Sí te gusta el ciclismo de montaña "de verdad", los viajes auténticos, la aventura, buscarte la vida sin más
historias que tú y tú bicicleta, realiza este viaje, seguro que no te dejará impasible.
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La Vía de la Plata en bicicleta de montaña
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La civilización romana fue una de las más importantes de todas las que han pasado por la península ibérica dejando
en ella su profunda huella. Fueron los primeros en trazar y construir carreteras -calzadas -. Estos caminos en
muchos casos han perdurado hasta nuestros días y más que las calzadas en sí han perdurado los itinerarios que
sabiamente fueron trazados y que con posterioridad han venido siendo utilizados hasta hoy día.
Una de las vías más importantes, por motivos estratégicos, por constituir un eje de comunicaciones, etc., fue y es la que discurre entre las ciudades de
Mérida (Cáceres) y Astorga (León), a la que sus creadores denominaron "Iter ab Emérita Asturicam".
El nombre actual (Vía de la Plata) deriva seguramente del vocablo árabe "balath", que significa camino enlosado. En el medievo la vía comienza a tomar gran relevancia como camino de peregrinos que accedían a Santiago de Compostela
desde el sur y desde entonces también es llamada Camino del Sur a Santiago. Como vía de trashumancia ha sido en otros
tiempos muy importante, conservando hoy día este carácter. En la actualidad muchas asociaciones se preocupan
de conservar y defender la identidad de esta importantísima vía de comunicación histórica, señalizándola y
promocionándola para todo aquel que quiera vivir este trozo de España.
El trazado recorre las provincias de Badajoz, Cáceres,
Salamanca, Zamora y León, tocando ciudades como Mérida,
Cáceres, Salamanca, Zamora, Benavente ó Astorga, todas ellas
con suficientes encantos como para hacer del aspecto cultural
un punto importante del viaje. La arquitectura romana es aún
abundante y en el camino encontraremos miliarios, puentes,
arcos, pavimento, etc., y en todos los pueblos hallaremos bonitas
iglesias de muy similares características.
Por todo lo anteriormente citado, se nos presentaba como un
recorrido lo suficientemente interesante como para afrontarlo. Deporte, cultura, aventura y viaje serían los ingredientes. Nuestra filosofía era clara, nada de apoyo extra, planificación la justa y seguir lo más fielmente el camino.
Así, el que suscribe, junto con Juan Antonio y Martín decidimos un día recorrerlo y a continuación os narro
nuestras intensas vivencias.
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Lunes 24 de mayo. Etapa entre dos históricas
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Son las 11.20h cuando junto a la plaza de toros de Mérida comienza nuestro pedaleo. Nos despedimos de esta romana ciudad y tras las primeras pedaladas damos con el camino correcto que nos llevará a nuestra primera sorpresa del viaje, el
embalse de Proserpina. El muro de la presa es romano, de bloques de piedra, una maravilla de la ingeniería
romana. Una vez admirada esta obra, comenzamos a buscar ansiosamente las flechas amarillas que supuestamente
nos deben llevar a nuestro destino según todas las reseñas; nuestro objetivo era claro, seguir el camino indicado
por las flechas, en cuanto las vimos adentrarse en el campo las seguimos.
En los primeros kilómetros el terreno resulta algo arenoso, lo que no facilita la conducción, pero la ilusión del
comienzo de la ruta lo arregla todo, el primer pueblo del camino nos recibe, se trata de El Carrascalejo. Tras pasar
por Aljucén y salir a la N-630, la abandonamos enseguida y entramos en el primer tramo interesante. El camino bien
señalizado nos lleva hasta Alcuescar atravesando una dehesa y una vasta planicie por un carril que invita a mover
desarrollo. Con una buena ración de calor llegamos a Alcuescar donde decidimos parar a comer. Una vez repuestas
las fuerzas tomamos un divertido camino que nos llevará hasta Casas de Don Antonio; justo antes de llegar
tendremos el primer contratiempo del viaje, las bromas con los botes de agua en marcha harán que acabe con mis
huesos en el suelo. Una vez repuestos del susto y comprobar que no hay daños físicos (sólo una fuerte contusión) ni
mecánicos, reemprendemos la marcha. Al entrar en Casas pasamos un puente romano y ahora el camino va
paralelo a la N-630, encontramos el primer mililiario; se trata de
grandes piedras cilíndricas dispuestas en posición vertical y que
se usaban como auténticos mojones kilométricos a través de la
calzada. Pasaremos otro puente romano y cruzamos al otro lado
de la nacional. Camino de Valdesalor alcanzamos enormes
rebaños de ovejas que dan ambiente a la cañada y tras cruzar
otro puente entramos en dicha localidad. La temperatura a la sombra
es de 37 grados y decidimos refrescarnos con algunos litros
de Coca-Cola. Una vez superado el pequeño puertecillo de las
Camellas descendemos hasta Cáceres donde repararemos
fuerzas para el día siguiente. Por cierto no dejéis de visitar el
casco antiguo, una maravilla.
