Hace ya más de 10 años que no se saca ni un solo kilo de Wolframio de las minas de San Finx en el concello de Lousame (La Coruña), pero la zona minera sigue teniendo todo su encanto y es lo que vamos a descubrir en esta ruta para bicicleta de montaña.
Salimos del corazón del ayuntamiento, en el Bar Lousame, en Aldeagrande. De lo primero que debemos ser conscientes es que vamos a ver mucho asfalto por esta ruta y -en general- cualquiera que se haga en Galicia, debido a las concentraciones parcelarias que han tenido lugar en esta zona, y que ha provocado que la mayoría de las pistas sean de mucho servicio y por tanto se acaben asfaltando. Eso sí, los descensos intentaremos no perdonarlos y bajarlos siempre entre piedras…
La carretera de la Iglesia de Seoane nos sirve de salida para la ruta, en una agónica subida de más de 1 km, que en algunos puntos supera el 20% de desnivel. Siguiendo por la pista asfaltada pronto coronamos el alto de Marselle donde podemos divisar unas bonitas vistas de la Ría de Noia y Muros.
Tras la ascensión, el camino comienza a llanear levemente, para llevarnos por una senda que nos conduce directamente a las minas de San Finx, pero un poco antes, nos encontramos con un cruce confluyen 4 pistas asfaltadas. Allí hay -además- un camino de tierra que tiene una señal que pone "BTT". Lo tomamos e iniciamos la ascensión. Vamos en busca de la primera sorpresa de la ruta de hoy.
Comenzamos poco a poco una empinada pista de tierra en diverso estado según los tramos, que nos acerca a un interesante parque eólico propiedad de Endesa. Además de poder ver los impresionantes aerogeneradores -si no se ha estado al lado de uno no se sabe lo que impresionan- podemos disfrutar de una panorámica de 360º donde se nos muestra la ría de Noia por el Oeste y la suave cresta montañosa de A Muralla por el Este. Al Sur se puede divisar a lo lejos de nuevo el mar. Se trata de la maravillosa ría de Villagarcía que muestra las bateas de cultivo de mejillón.
Tras el consiguiente descanso, procedemos a continuar por donde indican los carteles de "BTT" que encontramos a la subida. Comenzamos ahora una bajada bastante peligrosa en invierno, por lo resbaladiza que se encuentra. Las cortezas mojadas de los eucaliptos, las piedras con musgo y las raíces completamente mojadas hacen del camino una auténtica trampa para la bici, pero es totalmente ciclable gracias a que no tiene demasiada pendiente. Un buen rato de diversión que complementa el descanso que hemos tenido arriba. En el invierno extremadamente húmedo, la bajada puede acentuar que nos quedemos frios... El descenso nos sitúa de nuevo en la pista de asfalto que veníamos subiendo pero algo más hacia el sur. Justo en la minúscula aldea de Vilas.