesta de dos
kilómetros. Entramos en la Reserva de
Cijara. Aquí casi todo es pino de repoblación
y como consecuencia con grave riesgo de incendio, como muestra el retén
de bomberos en lo alto del puerto.
Km. 64:
Cruce Helechosa/Villarta. La carretera
a Helechosa sigue sin venir en muchos
mapas, y de hecho en el cruce no hay cartel indicador para Helechosa, que
es a la derecha. Aquí escuchamos
por primera vez la berrea de setiembre de los ciervos. Acometemos la que
será la última subida fuerte del viaje. Sin embargo, la vista
desde arriba es, una vez más, excepcional.
Si hay algo envidiable en la bicicleta es que entras de
puntillas en el paisaje. Al no hacer apenas ruido, puedes oír y te
puedes aproximar a animales que de otro modo no verías: en la bajada
y a tres metros de una de las bicicletas se cruzó un maravilloso ejemplar
de ciervo joven, sin que por fortuna hubiera que lamentar víctimas.
Km. 78: Helechosa de los Montes.
Llegando al pueblo nos impresionó, al cruzar
el Guadiana, ver el río completamente cortado. Una cosa es pensar
en la sequía en abstracto y otra diferente darte una vuelta y ver
cómo está todo. Según el mapa, Helechosa es un pueblo
ribereño del pantano, pero en realidad lo que allí se extiende
es un baldío desierto.
Decidimos montarnos un bien merecido pic-nic a la sombra
del depósito de agua. Junto a él mana una fuente de la que
cogemos agua. No bien hemos empezado a comer cuando llega un camión-cuba
con el que nos hemos cruzado un par de veces en la mañana. El chaval
que lo conduce nos cuenta que lleva tres viajes de agua diarios -36.000 litros-
a Bohonal desde hace un año porque el pueblo no tiene nada.
El lugar se revela fructífero: no bien se ha ido
el camionero cuando aparece una pareja de cicloturistas extranjeros que van
de Ávila para Granada (!). Hoy han salido de Guadalupe y sólo
llevan hechos 63 kilómetros.
Km. 93: Presa de
Cijara.De Helechosa hasta aquí la
carretera ha sido relativamente llana y recién asfaltada, si bien
hay más tráfico. Desde el muro comprobamos la existencia de
algunos peces muertos y el color sospechosamente oscuro de las aguas. Y es
que Cijara es ahora un lago. Un lago cuyas aguas se eutrofizan
peligrosamente.
Salimos en dirección Puerto
Rey, esta vez por la N 502.
Aunque hay una fuete rampa al principio, se hace llevadera por el
buen firme del arcén. Aquí el tráfico es intenso, sobre
todo si es fin de semana.
Km. 104: Puerto
Rey.Fin de recorrido. A modo de recompensa
y como en todos los pueblos que hemos cruzado, el ambiente humano es muy
agradable. Aprovechamos para comprar
miel de espliego que resultó
estar buenísima.