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Martes 25 de mayo. Viva la aventura
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El antinflamatorio que tomé anoche ha cumplido su cometido y no me resiento del golpe de ayer. Partimos de
Cáceres, junto a la plaza de toros, por la carretera que nos lleva a Casar de Cáceres. El día promete volver a
regalarnos calor. En Casar nos avituallamos para el resto del día y tomamos el camino que nos llevará hasta el
embalse de Alcántara, para salvar el embalse no tendremos otra opción que utilizar la N-630. Una vez llegados al
Hostal Miraltajo retomamos enfrente el camino que nos recibe con una imponente subida de piedras sueltas. Al
culminar se produce la primera avería del viaje, un tornillo de la cala de mi zapatilla derecha ha desaparecido, ante
la imposibilidad de seguir pedaleando con normalidad decidimos intentar solucionarlo en Cañaveral que, aunque
lejos, ya se ve en el horizonte.
Llegamos al pueblo a la hora de la comida y una reparadora sombra en el porche de un bar nos sirve de cobijo ante
el implacable sol que cae en esos momentos, los cuales aprovechamos para dar cuenta de las habituales Cocas.
Con la ayuda de un amable mecánico del taller local, acoplamos un tornillo que cumplirá a la perfección su
cometido en el resto del viaje. Partimos hacia el puerto de los Castaños al que llegamos después de subir un
impresionante cortafuegos y un empinado y técnico sendero.
A partir de aquí nos quedaba uno de los tramos más bonitos y duros del viaje. Atravesamos preciosas dehesas hasta
las proximidades de Galisteo, donde el mejor camino será un serpenteante y pedregoso senderillo. Además una
cogida del transportín de Martín se rompe y lo solucionamos con unas correíllas como mejor podemos. El calor
aprieta de lo lindo, se agota el agua. No obstante entramos en Galisteo con una enorme (y sudorosa) sonrisa. En
el pueblo, después de dar varias vueltas buscando alojamiento, acabamos con nuestros huesos en el Albergue "Ruta
de la Plata", que consta de dos literas y una ducha de agua fría. A nosotros nos supo a gloria después del día
pasado.
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Miércoles 26 de mayo. Entrada en Castilla
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Salimos por carretera en dirección a Carcaboso. Rebasamos el pueblo y atravesando canales de riego nos vamos
adentrando en una dehesa que según todas las referencias de que disponemos nos espera con innumerables muros
que saltar. Nosotros por suerte nos despistamos justo antes del primero de estos muros y nos encontramos con
unos campesinos que nos indicaron el camino que hay que tomar para sortear los muros (hay flechas amarillas) , una
vez superada esta dehesa por un casi imperceptible sendero ó campo a través, salimos a una carretera que
cruzamos y llegamos a Venta Quemada donde repostamos agua. Ahora una amplísima cañada se abre ante
nosotros hasta llevarnos al arco romano de Cáparra.
El camino va confluyendo a la N-630, la cruzamos bajo un puente sobre un arroyo que aprovechamos para
refrescarnos generosamente. Volvemos a tomar el camino que tras saltar algunos muros y vallas nos lleva a
Aldeanueva del Camino, regalándonos antes unos imponentes barrizales (no nos imaginamos cómo puede estar esto en
invierno). Desde que partimos de Carcaboso es el primer pueblo que tocamos y ya es la hora de la comida, así
que... Ahora nos esperan Baños de Montemayor y Puerto de Béjar con su tramo de calzada rehabilitada que nos hará entrar en calor.
Entramos en Castilla y León (provincia de Salamanca), y el recibimiento no puede ser mejor, un impresionante descenso con tramos de calzada original a través de un precioso bosque nos deja en el puente de La Magdalena que cruza el río Cuerpo de
Hombre. Aparecen varios miliarios en el camino en un tramo muy agradable. Llegamos a Calzada de Béjar y no
encontramos alojamiento, nos indican que en Horcajo de Montemayor encontraremos algo y allí nos dirigimos por
otra carretera que parecía particular para nosotros. Este pueblo será más tranquilo si cabe y el alojamiento será un
curioso lugar que lo acapara todo: supermercado, bar, restaurante, correduría de seguros, habitaciones,
discoteca, etc. Allí fuimos agasajados con la amabilidad de esta familia que nos atendió muy cariñosamente.