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    Amigosdelciclismo.com > Rutas > Galicia > San Finx > 3/3

Por las tierras de San Finx

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El auténtico abuelo de la aldea
La ruta sigue. Hemos visitado las minas, y ahora nos disponemos a volver a recrear los ojos con las bonitas vistas de la ría de Muros y Noia (que es la misma), así que volvemos a la pista principal, donde la dejamos después del cortafuegos y ahora giramos a la izquierda, hacia arriba, hasta llegar al pueblo de Silvarredonda. Otra aldea que es un espejismo de lo que fue en tiempos pasados. Ahora la ganadería y la agricultura de subsistencia son las únicas formas de vida. En la aldea hay una panadería (sin cartel) que puede vendernos un bollo que nos puede servir como base de unos reparadores bocadillos de media mañana para redondear la jornada turística.

Al salir a la pista más ancha, tras atravesar el pueblo, giramos a la izquierda, y pasamos por la aldea de Forxán, que no son ni una más de media docena de casas. Seguimos de frente, y llegamos al cruce de cuatro caminos que nos encontramos al principio de la ruta donde fuimos a visitar los aerogeneradores. Ahora giramos a la izquierda, y tras unos 20 metros de carretera vemos un camino de tierra que sube endemoniadamente hacia un monte. ¡Otra vez plato pequeño y a por él! La habilidad y la geometría de nuestra bici serán el juez que diga si se puede subir a cero o no. En este caso volvió a haber suerte y llegamos arriba sin poner ningún pie. Cuando la pista deja de ascender, es conveniente bajarse de la bici y pisar la empapada hierba hacia donde divisamos el mar, para asomarnos a un balcón natural donde divisar toda la ría, que deja ver Noia, Muros, Esteiro y -si el día es claro- hasta Porto do Son, en la otra punta.

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Turismo y BTT en la misma jornada
La bajada del camino no presenta grandes complicaciones, pero -como siempre en Galicia y en invierno- conviene tomársela con calma y con precaución porque los resbalones están a la orden del día. Una piedra, una corteza de árbol o una raíz mojada nos pueden llevar al suelo en una milésima de segundo con una caída bastante violenta, que -en caso de ir rápido- puede tener pésimas consecuencias.

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Mar y montaña
Tras la bajada llegamos a una pista asfaltada de nuevo, que es la primera de todas, la que tomamos inicialmente para subir al monte de Marselle. Comenzamos la bajada por asfalto, pero prestando mucha atención, porque pronto vamos a comenzar una bonita bajada por el monte. Tras pasar un cruce que pone "Afeosa" que es una aldea que dejamos a la izquierda pronto debemos detenernos porque a la izquierda sale un cortafuegos por debajo de una línea de alta tensión. Ese será nuestro camino de vuelta a casa. Una vez más (y ya perdimos la cuenta) deberemos bajar un poco el sillín si no queremos vernos involucrados en problemas. Esta vez la pendiente se alía con las piedras sueltas y el terreno resbaladizo, así que debemos extremar la precaución una vez más. Además debemos sumar el hecho de que con el rabillo del ojo derecho debemos ir mirando a donde veamos un cruce no muy visible que sale a mano derecha. Si miramos el cortafuegos de frente, vemos que nos va a dejar en un pequeño embalse de agua que había en las instalaciones de la mina, pero ese embalse ha anegado todos los caminos que lo circundan, así que mejor será no pasarse el cruce porque de lo contrario habrá que trepar de nuevo hasta encontrarlo. A mano derecha sale el camino que empieza a ponerse divertido. Raíces y piedras se suceden en una larga bajada entre pinos y eucaliptos en un camino estrecho y lleno de curvas que harán las delicias de los más entusiastas de esto de "apurar cuesta abajo". Este camino desemboca en otro más ancho que tomaremos con alegría y nos permitirá disfrutar mucho más de la bajada. Los pinos y eucaliptos han cambiado por carballos (robles) que dejan paso al bosque autóctono gallego en todo su esplendor.

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Un espectador en el camino
Ya cuando nuestros antebrazos comienzan a decir que va siendo hora de subir otro poco…la bajada se termina y comienza una leve subida que nos deja en un cruce con una carretera de asfalto. Si la tomamos a la izquierda llegaremos al Bar "Lousame" de donde salimos y si la tomamos a la derecha también, pero antes visitaremos la llamativa "casa de la escuela" restaurada por el Obradoiro de Artes y Oficios de la comarca. La casa de la escuela era un edificio de la antigua escuela del pueblo, donde habían estudiado los niños de la aldea durante generaciones, que con la entrada de los nuevos sistemas educativos se vio abocada al abandono, y finalmente fue rescatada y restaurada para hacer un centro de jubilados que -además- posee unas bonitas vistas de la aldea de Lousame.

Una bajada vertiginosa por la pista nos deja en el Bar Lousame de nuevo.

En definitiva, una bonita jornada de turismo llena de sorpresas por todas partes, mezclando un pasado industrial con un presente agrícola y futuro incierto. Una belleza natural que no siempre se aprecia en su justa medida, ya que por desgracia, esta es una de las zonas más castigadas por los incendios forestales.

El cura de Fruime
No queremos dejar pasar esta ruta sin saber un poco más de D. Antonio Cernadas de Castro, "el cura de Fruime", que lo fué durante 45 años de aquella aldea en la que los villancicos sonaban para los árboles. Cernadas vivió entre 1.702 y 1.777 fué el más fecundo poeta gallego del siglo XVIII, que recogió en siete volúmenes bajo el título "Obras en prosa y verso del cura de Fruime" toda una vida dedicada a la cultura y la sociedad. Fué el primer precursor del galleguismo que sería impulsado definitivamente por los políticos y literatos románticos del XIX y que -a su vez- fué el embrión del actual nacionalismo.

Una placa conmemora el 200 aniversario de su muerte en el colegio público de Lousame, que lleva -orgulloso- su nombre.

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Amigosdelciclismo.com/JF
Fecha de publicación: Enero 2005


 
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